¿Y el crédito?

Pasa el tiempo, termina el sexenio y el financiamiento a las empresas brilla por su ausencia.

¿Cómo puede desarrollarse una economía sin créditos al sector productivo? Esa parece ser la triste historia de este país, que desde la aparición de la crisis decembrina de 1994, no ha sido capaz de generar las condiciones adecuadas para que las empresas mexicanas hallen recursos en el sistema financiero nacional.

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El tema, repasado en numerosas ocasiones por esta revista, cobra especial vigencia en el invierno del sexenio zedillista, un gobierno que, desde el inicio, se planteó como meta acrecentar el nivel de ahorro interno. Tal labor –según algunos estudios recientes que arguyen que sólo habríamos crecido en ese rubro muy tímidamente durante el último lustro–, no ha sido concluida. La administración actual tiene, seguramente, cifras que quieren comprobar un crecimiento de ahorro interno respecto del pib (el sistema de Afores es un buen aliado en esa argumentación) pero, más allá de la discusión el hecho es que muchas empresas mexicanas han podido sobrevivir –o crecer, incluso– durante estos últimos años sin apoyo bancario.

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¿Qué significa lo anterior? Que el círculo vicioso crece. En vez de encontrar recursos en la banca, el sector productivo mexicano debe ser tan eficiente que tiene que generar sus propios recursos para financiar su crecimiento y, de paso, competir con empresas de todo el mundo. Increíble: el financiamiento de la banca comercial al sector privado equivale a dos terceras partes del que existía en 1994.

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A la luz de estos datos, parecería que cada empresario mexicano es hoy día un héroe desconocido, por el solo hecho de hacer funcionar su negocio sin más dinero que el que su propia operación le brinda. Y así es. El término productividad (que hoy no sólo es hacer más con lo mismo, sino mucho más con menos) el emprendedor local lo ha incorporado a su diccionario a golpe de limitaciones.

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Lástima que de este modo no podamos aspirar a crear más empresas y, con ellas, las centenas de miles de plazas de trabajo que la población requiere.

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¿Cómo aminorar los daños? Ciertamente, el gobierno federal debe continuar trabajando en asegurar condiciones de estabilidad política y económica, pero además tiene que otorgar una tregua y eliminar de sus estrategia de ingresos el aumento de precios de bienes y servicios públicos. Ni hablar de los impuestos. El propio Banco de México ha realizado esta petición. Y esto contribuiría de manera importante a aminorar la excesiva carga que hoy sufren las empresas. Simultáneamente, deben buscarse mecanismos que tornen más expedito el saneamiento del sistema financiero, para que el dinero vuelva a fluir con un costo lógico, que permita al país ser, de verdad, productivo.

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