¿Un tesoro sin valor?

Millones de personas buscan diariamente información en la Red. Sin embargo, pocos están dispuestos
Maurizio Guerreo

Internet es una fuente obligada de información. Textos, imágenes, música y videos sobre infinidad de temas son diariamente integrados a la Red y consultados por un número incalculable de personas, casi siempre de manera gratuita. No se trata de generosidad. La verdad es que, salvo por las páginas electrónicas asociadas a la industria de la pornografía, los sitios web todavía no encuentran esquemas para hacer de la distribución de datos un negocio rentable. Como consecuencia, los medios informativos exclusivamente basados en internet escasean en México y el mundo.

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Un caso mexicano. To2.com es un portal dedicado a difundir noticias. En sus inicios fue un proyecto que aglutinó a 600 personas y que operó como un periódico. El plan original de la organización consistía en mantenerse mayoritariamente de las ventas publicitarias. En pocos años, sin embargo, quedó claro que el negocio no funcionaba. Ahora, en manos de Grupo Radio Centro, To2 es un espejo en línea de la información que difunde el corporativo a través de sus estaciones radiofónicas y cuenta con menos de la quinta parte del personal que una vez tuvo.

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Como este, existen infinidad de sitios con noticias y la gente, cada vez más, recurre a la Red como fuente de novedades. Sin embargo, la mayor parte de los datos se desprenden de medios establecidos fuera de internet. En Estados Unidos sucede lo mismo. Sólo queda uno de los llamados portales independientes, Salon.com, el cual desde mediados de 2001 comenzó a cobrar por revelar sus reportajes exclusivos. No obstante, analistas de la industria aseguran que su futuro no parece muy favorable.

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¿Qué pasa con la información propia de la Red? Sin tomar en cuenta la pornografía ni las páginas web oficiales de empresas u organismos, se puede afirmar que está desapareciendo. Para que resurja, el público tendrá que poseer una conexión con mayor ancho de banda o pagar por leer textos exclusivos. Entonces, tal vez, la televisión a través de la Red y algunas publicaciones nacidas y desarrolladas en línea se conviertan en opciones rentables y populares.

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La noticia: no hay noticias

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Las más importantes cadenas periodísticas del mundo tienen una página electrónica donde publican su trabajo. Algunas, incluso, emplean la Red para actualizar datos minuto a minuto. Probablemente esta estrategia les ha significado atraer público o ganar fama más allá de sus fronteras. Sin embargo, no han logrado cosechar ganancias. Para que lo logren, los distribuidores de contenido deben encontrar esquemas que no sólo dependan de la venta de espacios publicitarios.

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Ganar dinero es la prioridad absoluta de las compañías punto com. La época en que las firmas de internet trabajaban con el fin de crear una marca –la cual podrían vender bien con el paso del tiempo– ya pasó. Hoy no hay muchos compradores de organizaciones dot com. Es momento de que ensayen otro modelo de negocios o enfrenten la extinción.

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Antonio Ruiz, ex director editorial de To2, opina: "Estoy seguro de que prácticamente ningún sitio en México crea contenido exclusivo para la Red. Y el que lo haga, estaría cometiendo una locura. Todos los proyectos que lo intentaron han sucumbido; se dan cuenta de que por ahora es una pérdida de dinero."

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Operando como un canal adicional de medios consolidados, la inmensa mayoría de los sitios informativos han experimentado aprietos económicos. Los ejemplos abundan. En México: EsMas, Todito, Citaris y Terra –por citar los más conspicuos casos– se deshicieron de buena parte de sus empleados (a causa de los pobres resultados financieros). En Estados Unidos, America Online (AOL), el sitio de The New York Times y el de CNN, entre otras decenas, también han aligerado sus nóminas.

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En todo el mundo, los sitios web que logran mantenerse de la publicidad son contados. CNet.com, especializado en tecnología, es uno de ellos. Igualmente escasas son las páginas electrónicas que sobreviven gracias a sus suscriptores. The Wall Street Journal, con 540,000 lectores en internet, es el caso emblemático. Entre esos dos extremos, el resto de la información intenta encontrar un modelo adecuado para financiarse.

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El gran obstáculo: la gente no pagará por algo que, según su punto de vista, ya compró. Desde sus oficinas en Inglaterra, Charlie Davies, analista de Ovum, opina: "Si la gente gasta por conectarse a internet y por una cuenta telefónica, es difícil que esté dispuesta a desembolsar dinero por otros servicios."

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Mientras existan sitios que publiquen las noticias oportuna y verazmente y, además, de manera gratuita, la generalidad de los usuarios se rehusará a pagar por ellas.

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¿Dónde está el valor?

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La única información que el público está dispuesto a comprar es la que brinda mucho valor. El semanario británico The Economist ejemplifica este caso. Desde su página en la Red se tiene acceso a los textos incluidos en el número corriente; pero se cobra una cuota de suscripción para permitir la consulta de los archivos históricos. Davies refiere que los lectores se han mostrado ávidos de adquirirlos, ya que saben que compran un producto con calidad.

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Los servicios de contenido considerado de alto valor no se restringen a piezas relativamente grandes de texto. Se puede obtener acceso, en el caso de las conexiones móviles, a breves líneas sobre temas muy específicos. El analista de Ovum asegura que se puede suponer que entre los clientes de soluciones inalámbricas, cada vez más gente estará dispuesta a pagar por tener información al momento en que sucede. No obstante, los dispositivos móviles se han empleado casi exclusivamente para comunicar y no para consultar contenidos. El mercado potencial, sin embargo, sigue ahí.

