¿Puede prevenirse un secuestro?

Hoy en día, los mexicanos se encuentran más preocupados por la seguridad que por la crisis. Ya no
Pablo Viadas

Rodrigo es el epítome del hombre de negocios actual. Es director de su propia empresa y posee un sólido patrimonio. Es todavía joven y basa su éxito en la perseverancia y consistencia en los negocios.

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“Soy esclavo de mis buenos hábitos”, dice. Todos los días, a las siete de la mañana, corre un par de kilómetros y, a las 8:30, después de la ducha, toma un frugal desayuno. Su chofer conduce tan suavemente que su patrón puede tomar un par de tazas de café antes de llegar a su oficina, donde comienza a despachar a las 10 en punto.

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Cualquiera podría poner a tiempo su reloj observando a Rodrigo. Y, en efecto, alguien ya lo había hecho. Una mañana, al conducir el chofer por el camino habitual hacia las oficinas en el capitalino Paseo de la Reforma, tuvo que frenar bruscamente. Un auto se separó de pronto de la banqueta y, a punto de estrellarse, quedó atravesado en mitad de la calle. Daniel, el chofer, ni siquiera notó al otro auto que ya había cortado el paso por atrás. Varios hombres, cubiertos con -pasamontañas y armados con pistolas y metralletas, corrieron hacia ellos. Daniel bajó dócilmente, pero de todas maneras lo hicieron caer de un cachazo al pie del vehículo.

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Rodrigo no supo qué hacer. Rompieron la ventanilla del asiento trasero con la culata de un “cuerno de chivo”, pero el criminal, nervioso, no podía abrir la portezuela. Rodrigo lo tranquilizó, quitó el seguro y abrió la puerta, pero lo tomaron del cabello y, a rastras y golpes, lo condujeron hasta otro vehículo, le vendaron los ojos, lo esposaron y lo hundieron en el piso del asiento trasero.

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Durante cuatro meses, Rodrigo permaneció encerrado en un pequeño cuarto y sometido a una constante tortura psicológica. Finalmente fue liberado, pero ni él ni su familia volvieron a ser los mismos.

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Él, como muchos, pensaba que el secuestro era algo que jamás le podría ocurrir. “Es cosa de suerte y no hay cómo evitarlo”, decía.

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Pero Dan Straneo, ejecutivo de una firma dedicada a la fabricación de autos blindados, asegura que el asunto puede ser muy diferente. “Tomamos un vehículo (de preferencia una camioneta), reforzamos el chasis, le ponemos un motor más potente y lo dotamos de un blindaje ligero. Convertimos el vehículo en un ariete destinado a demoler los autos que cortan el paso al prospecto de víctima. El auto, encarrerándose de atrás hacia adelante, golpea a los otros autos hasta hacerlos a un lado y se puede quitar el bloqueo a la vez que inutiliza a los vehículos de los secuestradores”.

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Esto se hace acompañado de granadas de humo y una sirena potente. El comando de secuestradores, por muy numeroso y bien armado que esté, quedará confundido por el humo y una sirena que no sabe si es de la policía. De abrir fuego, terminarán sus miembros disparándose entre sí. Si se añaden a esto gases lacrimó­genos —mientras se pide auxilio a la policía desde el teléfono del auto—, el asaltado será un blanco difícil.

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Curiosamente, de los 200 autos equipados de esta forma, ninguno se ha visto sometido a prueba. Los secuestradores son precavidos; en cuanto notan vehículos de este estilo eligen otro blanco.

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Pero ni siquiera hace falta un auto blindado. Los expertos policíacos ase­guran que es sorprendente el poco esfuerzo que hay que hacer para evitar ser víctima de secuestros, asaltos y robos. Los delincuentes operan sobre el objetivo más fácil y rentable. Unos cuantos obstáculos bastan para que cambien de blanco.

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El primer paso está en la mente
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La mente debe programarse para no ser una víctima.

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El lector seguramente asigna un presupuesto para salud y asume que debe hacer gastos en doctores y dentistas. De igual forma debe pensar en su seguridad. Un asalto no es sólo cosa de entregar bienes al ladrón: la gente siempre declara que no arriesgaría su vida por unas cuantas pertenencias. Pero la realidad es diferente: muchos criminales actúan bajo el influjo de drogas o alcohol, por lo regular están más nerviosos que el asaltado y pueden disparar o acuchillar.

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Las recomendaciones elementales de no salir solo de noche, de no llevar joyas, ya no son suficientes. Las medidas deben ser más drásticas. Los criminólogos aseguran que en su gran mayoría los delincuentes actúan con premeditación, alevosía y ventaja. En otras palabras, estudian a su objetivo. “Su asal­tan­te ya le conoce y le ha vigilado”, se dice.

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En los casos específicos de secuestro, la víctima ha sido estudiada; sus hábitos y costumbres están bien monitoreados. Esto incluye a sus pertenencias y familiares, el rescate que se puede pedir y la forma de extorsión. La víctima no lo sabe, pero los secuestradores han hecho simulacros en espera del día propicio.

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Un vehículo blindado provisto de granadas de humo y bombas lacrimógenas suena formidable, pero será insuficiente. En un sonado y reciente caso de secuestro la víctima poseía un vehículo blin­dado, pero ese día “no circuló” y los criminales, bien enterados, atacaron precisamente ese día.

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Las reglas
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Conviene, pues, seguir estas reglas de prevención:

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Cuidar a los colaboradores cercanos, aquellos que conocen su horario y sus movimientos. Hay asaltantes que se especializan en engañar al personal del servicio para que entreguen las llaves de la casa mediante artimañas. Ante esta eventualidad, ni el mejor sistema de alarma funcionará. Y lo mismo puede decirse de los otros empleados.

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No sea predecible. No use el mismo horario, camino ni rutina. Nada más eficaz para desalentar un secuestro que el que no sepan por dónde ni cuándo pasará. Si sólo sus colaboradores más confiables conocen su rutina limitará mucho el peligro de un secuestro.

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La mayoría de los secuestros ocurre en la calle, pero no descuide la seguridad de su casa y oficina.

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Quizá no tenga presupuesto para un auto blindado, pero las películas de seguridad para los cristales, sin ser a prueba de balas, le pueden dar los preciosos segundos que necesita para hacer una llamada de emergencia desde su teléfono celular. También puede reforzar las defensas del auto o instalar una sirena.

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Pruebe los números de emergencia desde todos sus teléfonos, incluido el celular. La policía puede requerir 10 minutos en llegar. Si logra ese tiempo, estará salvado. Nadie se molestará si les advierte que está probando la línea.

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Manténgase alerta. Si nota autos extraños o gente sospechosa conviene tomar precauciones.

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No coopere con los secuestradores. Si usa siempre el cinturón de seguridad podrá emplear el auto como un ariete. Golpee con la defensa el auto que le cierra el paso por atrás para impedir que le persiga. Así evitará que le disparen. Si se libra del bloqueo podrá huir, no importa cuántos autos estropee en el camino.

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Nada de esto será eficaz si no lo asume como un riesgo real y lo ensaya, junto con su chofer... tal como lo hacen los secuestradores.

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No se detenga a discutir un golpe en un lugar peligroso: es un método típico de asalto. No circule con los vidrios abajo y asegure las puertas.

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Si el trafico tiene inmovilizado su vehículo y un asaltante lo amaga, finja un desmayo o un ataque cardíaco y tírese al piso del vehículo. No son muchos los criminales que le disparan a alguien que sufre un ataque.

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Por último, no emplee armas. Usted no es un experto en esto.

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