¿Se acabará el mundo en el año 2000?

La ausencia de los dígitos que indican el siglo en las fechas almacenadas en muchas de las aplicaci
Mónica Mistretta

Las visiones proféticas de apocalípticos y milenaristas sobre el final del mundo, inspiradas principalmente en los libros de Daniel y la Revelación, parecen cobrar más actualidad que nunca. La diferencia es que las imágenes escalofriantes de hombres y mujeres cayendo en abismos profundos, consumidos por fuegos eternos o devorados por espantosos demonios, son sustituidas por bolsas de valores enloquecidas, transacciones comerciales erróneas, caos en el tráfico aéreo, elevadores suspendidos, bóvedas cerradas, cuentas de cheques deficitarias y facturas telefónicas estratosféricas.

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Los proveedores de cómputo y los consultores en sistemas suenan ahora como los profetas de la antigüedad. Aunque algunos exageran, lo cierto es que el problema del año 2000, de no atenderse, puede tener consecuencias muy graves. Y es que pocos imaginaron que los movimientos del planeta estarían controlados por computadoras que en su mayoría no reconocerán el cambio de fecha.

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En efecto, los sistemas de cómputo fueron concebidos dejando sólo dos dígitos para registrar la fecha, debido a las limitaciones de la tecnología en los años 60 y al alto costo del almacenamiento de la información. Asimismo, muchos de los programadores de aquellos años jamás imaginaron que sus sistemas estarían funcionando 30 años después.

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Aun cuando muchas organización migraron a sistemas de bases de datos relacionales (RDBMS), los datos de la fecha no se modificaron para incluir el siglo arguyendo razones de costo –hasta por no querer pagarle más a un capturista–. De manera que cuando pase el último día del año 1999 los relojes internos de las computadoras, sistemas operativos, aplicaciones residentes en EPROMSs, cámaras de video, bóvedas y todo aquello que contenga un chip con el registro de la fecha, no podrán reconocer el 00.

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¿Y eso, qué? De acuerdo con la Asociación Mexicana de la Industria de Tecnologías de Información (AMITI), en un documento donde plasma su posición con respecto al problema, un incorrecto procesamiento de las fechas “puede tener consecuencias muy serias para los negocios. Por ejemplo, serán incapaces de procesar órdenes de compra, calcular pagos, manejar transacciones de dinero, provocará serios problemas contables y más. Por su parte, el gobierno tendrá problemas en ámbitos tan diversos como la recaudación y devoluciones de impuestos, planeación de presupuestos, pago de nómina, registros de ciudadanos, extensión de documentos oficiales, etcétera.

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Adicionalmente, existen dispositivos con códigos de cómputo en los que se manejan fechas, como ascensores, automóviles y diversas aplicaciones que pueden llegar a ser inoperables con resultados impredecibles”.

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La AMITI estima que el costo nacional para corregir este problema podría sobrepasar los $2,300 millones de dólares en 1999, mientras que en todo el mundo la cifra podría ascender a entre $300,000  y $600,000 millones de dólares, de acuerdo con Gartner Group, firma de investigación del mercado informático.

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A pesar de la gravedad del problema, Gartner estima que sólo una de cada cinco empresas habría resuelto el cambio de fecha en sus sistemas de información a fines de 1997. “Las empresas que así lo han hecho serán los nuevos líderes en sus respectivas industrias”, afirma Moisés Polishuk, director general de Asiste, empresa de capacitación y consultoría.

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Al margen de la polémica sobre cuándo concluye el siglo, el problema del año 2000 afecta por igual a chicos, medianos y grandes. Las consecuencias son de magnitudes de orden muy distinto, pero los entrevistados coinciden en que todos deben hacer una revisión de sus aplicaciones, desde las que corren en una PC hasta el más complejo de los equipos. “Se ha hecho mucho énfasis en las grandes empresas, pero las implicaciones para la industria y el comercio en general no se conocen. Aplicaciones en Dbase, en Clipper, etcétera, deben revisarse. Tal vez no estén preparadas para el año 2000”, comenta Juan José Delgado, director de Mercadotecnia de Informix Software de México.

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CONCIENCIA SÍ,  CORRECCIÓN NO

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En una encuesta realizada por Asiste entre altos directivos de una muestra de 750 empresas medianas y grandes (nacionales y multinacionales), 30% conocía el problema y prácticamente ninguno lo estaba resolviendo en agosto de 1997. Y para marzo de 1998, 90% conocía el problema, pero menos de 10% lo estaba resolviendo.

