¿Quién evitará nuevos fraudes?

Bush atenta contra la trasparencia.
Joaquín Fernández / Nueva York

Cuando los escándalos corporativos de las Enron, Arthur Andersen o WorldCom ocupaban las primeras planas de los periódicos estadounidenses, George Bush se lanzó a la tribuna para declarar que tomaría todas las medidas necesarias para que no volvieran a suceder. Entre ellas, se aprobó un aumento de 77% en el presupuesto de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, por sus siglas en inglés), la máxima autoridad bursátil de ese país, que se ha quejado de carecer de los recursos suficientes para llevar a cabo su labor de manera óptima.

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Pero ahora que los fraudes ya no encabezan las noticias, La Casa Blanca se ha desdicho de sus promesas y pretende otorgar al organismo $200 millones de dólares menos que los $776 establecidos originalmente.

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De cumplirse esta rebaja, la SEC se quedará sin incrementar salarios, contratar personal y comprar equipo informático, lo que a su vez dificultará un mejor control en la revisión de los informes financieros de las empresas que cotizan en Bolsa. ¿Y por qué habríamos de llorar por ellas? Porque si no puede cumplir su función, ¿qué garantiza que las compañías la respeten?

Richard Breeden, ex presidente de la SEC en la época de Bush padre, comenta que se trata de “una medida miope. Hemos tenido problemas que nos han costado billones de dólares, y la economía se seguirá debilitando si no restauramos la confianza”.

Como él, son muchas las voces de especialistas que se han escandalizado ante el anuncio de la Casa Blanca. Pero parece que, con los tambores de guerra como fondo, Bush no alcanza a oír sus voces.
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