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El secreto del éxito en el contenido en línea es tener un selecto pero fiel grupo de clientes, como la pornografía. No obstante, algunos sitios, como Variety.com o TheStreet.com (que puede llegar a cobrar hasta $200 dólares por una suscripción anual), no han gozado de tanta fortuna. Más que por obtener acceso libre por un lapso prolongado, los lectores están dispuestos a desembolsar dinero por textos específicos. Al menos, directivos del sitio de The New York Times –página electrónica que ofrece las dos opciones de pago a los usuarios que consulten su archivo– así lo han declarado.

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Pagar por cada pieza solicitada, no obstante, tiene sus desventajas. La tarjeta de crédito es el método de pago más extendido en la Red. Sin embargo, Davies apunta que el precio por una colaboración escrita puede resultar tan bajo –entre $1 y $3 dólares– que no resulta práctico proporcionar los números del plástico. "Cómo se cobrará el contenido, por micropagos o suscripción, es una cuestión que será paulatinamente resuelta", apunta el entrevistado.

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Lo que resulta evidente es que, en general, los esquemas de venta de espacios publicitarios no han funcionado como única fuente de ingresos en internet. Los analistas estiman que el cobro a los usuarios que requieran información será una práctica cada vez más generalizada. Su éxito, sin embargo, es difícil de pronosticar.

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Cuando el diario Reforma lanzó su edición en internet, a través de Infosel, cobraba las suscripciones. Luego, sólo hacía un cargo por el uso de archivos. En la actualidad es gratis. Por otro lado Slate.com, uno de los sitios más populares de análisis político en Estados Unidos –y que cuenta con la participación de Microsoft–, lanzó un sistema de afiliación. Fracasó. Ahora, sus contenidos son otra vez sin cargo.

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Muchas publicaciones en el mundo mantiene una versión en línea como estrategia para atraer lectores a su edición impresa, más que como un negocio en sí. No hay evidencia contundente que muestre que internet ha diezmado la venta de publicaciones tradicionales. La inversión realizada para crear y actualizar una página generalmente no es recuperada.

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Es posible que, con el fin de abaratar sus costos, los medios que pretendan sobrevivir con independencia en la Red busquen compartirlos y eviten cobrar directamente al usuario. En ese sentido, Forrester Research se refiere a los contenidos sindicados, lo que significa que varios sitios compartirían textos e imágenes o, al menos, fotógrafos, humoristas y redactores, como de hecho ya sucede en algunos casos de la industria editorial.

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Nuevos contenidos

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La información de la Red no sólo es texto, también incluye audio e imagen. En México, algunas estaciones de radio y televisión cuentan con sitios desde los que se obtiene acceso a su señal. Igual que las publicaciones periódicas en línea, la intención es ganar un canal internacional. Existen un par de televisoras mexicanas que operan exclusivamente en internet. ZoomTV y TeVe-de-mente ofrecen, sin costo, una selección de canales de videos.

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No obstante, las anteriores experiencias de está índole no resultaron muy halagüeñas. La firma estadounidense Excite@home, una de las pioneras en experimentar con esa tecnología, está en quiebra. Portales como Pop.com y Pseudo.com tuvieron que definir nuevamente sus negocios. En México, Alo.com también frenó su proyecto.

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Con ánimo de conjurar el fracaso, o al menos una severa reestructuración, las principales fuentes de ingreso de ZoomTV y TeVe-de-mente no sólo se basan en la venta de publicidad, sino que incluyen la comercialización de sus producciones para estaciones de televisión tradicionales. Además, ninguno de los sitios opera independientemente, pues son parte de empresas establecidas fuera de la web. La primera es copropiedad de la productora Argos y la segunda de la agencia de publicidad Publicorp.

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La apuesta de ambas iniciativas es crear un lenguaje propio y atractivo para la Red. Explica Luis Miguel Rodríguez, coordinador de Contenidos en ZoomTV: "No se pretende hacer televisión empobrecida en internet, se busca la convergencia, entendiendo su naturaleza y las oportunidades creativas en la producción y en el negocio."

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TeVe-de-mente, por su parte, ofrece más de 20 canales de videos educativos, periodísticos y de entretenimiento. No obstante, Juan Cabrera, su director comercial, señala: "Aún no podemos traducir nuestros resultados en ingresos económicos."

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La realidad es que las imágenes de alta calidad no podrán despegar hasta que el ancho de banda se popularice. Incluso entonces, no es un hecho que la televisión y la web generen un matrimonio feliz. Es probable que la TV llegue a la computadora, pero es más probable que se convierta en un aparato interactivo en línea. En tal caso, no serán los portales sino las televisoras de cable las que aprovecharán la nueva tecnología.

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Ruiz señala que le gusta concebir a la Red como un segundo piso superpuesto al planeta donde, idealmente, todo puede suceder de manera más fácil. Es probable, pero hasta el momento no existe una fórmula para cobrar por ello. Mientras tanto, cientos de contenidos exclusivos desaparecen.

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David Talbot, fundador y director de Salon.com, opina que mientras los grupos de medios mantengan su presencia gratuita en internet, páginas como la suya tendrán que cobrar a los usuarios. Y si fracasan, advierte, la información se acercará más a ser un simple producto corporativo. "Sin sitios independientes el mundo será un lugar menos variado, menos informado y menos divertido", concluye.

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