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Lo anterior es sintomático. Gartner Group, en sus pláticas con clientes, dice haber encontrado un creciente conocimiento del problema del año 2000, pero al mismo tiempo descubrió una tendencia perturbadora. En el siguiente nivel de concientización –el tiempo del impacto, la seriedad del problema y la magnitud de la solución–, resultados preliminares muestran que aproximadamente 50% de las empresas o no tiene planes de corrección o piensa que puede esperar hasta fines de este año o 1999 para implementar la solución. Otro 20% ha desarrollado planes pero no ha establecido un presupuesto para comenzar acciones correctivas. El 30% restante es aquel que ya tiene un presupuesto y ha comenzado la corrección del problema.

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“Asignar presupuestos para resolver el problema es lo más doloroso, porque las inversiones que de otra forma habrían sido destinadas a crecer, serán sólo para garantizar la operación”, comenta Polishuk.

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Y añade: “Estoy sorprendido de la vaga o nula respuesta que tiene la inmensa mayoría de las organizaciones públicas y privadas. Salvo casos específicos, veo que no hay mayor movilización por parte del gobierno para resolverlo.”

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La AMITI advierte: “El gobierno debe alertar no sólo a sus dependencias sino a todo el sector privado sobre la importancia del problema del año 2000. Debe asignar presupuestos suficientes a la brevedad posible.”

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Pero ¿qué está haciendo? “Yo no he visto nada –responde Polishuk–, ni publicado ni mencionado. No hay una directriz ni obligatoriedad como se hizo en Estados Unidos en 1996, donde se dictaminó que al gobierno no se le podía vender nada que no estuviera apto para funcionar antes y después del 2000. No hay nada aquí oficial por parte del gobierno.”

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Delgado pone el dedo en otra llaga: la de la pequeña y mediana empresa, ya que, en su opinión, ha sido desatendida por la industria informática. “Hay por lo menos 12,000 empresas de rango intermedio que no requieren los servicios de los cuatro grandes consultores. Hay una tremenda oportunidad de negocio ahí, por lo que yo me pregunto qué se piensa hacer al respecto.”

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El director de Asiste aclara que es un error pensar que el problema es informático: “Es organizacional, en donde la más alta dirección tiene que tomar cartas en el asunto.” Para tal efecto, esta firma ofrece un diplomado para que la alta dirección tome conciencia a fondo del problema, y otro para consultores del año 2000.

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RECURSOS ESCASOS

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Aquellas empresas que erradicaron el “virus” del año 2000 de forma temprana tuvieron la ventaja de negociar con los proveedores de sistemas y herramientas de corrección, la disponibilidad de personal capacitado a precio razonable y tiempo suficiente para realizar pruebas (se recomienda un mínimo de ocho meses). “En promedio, estimamos que las empresas encuestadas van a tomar ocho meses en resolver el problema. Si no han hecho nada, ya tienen que empezar a pensar en una medida desesperada”, aconseja Polishuk.

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Un par de ejemplos de medidas desesperadas, a decir del entrevistado, es comprar software que ya es compatible (o compliant, en inglés) con el año 2000 y tirar a la basura las aplicaciones existentes, o acudir a terceros a que resuelvan la situación. Es decir, un esquema de outsourcing, donde hay que firmar contratos  de cinco a 10 años, con las consecuencias que ello implica: dependencia de un tercero, gastos fijos y eliminación de la curva de aprendizaje.

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La AMITI, en el mencionado documento (difundido en septiembre de 1997), alerta: “Queda poco tiempo para atender el problema. Aunque se le denomina el Problema del Año 2000, muchas organizaciones privadas y gubernamentales se verán afectadas antes de ese año, cuando en sus procesos existen transacciones con vencimientos más allá del cambio de siglo [....] Es importante mencionar también que el proceso para la corrección de los programas de cómputo es complejo e incluye varias etapas a desarrollar, cada una de las cuales requiere de tiempo para completarse satisfactoriamente. Por ejemplo, se estima que el tiempo de pruebas, una vez que los programas han sido cambiados para procesar fechas del nuevo milenio, es de 40 a 60% del total.”

