¿Y quién tenía la razón?

Durante años, las escuelas de negocio promovieron la cultura de los resultados a toda costa. Enron,
Luis Hernández Martínez

Casi es un lugar común leer en la prensa diaria o revistas especializadas de negocios encabezados como: “Corruptelas contables enlodan a Wall Street”; “Consultoras en busca de la confianza perdida”; “Urge transparentar los balances contables”; “Arrestan a dos altos ejecutivos por fraude”; “¿Importante multinacional involucrada en lavado de dinero?” La lista, increíble, luce interminable.

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En los últimos 20 años, los altos ejecutivos que pasaron por alguna escuela de negocios escucharon en la mayoría de sus clases consejos sobre cómo destruir a su competidor, cuáles eran los pasos para comerse todo el mercado, conseguir resultados en el corto plazo, vender ideas y luego preocuparse por cómo hacerlas realidad, aprender el arte de manejar los asientos contables y cómo financiar su operación sin ingresos, entre otros.

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Algunos personajes de la alta dirección ofrecieron oídos sordos a los conceptos moda del management, pero otros sí prestaron atención y los llevaron al pie de la letra. ¿El resultado? WorldCom, Enron, Arthur Andersen y Merck, más las firmas que se acumulen en las dos semanas próximas, lo saben. Así, ante el panorama actual de los negocios, y frente a la crisis de credibilidad que reina en el mundo corporativo, no resulta ocioso replantearse algunos de los paradigmas de la gestión y tomar más en serio el tema de los valores, ética y transparencia empresarial. Todo, de cara a la rendición de cuentas.

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Sobre el tema Jorge Gutiérrez, recién nombrado director general del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE), ofrece su punto de vista a Expansión.

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¿La alta dirección es responsable de la corrupción dentro de una compañía?
Luego de los escándalos de Enron, Arthur Andersen y WorldCom, entre otros, podemos decir que al final de cuentas el IPADE tenía razón. Siempre nos han preocupado los aspectos éticos y los hemos defendido a pesar de las modas. Estamos convencidos de que en la medida en que se desarrolla a la persona se mejoran los resultados de las agrupaciones. De ahí que la responsabilidad del empresario sea formar a sus colaboradores dentro de un campo de acción dirigido por la ética. El hombre de negocios debe hacer crecer a los demás, pues tiene una responsabilidad social muy grande frente a sus colaboradores y distintos públicos.

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¿Por qué violan la ley los empresarios?
En principio por la avaricia. Igualmente, porque perdieron la brújula del bien y el mal, de lo correcto e incorrecto. Maquiavelo ya no funciona. El problema también es que sus sueldos, a pesar de ser bastante elevados, no los satisfacen. Otro punto es la manera en la que son evaluados. Se les mide con base en indicadores de corto plazo: ahí está el problema. Los negocios tienen que verse en el largo plazo para mirar con claridad el desarrollo de la compañía. De lo contrario se cae en situaciones de corrupción corporativa.

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¿Cómo debe medirse el desempeño de una firma?
Quizá los indicadores de rentabilidad o productividad sean correctos, pero tienen que verse en el largo plazo. También deben ponderarse aspectos como el valor de la marca, el clima organizacional, la rotación del personal, la admiración que siente la sociedad por la compañía. Estoy mencionando aspectos generales y que, de alguna u otra manera, todas las empresas utilizan. Aquí la diferencia es la manera de mirarlos. Nuestra propuesta es que sea con una estrategia de largo plazo, sostenible y sustentada. No producto de la mercadotecnia, publicidad o relaciones públicas.

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¿En los negocios existe la ética a prueba de balas?
No cuando se buscan resultados en el corto plazo o cuando los accionistas no están dispuestos a esperar mucho tiempo para recuperar y superar el dinero que invirtieron. No cuando se desprecia el aspecto de los valores en la empresa. Conjugar la ética con los resultados cuantitativos no es fácil, pero es posible si los directivos hacen una reflexión profunda sobre la misión del negocio, para que no se quede sólo como parte de los cuadros que algunos altos mandos cuelgan en la pared. Hay que entender y reconocer que no se puede ser una persona en casa y comportarse de una manera diametralmente distinta en el trabajo.

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¿Cuál es el concepto de empresario?
Es un emprendedor, un líder. Alguien que independientemente a su labor de hombre orquesta sabe cómo guiar e inspirar a sus colaboradores. Es alguien que en vez de ordenar, entiende que él también debe hacer las cosas, impulsar y motivar con el ejemplo. A la gente no le gusta que le manden, sino que la motiven y muestren cómo puede funcionar mejor. El hombre de negocios debe ser congruente con sus actos. Ser de una sola pieza siempre y predicar con su vida. Tiene que ser congruente con lo que pide y hace.

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¿México tiene los empresarios que se merece o los empresarios tienen el México que se merecen?
Vivimos una circunstancia conformada por muchos factores. Es una combinación de varios elementos. No creo que exista una relación de causa efecto. Y es que en verdad es un número importante de variables el que influye en el crecimiento de un país. Creo que tanto el gobierno como los empresarios tienen un papel fundamental para lograrlo. Por un lado, éstos tienen una gran responsabilidad al mostrar una actitud positiva de cara al contexto y las inercias internacionales. Deben tener iniciativa personal en vez de preguntarse por qué pasó tal o cual cosa. Hay que ser dinámicos y prudentes siempre. Pero, al final de cuentas, regresamos al tema de los valores. A la congruencia entre el decir y el hacer, en la manera de actuar en el negocio y conducirse por la vida.

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¿Cuál es la principal inquietud de los hombres de negocio?
Hay muchas. Pero algunas de las preguntas constantes son: ¿cómo ser mejor empresario?, ¿cómo puedo ser mejor directivo?, ¿qué puedo hacer por mi empresa?, ¿cómo hacer para subsistir en este mundo global y competitivo?, ¿dónde están las oportunidades de negocio?, ¿cómo puedo crecer en la industria o sector? Pero todo esto siempre gira alrededor de la gente, de sus valores, en línea con la ética y la responsabilidad social. De ahí que valga la pena mencionar que no es verdad que aquellas firmas comprometidas con la ética están destinadas a quebrar. Tal hecho no es cierto porque, en la medida en que la gente sea mejor, la compañía crecerá.

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