¿Quién está deprimido?

Uno de cada 10 de tus empleados padece alguna forma de depresión. No sólo su rendimiento disminuye
Tania Lara Ortiz

Fernando Sandoval pronto será liquidado en la oficina de gobierno donde trabaja. Sus compañeros aseguran que se “reporta enfermo”, pero cada vez que se presenta a trabajar perciben aliento alcohólico. Con frecuencia comete errores y no cumple con las tareas asignadas. Este comportamiento se desencadenó desde que su esposa le demandó el divorcio.

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Fatiga sin motivos, alteraciones en el sueño y el apetito, dificultades para concentrarse, pérdida de memoria y apatía, son síntomas que un psicólogo identificaría fácilmente: depresión.

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Tú a nadie le importas
No es un caso aislado. La Asociación Mundial de Psiquiatría declaró en el Día Mundial de la Salud que “para 2020, la depresión será la primera causa de baja laboral en los países desarrollados y la segunda enfermedad más frecuente en el mundo.”

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Muchas firmas consideran que la depresión es un problema individual y no algo que concierne a sus organizaciones. Marc Ehrlich, psicólogo clínico y asesor organizacional, apunta que en general las compañías en el mundo consideran equivocadamente que el estado de ánimo de sus empleados “no viene al caso”, porque ellas pagan por resultados. Esta situación se intensifica por la excesiva presión laboral en México, que justifica el despido del empleado por falta de motivación y rendimiento, para reemplazarlo por otro individuo entre miles que solicitan el mismo puesto.

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El funcionario arriba mencionado fue despedido por errores y faltas frecuentes. Esto agudizó sus problemas de alcoholismo. “Para una persona deprimida, la enfermedad se prolongará y profundizará a causa de un despido. Incluso hay una alta probabilidad de que se desencadene mayor adicción por el alcohol, el tabaco u otras drogas”, explica Humberto Patiño, director general de Asesoría Internacional para la Competencia Organizacional (AICO) y psicólogo.

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¿Qué no ves que estoy llorando?
El primer paso para solucionar la depresión es la detección. El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH, por sus siglas en inglés) recomienda a los supervisores que reconozcan a los empleados que se reportan enfermos con frecuencia, llegan tarde al trabajo, cometen más errores o parecen poco interesados en sus obligaciones, pues podrían sufrir depresión.

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Ante esta situación, el organismo aconseja atención médica, así como difundir en el entorno laboral información sobre los síntomas del padecimiento. Además, considera que el jefe debe permitir que el paciente se ausente para asistir a su tratamiento –aunque conviene que al mismo tiempo continúe sus actividades habituales, porque éstas gratifican con la sensación de utilidad–.

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La reincorporación al lugar de trabajo depende del nivel de depresión, la aceptación del problema y el entorno social. “Si los compañeros manejan la situación a manera de chisme, burla o agresión, será difícil que el deprimido tenga ganas de reintegrarse al equipo”, sostiene Patiño.

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Administración de la tristeza
Una respuesta preventiva puede provenir del área de recursos humanos; “que con frecuencia sólo es un departamento administrativo que se encarga de nómina, prestaciones, seguro médico y nivel de ausentismo”, señala Ehrlich. Para el estadounidense, con más de 20 años de experiencia en México, un cambio notable es el reconocimiento de la calidad o la eficiencia del trabajo de sus empleados: “Esto inspira a la persona porque se siente visible y eleva su estado de ánimo.”

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Por otra parte, Patiño observa: “La desmotivación puede surgir a partir de periodos largos sin reconocimientos en los que siempre se marcan los errores cometidos.” En su experiencia de consultoría, el especialista mexicano observa que algunas personas desconocen la importancia de su trabajo en un proceso productivo. La ausencia de ascensos, un salario inadecuado o presión laboral generan un ánimo deprimente. La persona se comporta en forma agresiva, trata de “lucirse”, de llamar la atención o bien, requiere de elogios y compasión de los compañeros de trabajo. Por ello, la empresa debe promover trabajo en equipo, pues mejora la creatividad y la calidad. “Beneficiar la labor individual sólo conduce a mayor número de errores y un sentimiento de aislamiento deprimente”, remarca el docente en la Facultad de Psicología de la UNAM.

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La contratación de psicólogos en las firmas también es relevante. No sólo para procesos de selección y reclutamiento, sino para respaldar los cambios organizacionales, la cultura laboral y nuevos procesos de calidad. En las agrupaciones modernas la contratación de servicios de psicología tiene la misma importancia que los de mercadotecnia y publicidad. El motivo: las compañías enfrentan gastos de baja productividad, liquidación,  contratación y capacitación de nuevos candidatos por no atender factores humanos. “También se contempla el ‘costo de no calidad’, porque los errores exigen que se repita la operación o que el siguiente eslabón productivo corrija un error”, revela Patiño.

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Empresas al rescate
Ehrlich, autor de Psicología del Trabajo en Equipo, cita casos de motivación en empresas mexicanas: “Algunas cuentan con gimnasio y guardería para que la gente se adueñe de la camiseta. Cloralex dio capacitación para que los empleados manejaran emocionalmente las crisis económicas del país, que los desmotivaba por el temor a perder el empleo. Algunas más reconocen a su personal con boletos para espectáculos de moda, o designan pasillos de la empresa con el nombre de los mejores empleados, muestran fotos de los trabajadores con información personal para generar interacción. También imparten cursos de primaria y secundaria abierta para cónyuges y familiares, con el fin de decirle a su personal: ‘te queremos mucho’.” El especialista admite que casi siempre se obtienen respuestas apáticas del deprimido hacia estas actividades grupales. Sin embargo, “lo que la organización debe recordar es que la apatía es un síntoma de la depresión. Una señal que puede tener origen en un trabajo aburrido, la insatisfacción personal y la falta de desarrollo de sus habilidades en el puesto”.

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La mejor ayuda es acudir con un especialista. En este caso, la empresa modelo tendría una lista de contactos para canalizar al deprimido.

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Demostrar cariño en las empresas no es una moda, pues subvalorar al personal repercute en que la depresión podría causar más incapacidad (15%) que las enfermedades cardiovasculares, de acuerdo con la Asociación Mundial de Psiquiatría. “Con estas acciones –afirma Patiño– las empresas pueden evitar la depresión de sus empleados por razones laborales. Sin embargo, existen factores bioquímicos, familiares y sentimentales que no pueden ser contrarrestados por medio de la motivación de personal.”

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Para Ehrlich, la función de la empresa es más compleja. “Se debe entender que nadie desliga su vida profesional de las esferas familiar, social, personal o espiritual.” Las compañías más productivas asumen que “la gente más importante es nuestra gente”.

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