¿Ganancias y parientes?

No son excluyentes, siempre que lo primero prevalezca sobre lo segundo. En México todavía sobran c
Gabriela Ruiz

En 1920 isidro López y sus dos hermanos fundaron la fábrica de artículos y metal laminado del mismo nombre. Desde entonces la familia se dedicó a reinvertir y fortalecerse.

- El último trimestre del año pasado Grupo Industrial Saltillo (GISSA), del hijo del fundador, reportó ganancias por $175 millones de dólares e ingresos antes de intereses, impuestos, depreciación y amortizaciones (EBITDA) 27% superiores al mismo trimestre del año anterior.

- Pocos mexicanos han logrado éxito como ellos, aunque muchos hubieran querido expandir el mismo negocio de sus antepasados. La causa: falta de información, decisiones viscerales y demasiado cariño a la familia y amigos, más que ausencia de oportunidades.

- Las expresiones “y hermanos” o “e hijos” ya no suelen formar parte de los carteles de las empresas, aunque abundan las que aún albergan frondosos árboles genealógicos.

- Pero el apellido de los propietarios o fundadores no es la diferencia entre una firma familiar y una institucional. Ese es el primer mito a derribar en un debate en el que no hay categorías tajantes.

- Lo familiar no implica necesariamente que una compañía sea poco profesional. Muchas de las organizaciones que cotizan en la Bolsa, como Televisa, Grupo Carso, Bimbo, Vitro y Desc tienen un árbol genealógico interno, aunque han optado por el mercado de capitales y la institucionalización.

- Lo esencial es que la gestión  anteponga el futuro de la organización a las relaciones personales. A su vez, “esto no equivale a que todos los negocios que cotizan en la Bolsa sean institucionales”, matiza Enrique Taracena, profesor del área de Política de Empresa en el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE). Contrario a lo que se piensa, cualquier negocio familiar puede institucionalizarse sin necesidad de ser público.

- Un segundo mito es la creencia de que un patriarca con una buena idea lucrativa no llegará muy lejos. Las ventajas: el dueño conoce todas las áreas del negocio. Los riesgos: a medida que crece surgen dos tipos de crisis, según Juan Manuel Ferrón, socio de PricewaterhouseCoopers.

- Una se desata cuando el accionista visionario pierde el control y no recurre a la ayuda de profesionales independientes a la familia. Otra, cuando ya entrado en años, enfrenta el problema de la sucesión.

- La familia Laposse, dueña de los dulces que detentan el nombre de la familia y de las panaderías El Globo, tuvo la visión de contratar a Enrique Lavalle como director general. Éste no tenía ningún lazo familiar con los dueños. La pastelería se convirtió en un negocio atractivo que luego se vendió a Carlos Slim. Hoy, en manos del Grupo Carso, cuenta con más de 100 tiendas en el país.

- Algunos de los grandes consorcios antes mencionados aún no tienen robustos gobiernos corporativos. Personajes como Ricardo Salinas Pliego son vivo ejemplo de que los intereses del accionista minoritario están lejos de ser prioridad.

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- Una causa de este desinterés por el inversionista es que el grueso del capital está en pocas manos. Apenas hay unas 160 empresas públicas y varias han ingresado a la Bolsa para soltar menos del 10% del paquete accionario.

- “Ciertos empresarios se están dando cuenta ahora de que hasta con 51% de los títulos conservan el poder; no hace falta detentar 90%”, advierte Santiago Carniado, director de Calificaciones Corporativas en Standard & Poor’s.

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