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Es un hecho que conforme más se acerca el 2000, todos los costos asociados con la solución del problema se dispararán. “El costo por línea de programación en un lenguaje convencional (Cobol) no lo encuentras ya por menos de $8 a $10 pesos por línea de código (LDC). Pero este costo puede llegar a $70 pesos por LDC hacia el fin de la década”, comenta Polishuk. Para darse una idea de lo que esto significa, una organización mediana con un inventario de 8,000 programas puede esperar que el esfuerzo de corrección (a $1.10 dólares por LDC) le represente $10.5 millones de dólares y tome casi 100 años-hombre. A lo anterior hay que añadir la escasez de programadores que dominan Cobol y otros lenguajes en desuso: en 1997, según cálculos de Unisys de México, había un déficit de 6,000 programadores. Dataquest, firma de investigación de mercados, encontró que quienes  están resolviendo el problema del año 2000 son, en 75% de los casos, los empleados internos de Sistemas, mientras que otro 17% está ayudándose con proveedores externos.

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Existen casos en que los recursos humanos internos no serán suficientes, si se toma en cuenta que hay que mantener las aplicaciones existentes y la carga de trabajo normal, además de atender el problema. Según los expertos, no hay que subestimar la cantidad de recursos humanos necesarios para emprender la titánica labor. Nadie sabe a ciencia cierta cuántas líneas de código hay en un gran sistema, ni existe un acuerdo en la forma de contarlas. Por fortuna, no todos los millones de líneas de código de Cobol en una aplicación necesitan ser cambiados, sino sólo los programas que usan fechas en los cálculos o comparaciones afectando el resultado.

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PASO A PASO

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De acuerdo con Gartner, solamente 50% de las compañías en el mundo cumplirán con el año 2000 a fines de 1999. Ello significa que deberán aplicarse recursos para asegurarse que las aplicaciones y sistemas no compatibles no infecten los ambientes compliant con el virus del 2000.

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Para evitar en lo posible esta situación, los expertos aconsejan elaborar una estrategia de reconversión que incluya a clientes y proveedores con quienes existe intercambio de información electrónica, de manera que el impacto sea el menor posible.

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Algunas de las empresas que en México ya ofrecen servicios para resolver el problema, como Grupo Pissa, Unisys, IBM y Softek, sugieren comenzar por analizar las aplicaciones susceptibles de tener fallas debido a la conversión de fechas. Es decir, realizar una especie de inventario.

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El alcance del proyecto puede resumirse de la siguiente forma:

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Inventariar. Recuento del portafolios de aplicaciones de toda la empresa. Lo importante en esta etapa es decidir cuáles son las aplicaciones de misión crítica más afectadas y que deben ser convertidas cuanto antes y cuáles pueden esperar, ya que es imposible tener todos los sistemas listos para la vuelta del milenio. De acuerdo con Software Productivity Research, los lenguajes más afectados por el problema del año 2000, en orden de importancia, son: Cobol, hojas de cálculo, C, Basic, Query, bases de datos, C++, Pascal, Assembly y Ada.

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Entender las interdependencias de los sistemas.

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Conducir la evaluación del riesgo y determinar los impactos más críticos.

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Determinar la estrategia a aplicar. Gartner Group sostiene que hay tres métodos para atacar el problema: reemplazar la aplicación con una solución empaquetada que ya es 2000-compliant, reescribir la aplicación y expandir los campos de la fecha en la base de datos a cuatro dígitos, o reescribir la aplicación para usar el siglo en cálculos basados en características de fecha. La mejor solución, dice Gartner, es probablemente una combinación de estas tres, con base en los costos, el tiempo y el rediseño contemplado de la aplicación. Posteriormente se lleva a cabo el esfuerzo de migración, se realizan pruebas de simulación y paralelos, el aseguramiento de calidad y la implantación de la solución.

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“Conviene ver la llegada del 2000 como una oportunidad: la de colocar a su empresa en un estado tecnológico que la prepare para los desafíos del futuro”, opina Gustavo Gómez, gerente de Mercadotecnia y Alianzas de Hewlett-Packard. Es decir, recomienda evaluar cuánto cuesta adoptar una solución de parcheo contra una solución de reemplazo.

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“Lo más seguro es que se sorprenda. La cifra puede ser similar, con la gran ventaja de que ahora tendrá tecnología que mira al futuro”, asegura Gómez.

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