¿Mini-estatización de la banca?

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Maricarmen Cortés

Uno de los sectores afectados por la devaluación del peso y el incremento en las tasas de interés fue el bancario, lo que de hecho constituye una de las principales preocupaciones de los inversionistas extranjeros.

- Ante la ola de rumores que, desde principios de enero señalan importantes quebrantos en las instituciones crediticias, se anunció que el gobierno instrumentaría un programa de apoyo a los bancos, para que pudieran cumplir con los requisitos mínimos de capitalización de 8%, aceptados internacionalmente.

- Crisis con tres efectos
La banca se vio afectada por la crisis de tres formas: en su posición cambiaria; en el deterioro de su cartera de crédito; y en pérdidas de su cartera de valores por efecto del aumento en las tasas de interés. La repercusión inmediata es que, además de sus pérdidas monetarias cambiarias, las instituciones tuvieron que incrementar sus reservas crediticias por el crecimiento de su cartera vencida, afectando con ello directamente sus utilidades y disminuyendo sus índices de capitalización.

- Además, los bancos tienen contratados con el extranjero líneas crediticias por un monto de $18,000 millones de dólares. Su vencimiento, que se conjunta con el de Tesobonos, fue lo que provocó la desconfianza de los extranjeros, pues preveían la posibilidad de que México no contara con los recursos suficientes para hacer frente a sus obligaciones de corto plazo.

- Para atacar este problema, el gobierno mexicano acudió al de Estados Unidos para tramitar un importante paquete financiero de aval o garantía. Tras jaloneos en el Congreso, la ayuda llegó gracias a una orden ejecutiva. Además, el presidente William Clinton ofreció un incremento a las líneas crediticias por $20,000 millones de dólares. Negoció también un crédito histórico -en total $17,759 millones de dólares- con el Fondo Monetario Internacional (FMI), más una ampliación de $5,000 a $10,000 millones de dólares con el Banco Internacional de Pagos (BIS) y $3,000 millones de dólares adicionales, que serán aportados por los bancos comerciales. Todo ello da un gran total de N$50,759 millones de dólares.

- Por lo que se refiere a los efectos de la devaluación, las pérdidas fueron menores a las esperadas. Según informes de la Comisión Nacional Bancaria, al cierre de diciembre de 1994, el sistema bancario mantuvo una posición larga, de alrededor de $1,000 millones de dólares, y sólo cuatro instituciones, entre ellas Banamex, tenían posición corta. Para ponerlo en cristiano, un banco está en posición larga cuando sus activos en moneda extranjera son superiores a sus pasivos, y en posición corta cuando los pasivos exceden a los activos.

- El rescate de la banca
El apoyo concreto del gobierno para la capitalización de las instituciones es que el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa) adquiera obligaciones subordinadas convertibles en acciones que emitirán los bancos. Estas obligaciones se emitirán en el transcurso del primer trimestre y habrá un plazo de tres años para la reconversión en acciones. Durante dicho periodo, las instituciones crediticias deberán readquirir sus obligaciones.

- En caso de que los bancos no puedan recomprarlas, el Fobaproa procederá a la venta de las acciones a inversionistas extranjeros o nacionales.

- Para la mayoría de las instituciones, acudir al Fobaproa es un recurso de última instancia, y la mayoría confía en convencer a sus propios accionistas de inyectar más capital a los bancos y cumplir así con los requisitos de capitalización, pues no se permitirá que un banco tenga un índice inferior a 8%.

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- Aunque el gobierno se niega a considerar este mecanismo de apoyo como una mini-estatización de la banca, es evidente que a los banqueros no les agrada la idea de que parte de su capital está en manos del Fobaproa. Sin embargo, la medida es positiva para el sistema en su conjunto, porque se garantiza que los bancos seguirán siendo instituciones sólidas, aunque ello implique que el gobierno vuelva a ser socio temporal de las instituciones con problemas.

- La autora es licenciada en Periodismo especializada en temas financieros. Actualmente es columnista del diario Excélsior.

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