¿Qué sociedad queremos?

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Se muere el siglo XX, el XXI está a la vuelta de la esquina y una interrogante sigue recorriendo el mundo: ¿Qué clase de sociedad queremos?

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La pregunta se formula aquí y allá, tanto a escala nacional como global. Desarticulado el socialismo real y cancelada la Guerra Fría, la búsqueda de crecimiento y bienestar sigue estando en la mira. Los cómos, sin embargo, aún están a discusión.

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¿Qué clase de sociedad queremos? Una respuesta frecuente en los últimos lustros ha sido: “Que decida el libre mercado”. Si bien la revolución conservadora cosechó muchos conversos, a estas alturas hasta los recalcitrantemente ortodoxos conceden que “el libre mercado” no lo resuelve todo y que “la mano invisible” suele esconderse aún más cuando se trata de rendir cuentas sociales, atender desequilibrios, perseguir una mínima equidad. ¿Es posible un capitalismo con verdadero rostro humano?

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El magnate George Soros incitó a la polémica desde las páginas de la publicación estadounidense -The Atlantic Monthly. “El principal enemigo de la sociedad abierta –escribió el acaudalado financiero–, ya no es el comunismo, sino la amenaza capitalista.”

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¿Pretende curarse en salud el hombre que en una sola operación especulativa ganó $1,000 millones de dólares? Sea como fuere, hay mucho de cierto en sus palabras cuando sostiene que las llamadas sociedades abiertas (el concepto lo retoma del filósofo austriaco Karl Popper) hoy están amenazadas por el individualismo excesivo. “Demasiada competencia y poca cooperación –dice– pueden causar inequidades intolerables e inestabilidad.”

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Amigo y beneficiario del mundo libre y de la democracia –sufrió en carne propia el totalitarismo nazi y el soviético antes de emigrar a Gran Bretaña y, después, a Estados Unidos–, el magnate no se ahorra, sin embargo, su crítica personal al estado de cosas. Así, apunta: “Insegura de lo que cree, la gente se apoya crecientemente en el dinero como criterio de valor. Lo más caro es considerado mejor. El valor de una obra de arte puede ser juzgado por su precio. La gente merece respeto y admiración porque es rica. Lo que solía ser un medio de intercambio ha usurpado el lugar de los valores fundamentales, revirtiendo la relación postulada por la teoría económica. Lo que antes eran profesiones, ahora son negocios. El culto al éxito ha reemplazado una creencia en los principios. La sociedad ha perdido su ancla.”

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De nueva cuenta, ¿qué sociedad queremos?

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Una nación, voces múltiples
Para enriquecer el análisis económico y político reunido cada quincena en Controversia, desde ahora se incorporan dos nuevas plumas a nuestra plantilla de colaboradores. Se trata de Jorge Zepeda Patterson, director del diario tapatío -Siglo 21, y de Fernando Escalante Gonzalbo, coordinador académico de El Colegio de México y autor del ensayo -El principito o Al Político del porvenir. Confiamos en que el lector hallará en sus textos apuntes valiosos para sopesar el tiempo mexicano.

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