¿Qué carajos pasa?

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La pregunta resultará excesiva, altisonante, para algunos; pero sin duda es la expresión natural, espontánea, de tantos otros que no atinan a explicarse lo que sucede con la incierta economía mundial.

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Asistimos a la primera crisis económica de lo que ya podría llamarse la era global. Hasta hace muy poco, la globalización era el abracadabra en los centros de decisión del mundo entero; se le alababa como destino ineludible y como llave infalible para ingresar al progreso generalizado. Hoy, cuando estornuda algún país latinoamericano, asiático, o la misma Rusia –aún no aclimatada al “mundo libre”–, hay riesgo de epidemia a escala mundial.

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En efecto, las volátiles circunstancias obligan a repensar las condiciones y los matices de un mundo interrelacionado e interdependiente. Con el huracán de la crisis se han levantado, también, diversas interrogantes: ¿qué hacer con el sistema financiero internacional?, ¿qué hacer con los sistemas financieros locales?, ¿deben establecerse mayores controles sobre los flujos de capital?, ¿llegó la hora de los “candados”?

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Expansión se dio a la tarea de situar en contexto los factores que han contribuido al desencadenamiento de esta crisis y, ante todo, de establecer sus efectos sobre la economía mexicana. En este esfuerzo de comprensión, se da un vistazo a la situación de Argentina, Brasil y Chile. Además, un par de ensayos interpretativos ponen a discusión el papel de la Reserva Federal de Estados Unidos y del Fondo Monetario Internacional (FMI).

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La globalización –como se explica en el texto que inicia en la página 23– avanza más rápido en el aspecto financiero. No obstante, todo indica que la vulnerabilidad de las economías se presenta primero en el plano productivo: inicialmente pierden competitividad en lo internacional, eso les impide recuperar sus inversiones productivas y después se vuelven presa fácil de los especuladores.

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Es justo reiterar que los flujos de capital financiero especulativo han sido determinantes en la situación actual. Su acceso a los mercados de países en desarrollo, en paralelo con los capitales productivos, ha contribuido a la sobrevaluación de sus monedas, propiciando una estabilidad ficticia y niveles de consumo que exceden la capacidad de estas economías. A eso se agrega su enorme movilidad, que en cualquier momento puede generar una situación de crisis en las economías que los reciben. Como se ha observado en las últimas semanas, la sola amenaza de que se retiren obliga a las autoridades monetarias a elevar las tasas de interés a niveles extraordinarios, lo que daña sensiblemente la operación económica interna.

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Se comprende así que, haya crecido el debate acerca de la posibilidad de regular los flujos de capitales. Es de pensarse que un acuerdo internacional en la materia deberá contemplar la regulación tanto para el ingreso como para la salida de los mismos.

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De acuerdo con algunos analistas, los fundamentos de la economía mexicana parecen lo suficientemente sólidos como para garantizar la confianza de los inversionistas internacionales. El problema actual es de percepción.

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¿Qué demonios pasa? Esperamos que el lector halle aquí suficientes respuestas, susceptibles de ser transformadas en líneas de acción ante el mal tiempo.

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Una disección de la crisis
El fine-tuning llega tarde
México, en el ojo del huracán
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Las trampas de la Fed
El papel del FMI

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