¿Son mejores que los políticos?

Aunque en sus discursos toman distancia de ellos, y hasta los combaten, los líderes empresariales s
Lucía Rangel Flores y Roberto Fuentes Vivar

No hay que buscar mucho para encontrar similitudes entre la forma de organizarse de los empresarios y la de los políticos. Se pueden sintetizar en una: hablan de la necesidad de democracia, pero la practican a medias. Ambos llevan en eso toda una década.

-

Otra característica que los asemeja es la manera de alejarse de quienes dicen representar. Así como los ciudadanos no confían más en los partidos políticos para la solución de sus problemas (en un universo de 61 millones de personas con capacidad de voto, el número de militantes en los partidos no llega a cinco millones), en las cámaras empresariales, por su parte, participan activamente menos de 600,000 empresas, de un patrón oficial cercano a tres millones. Otra característica que los asemeja es la lejanía que mantienen con respecto a quienes dicen representar. Que en un universo de 61 millones de personas con capacidad de voto el número de militantes de partido no llegue siquiera a cinco millones, puede dar idea de la distancia que existe entre estas organizaciones políticas y sus posibles electores. Y lo mismo podría decirse de las cámaras empresariales donde, de un patrón oficial cercano a tres millones de afiliados, no llegan ni escasamente a 600,000 las compañías que participan de manera activa.

-

¿Son lógicas estas semejanzas? “Las cámaras empresariales no pueden aislarse de las influencias generales del sistema político del país –dice Raúl Feliz, doctor en economía e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE)– , operan a través de sistemas corporativos y en estos momentos han perdido el poder, pues cada vez es más limitada su capacidad de influencia.” A un tiempo, como causa y consecuencia de ello está el hecho de que han extraviado en el camino los objetivos para los cuales fueron creadas. “Durante muchos años sirvieron como mecanismo de presión ante el gobierno; ahora su único rol es avalar la política económica del gobierno”.

-

Caminos encontrados
En el caso de los partidos, un hecho que podría evidenciar su falta de operatividad es la aparición en los últimos años de más de 500 organizaciones no gubernamentales. En el ámbito empresarial, han surgido más de 250 organizaciones empresariales sin reconocimiento oficial, pero con capacidad de convocatoria.

-

Frente a este panorama, en el que el control corporativo impide seguir adelante en la democratización, se registra entre los “representados” una clara dispersión. Cuando en marzo pasado, por ejemplo, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) realizó elecciones internas para designar a su  presidente, las divisiones internas provocaron no sólo que ninguno de los postulantes lograra la mayoría, sino que la competencia entre los bloques de partidarios fuera a tal grado férrea que se salieron de la legalidad –lo que obligó a la anulación del proceso y al nombramiento de un presidente interino–.

-

Este episodio, que tiene altos costos para este partido, coincidió con las elecciones, el 18 de marzo, para designar al nuevo presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio (Concanaco), la organización que más empresarios agrupa en el país. El órgano electoral le concedió el triunfo a Yamil Hallal, pero el candidato perdedor, Octavio Corona, se presentó a protestar oficialmente por lo que consideró una elección amañada, pues se impidió votar a más de la mitad de las cámaras afiliadas; también en este caso, la elección tendrá que repetirse.

-

Independientemente de la autenticidad de las protestas, quienes perdieron credibilidad, en uno y otro caso, fueron los organismos. Como para llevar más lejos los paralelismos, en los mismos días en que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) abría sus puertas para la realización de una consulta interna para la selección de su candidato a la presidencia de la república, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), órgano rector en las filas empresariales, entraba al proceso de relevo de su presidente; a tal efecto, se dio a conocer una terna de candidatos en la que aparecían el líder de los banqueros Carlos Gómez y Gómez, el ex representante de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), Jorge Marín Santillán, quien se autodestapó, y Claudio X. González, presidente de Kimberly Clark y miembro del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios. Gómez declinó poco tiempo después, Marín se mantuvo en la contienda, la cual ganó finalmente, a pesar de que González se mantuvo como favorito hasta el día previo a la elección. En el proceso priísta se pueden reconocer los mismos elementos: cuando el secretario de Gobernación, Francisco Labastida Ochoa, se proclama aspirante a la candidatura presidencial en una solemne ceremonia de autodestape, se producen las declinaciones de Miguel Alemán Velasco y Esteban Moctezuma Barragán y se definen los pertinaces (Roberto Madrazo, Manuel Bartlett, Humberto Roque). Tal y como en el CCE, las fuerzas corporativas se aglutinaron en torno a González, en el PRI lo hicieron en torno a Labastida.

-

Corrupción
“Otra de las similitudes es la corrupción –suelta sin aspavientos Adán Rivera, presidente de la Asociación Nacional de Industriales de la Transformación (ANIT)–, pues al igual que en el gobierno, en las cámaras hay enormes casos de corrupción. Uno concreto es el de Roberto Sánchez de la Vara; como presidente de la Confederación Nacional de Cámaras de la Industria de la Transformación (Canacintra), tuvo un desfalco de $14 millones de pesos, y su único castigo fue que su foto y su nombre fueran eliminados de la sala de presidentes.”

