¿Qué pasa con la banca?

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Víctor Herrera

¿Qué tan frágiles están los bancos mexicanos? ¿Les hace falta capital? ¿Generan suficientes utilidades para crecer su capital en forma orgánica, o requieren aportaciones adicionales?

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Constantemente inversionistas nacionales y extranjeros nos hacen estas preguntas.  La razón por la que las respuestas a estas interrogantes no son tan sencillas es porque, al mirar las cifras reportadas por los bancos, pareciera que la situación mejora, cuando la realidad es otra.

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Por ejemplo: en otros países la deuda subordinada no es considerada capital.  Es sencillamente, como su nombre lo dice, deuda, y no aporta capacidad para cubrir pérdidas. Otro componente importante que se refleja en los estados financieros que ha causado polémica es el de los impuestos diferidos provenientes de salvedades regulatorias. Es por ello que cuando los analistas internacionales calculan el capital de los bancos, sus cifras difieren de las que se publican en México. Al hacer ajustes a estos rubros, algunos de los bancos mexicanos muestran índices de capitalización muy bajos. Visto bajo esta óptica, el sistema bancario aún requiere varios miles de millones de dólares de capital, no sólo para consolidar su posición financiera actual, sino también para poder financiar el desarrollo futuro de la economía.

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La razón por la cual los bancos y empresas mexicanas tienen que divulgar su información financiera de acuerdo a prácticas internacionalmente aceptadas es que compiten por los flujos de capital disponibles en el extranjero con bancos y empresas de otros países. Una de las razones por las cuales la crisis asiática fue tan severa fue la falta de transparencia que brindaban los sistemas financieros en esa región. Los inversionistas tienen derecho a saber con exactitud el estado de salud que guardan las empresas en las que invierten.

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Una manera de evitar crisis sistémicas en el futuro puede ser a través de una cultura de mayor divulgación financiera. No sólo se requiere de medios abiertos con un alto nivel de integridad. También se requiere que el sector privado sea el líder en este proceso de apertura. No puede esperar a que las autoridades reguladoras impongan los estándares adecuados. Las grandes empresas son las que se benefician más de los mercados de capitales extranjeros. Ellas tienen un interés, si no es que una obligación, en mantener la estabilidad futura de estos mercados. Este esfuerzo será de largo plazo, pero nos evitará caer en los mismos errores que otras naciones han cometido en el desarrollo de sus mercados.  Iniciar esta cultura de mayor divulgación hoy nos ahorrará crisis en el futuro.

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El autor es director general de Standard & Poor´s en México.

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