¿Hay un doctor en la selva?

Se construyen centros de salud en comunidades apartadas. Ahora hace falta un médico.
Gabriela Ruiz

A dos horas del puerto de Veracruz se ubica El Salto, remota colectividad agrícola, en la región de la Mixtequilla. Para llegar hay que manejar por una telaraña de caminos mal remendados, rodeados por una densa vegetación tropical.

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Los habitantes se refugian del sol en cabañas de concreto. Son hogares que no cuentan con las comodidades que la vida moderna nos permite dar por sentadas: agua corriente, inodoros, teléfonos, refrigeradores… La bonanza de Veracruz –líder nacional en petroquímica básica y producción de energía eléctrica– no ha llegado aquí.

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La vida en peligro
Por el tipo de entorno, la comida se echa a perder rápidamente: no son raras las infecciones en vías urinarias y problemas gastrointestinales. La humedad provoca micosis y enfermedades de las vías respiratorias.

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Anteriormente, los habitantes de las comunidades de la Mixtequilla tenían que caminar dos o más horas para recibir atención médica. Hacer el trayecto enfermo, bajo los rayos del sol, con humedad y calor, seguramente no ayuda a mejorar la salud de nadie. Además de las carencias, el clima y el tipo de actividades que desempeñan exponen a los habitantes de El Salto a una serie de riesgos. “Como la gente se dedica a la agricultura tenía que atender frecuentemente heridas –narra el doctor Isidro Santiago Miranda, quien trabajó en la casa de salud de la Mixtequilla–. Una vez un señor tuvo un accidente con un machete y se cortó el dedo.”

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Primeros auxilios
El inmueble El Salto consiste en una casa modesta con los instrumentos necesarios para dar atención primaria a cualquier padecimiento. Una de las ventajas de tener este tipo de centro es la disponibilidad de atención inmediata. Los servicios incluyen desde primeros auxilios a personas que han sufrido algún accidente hasta un papanicolau.

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Miguel Ángel Oliva, gerente regional para asuntos corporativos de Pfizer México y Centroamérica, recuerda: “Justamente cuando estábamos inaugurando esta casa de salud se volcó un camión en el camino, porque venía muy rápido, traía como 1,000 litros de leche. La camioneta se deshizo y el chofer salió ileso, pero el chico que venía al lado del conductor sufrió contusiones que atendimos y curamos en el mismo lugar. Las radiografías y lo demás ya se las hicieron en una clínica.”

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Pfizer, compañía de origen estadounidense, en conjunto con Visión Mundial y gobiernos municipales en México y Centroamérica, se dio a la tarea de construir pequeños centros de salud en zonas aisladas y proveerlos de medicinas. La operación es similar a otras instancias de responsabilidad social empresarial: las autoridades locales o la población participan donando el terreno para la construcción del recinto. La firma multinacional provee materiales de construcción, medicinas, mobiliario y médico. Las comunidades beneficiadas aportan la mano de obra para la construcción y el mantenimiento del centro. Visión Mundial cuenta con camionetas para transportar a los pacientes que requieren mayor atención al hospital más cercano.

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“Si uno de mis niños empieza con estornudos o fiebre lo llevo al centro e inmediatamente le dan algo para que no se convierta en cosa peor”, dice Aurelia Chimeo Reyes, nativa del lugar. Las funciones del centro no se limitan a curar o remediar. Oliva explica que entre las prioridades está crear una cultura de prevención de enfermedades y cuidado de la salud: “Tenemos que llevar un control de los medicamentos muy estricto, porque no se pueden suministrar a diestra y siniestra. La consulta es gratuita y por las medicinas se pide algo simbólico para que no vayan a cada rato sin terminar con los tratamientos. Manejamos tanto la patente de nuestro laboratorio, como de cualquier otro que sea necesario, incluyendo productos genéricos.”

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Médicos sin domicilio
El funcionamiento de los centros tiene sus contratiempos. Uno de los principales es la alta deserción de los galenos. Oliva explica que el aislamiento y la falta de comunicación (no hay teléfonos) es uno de los factores por los que los doctores se van después de unos meses de trabajo. “Para combatir esto les damos un sueldo más atractivo del que les ofrecen las dependencias gubernamentales”, agrega.

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El doctor Santiago explica que abandonó su posición porque recibió una mejor oferta en el puerto de Veracruz. No responde si el sueldo es mejor, pero admite que su tarea en El Salto fue una experiencia gratificante: “Los pacientes eran mucho más agradecidos, apreciaban mucho mi trabajo. Además la gente de las comunidades son muy amigables, me daban de comer todos los días.” Sin embargo, estos elementos no fueron suficientes para retenerlo en su puesto.

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Con el fin de resolver este problema, Oliva cuenta que están trabajando con la Universidad Nacional Autónoma de México para que les asignen médicos generales cada seis meses. “Una vez que logremos que las 20 clínicas en México y las seis de Centroamérica trabajen al 100%, y que las comunidades estén sanas, vamos a evaluar nuevos centros de salud con otras organizaciones no gubernamentales”, afirma.

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El gobierno del estado presume ofrecer una de las más altas coberturas de atención a la salud en el país (1,595 unidades médicas, que representan 8.3% del total nacional, según sus propias fuentes). Sin embargo, el pequeña centro de Mixtequilla atiende a ocho comunidades. Se antoja reflexionar sobre la situación del resto de la república. Los esfuerzos del sector privado para compensar las carencias del público son admirables; sin embargo, son apenas un mero paliativo para aliviar una enfermedad terminal: la pobreza y el rezago.

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