-

Hasta el gobierno de Miguel de la Madrid (1982-1988), un mismo grupo había mantenido la hegemonía y cohesión en el PRI. Hasta esas mismas fechas también, el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios (CMHN) había mantenido su posición al frente del CCE; más de 95% de los dirigentes de este provenía de la llamada “élite de élites”, conformada por 37 destacados empresarios mexicanos. Pero con la llegada de nuevos líderes empresariales, como Bernardo Ardavín, Jorge Ocejo, Eduardo García Suárez, comenzaron las divisiones en el CCE –justamente lo mismo que le ocurría al PRI cuando, con el arribo de los llamados tecnócratas a la cima del poder, este partido dejó de ser el ente monolítico que había sido hasta entonces–. Y comenzaron las renuncias...

-

Entre 1986 y 1987, un grupo de dirigentes de la Canacintra renunció al organismo por considerar que no respondía a sus intereses; crearon entonces una docena de organizaciones, entre ellas la ANIT. Curiosamente, ese mismo año dos destacados integrantes del priísmo, Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, dejaron ese partido para crear,  la que en menos de una década se consolidara como la tercera fuerza electoral del país. Al año siguiente de su salida del PRI, Cárdenas y Muñoz Ledo encabezaron una coalición de pequeños partidos a la que se denominó Frente Democrático Nacional (FDN), con el fin de participar en las elecciones presidenciales. Inesperadamente, fue la contienda más competida de la historia del país, y la más cuestionada. El candidato de la coalición, Cárdenas, reclamó al PRI y al gobierno la que, aseguraba, había sido su victoria electoral.

-

Por curioso que pueda parecer, en las mismas fechas tenían lugar otras elecciones históricamente competidas e inusitadamente irregulares. Era el CCE el que renovaba su dirigencia, pero al considerar que no habían existido condiciones para declarar un triunfador en la contienda entre Vicente Bortoni y Bernardo Ardavín, fue necesario crear estatutos internos de transición y nombrar a un dirigente, también de transición, que fue Rolando Vega Íñiguez.

-

A raíz de estas experiencias, el CCE creó una presidencia corporativa rotatoria, conforme a la cual el máximo representante provendría, por turno, de los distintos organismos que lo integran; sin embargo, el consejo interno del organismo continuó siendo dominado por el CMHN.

-

Burocracia empresarial
Los organismos cúpula se han convertido en espacios de poder con una enorme burocracia que se disputa los cargos, dice Aurelio Tamez, uno de los dirigentes que abandonó la Canacintra en 1986. A su desprestigio se ha sumado una precaria situación financiera. Endeudados con el fisco, con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), con bancos y decenas de proveedores, los organismos empresariales están obligados a llevar a cabo una renovación profunda, si quieren sobrevivir; y, de acuerdo con sus propios integrantes, sí quieren. En una encuesta realizada por Expansión entre dirigentes de Concanaco, Concamin, Canacintra, CCE, Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), Asociación de Banqueros de México (ABM) y diversos organismos emergentes, hubo coincidencia en que los cambios son urgentes, pero también en que las cámaras no deben desaparecer.

-

“El empresariado está disperso debido a los bandazos que se han dado, en los que cada seis años se quiere cambiar al país”, dice Vicente Yáñez Solloa, presidente de la Canacintra. De acuerdo con estudios realizados por los institutos de Investigaciones Sociales y de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el CIDE, la participación de los organismos empresariales en la política ha sido silenciosa pero efectiva. La Concamin y la Canacintra mantienen una tendencia más cercana al PRI, señala el estudio, en tanto que las posturas de la Coparmex y la Concanaco son más afines al Partido Acción Nacional (PAN). La trayectoria política que siguen algunos de sus dirigentes una vez concluido su periodo de representación gremial refuerza esta tesis; un caso representativo sea tal vez el del desaparecido Manuel J. Clouthier, quien antes de ser candidato a la presidencia de la república por el PAN, fue presidente del CCE.

-

Los acercamientos entre las organizaciones empresariales y el PRD han sido mínimos; si acaso, habría que mencionar el apoyo recibido en 1997 por Cuauhtémoc Cárdenas para llegar al gobierno de la Ciudad de México por parte de empresarios de la ANIT, algunos de los cuales, como Raymundo Artiz, ocupan cargos en su administración.

-

En años recientes, sin embargo, algunas empresas han comenzado a rebasar las cámaras en la defensa de los intereses gremiales; la mayoría de las compañías más importantes del país cuentan con mecanismos para ejercer presión sobre las autoridades y tienen la capacidad para dedicar personal a tareas de cabildeo (o lobbying) entre funcionarios y legisladores –además de conservar los métodos para que las cámaras respondan a sus intereses–. Se dan casos, incluso, en que una empresa toma la iniciativa y crea una asociación para difundir su ideología (un ejemplo es Bimbo y la Unión Social de Empresarios Mexicanos, USEM).

-

El poder económico personal de presidentes o directores de grandes empresas, por otra parte, los hace más influyentes que los directivos de las cámaras; las opiniones de Carlos Slim, de Grupo Carso; Lorenzo Zambrano, de Cemex; Lorenzo Servitje, de Bimbo; Adrián Sada, de Vitro; Emilio Azcárraga, de Televisa, y Ricardo Salinas Pliego, de TV Azteca, difícilmente pasarían desapercibidas para el gobierno y los medios de comunicación.

Newsletter
Ahora ve
La siguiente batalla de Donald Trump es la reforma fiscal
No te pierdas