¿Inmunes al fin?

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Alberto Barranco Ch.

Al grito de “para uno que madruga hay otro que no se acuesta”, están empezando a circular, por abajo de las mesas, las tradicionales quinielas sexenales, cuyo punto principal, contra lo que está usted pensando, no es el nombre del hombre o las siglas del partido con el -handicap, sino algo más simple: ¿llegará o no la crisis acostumbrada?

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El caso es que aunque los funcionarios zedillistas, como en su momento los salinistas, los delamadrilistas, los lopezportillistas y los echeverristas, pongan el nombre de todos los próceres –ni modo que el de los santos– en calidad de avales de su -categórica promesa, la mitad del país no les cree... y la otra mitad tiene sus dudas.

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Y no es que de súbito el ambiente se hubiera impregnado de escepticismo, o que hubiese una epidemia capaz de volvernos agoreros del infortunio a todos los mexicanos. Es, simple y llanamente, que la mula no era arisca...

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¿Sería una simple pose el que Echeverría dejara de lado al país y sus rumores enloquecidos, al canto de las sirenas... de la Secretaría General de la ONU, justo en la recta final de su mandato? ¿Sería sólo su carácter bronco quien empujó a Jolopo a pelearse con tirios y troyanos, justo en la recta final de su mandato? ¿Sería simple mala suerte que el - crack de la bolsa llegara justo en la recta final del gobierno del más tranquilo de los tres... es decir, Miguel de La Madrid Hurtado?

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¿Sería que la aparición del fantasma de Luis Donaldo Colosio impidió ver con claridad el suave aterrizaje de México al primer mundo, promovido por el ex presidente Carlos Salinas de Gortari en la recta final de su mandato... y de la macrodevaluación?

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¿Será que la luminosidad del nuevo tlatoani vuelve opaca, agria, difícil, insulsa, compulsiva, conflictiva, la acción final de su antecesor? ¿Será que la borrachera del poder también provoca resaca?

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Lo cierto es que antes de llegar al primer tercio de la actual corrida sexenal, el matador en turno ya había programado el final feliz.

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Por primera vez en la historia de México, voceaban las Extra de los diarios a ocho columnas, un presidente hace públicos sus pronósticos para todo el sexenio. No más sorpresas. No más círculos perversos de la economía. No más convocatorias al sacrificio de los trabajadores. No más crisis del sector externo. No más fuga de capitales.

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México, pues, llegaría al anhelado y temido, paradójicamente, año 2000, sin la opción de otro severo programa de ajuste para ahora sí enderezar la proa.

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Lo cierto, más allá de la recurrencia a todo lo largo y ancho del sexenio del fenómeno Chiapas; de la vuelta a empezar en la privatización de la industria petroquímica secundaria; de la impunidad galopante en la corrupción de los funcionarios públicos; de la falta de emoción frente a los discursos oficiales; de la ausencia de solidez en los planteamientos, y de la ya proverbial incapacidad de los funcionarios públicos...

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...es que la caída en el precio del petróleo desmadejó totalmente al aparato público, al punto de tener que recargarse sobre la pared. Y si el largo retraso en la aprobación del llamado paquete financiero que multiplica la autonomía del Banco de México y vuelve deuda interna el colosal costo del rescate de los bancos, tiene al borde de la histeria al aparato, los brotes de rebeldía de los dinosaurios políticos casi le provocan el desmayo...

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Y por si le faltara algún ingrediente al pastel de dinamita, los pronósticos de las corredurías internacionales hablan, justo, de escenarios recurrentes en la antesala del relevo presidencial: de acuerdo con - The Economist Intelligence Unit, el déficit en la balanza de pagos para el año 2000 llegará a $21,000 millones de dólares ... frente a los $29,000 a que se llegó en 1994, en tanto el déficit en la balanza comercial será de $14,000...

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¿Se acabó el maleficio?

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El autor es columnista de Reforma

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