Ya pasó lo peor

Las exitosas reestructuras de pasivos pintan un mejor panorama para las empresas. El rendimiento ac
Ernesto O’Farrill Santoscoy*

El momento crítico para los corporativos mexicanos ya es historia. Ocurrió a mediados del año pasado cuando la economía estadounidense apenas iniciaba su recuperación, tras la intervención bélica en Irak. Pero los problemas de insolvencia y falta de liquidez se habían generado ya en 1995, por la crisis del sistema financiero y la macrodevaluación, luego agravada por la recesión económica nacional y mundial de los últimos tres años. El avance en competitividad de varias economías como la China, en los mercados globales, también hizo lo suyo.

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De hecho, la deuda corporativa se encontraba hasta hace unos meses en una complicada situación, aun cuando el gobierno mexicano ya había superado el sobreendeudamiento externo. En los últimos tres años, el adeudo exterior total (gubernamental y privado) representó 20% del PIB, manteniéndose constante en $140,000 millones de dólares. Eso es reducido comparado con 80% que representan las exportaciones y con el propio tamaño de la economía. En otros países, la relación del endeudamiento supera 40% y hasta se llega a deber más de 100% de la economía.

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De hecho, en los últimos 15 meses la Bolsa Mexicana de Valores tuvo un rendimiento acumulado en el IPC (Índice de Precios al Consumidor) mayor a 62%. La tendencia deja ver el esfuerzo de renegociación de deuda que están teniendo las empresas nacionales. Entre 2001 y 2003, la deuda privada descendió $2,000 millones de dólares. Incluso, al cierre del año pasado, la deuda corporativa financiera o con costo representó $42,000 millones de dólares (versus $44,000 millones de dólares a fines de 2001, con un plazo promedio de vencimiento de sólo dos años).

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Esto ha implicado que varias de las grandes compañías que obtuvieron financiamiento externo (por ausencia de alternativas domésticas) debieron desviar su atención. Apostaron sus esfuerzos a las reestructuras sin apoyo gubernamental, en lugar de dedicarse a mejorar su eficiencia para competir en el mercado global.

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Las reestructuras dejaron heridas graves de liquidez en varias de ellas. Casos como Grupo Corvi, Sanborns, Unefon, Cydasa, Desc, Imsa (teniendo en cuenta sus cifras al segundo semestre de 2003), entre otras 14 firmas, son las que mayor riesgo financiero presentan.

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De estos procesos derivaron diversas estrategias y tendencias. Unas constaron de desincorporación y venta de activos y subsidiarias, con la consecuente redefinición de sus líneas de negocios; otras, en capitalizaciones y hasta en casos extremos como la venta de empresas a compañías internacionales. También hubo alargamiento de plazos o la sustitución de pasivos en dólares por pesos para aprovechar el desarrollo que hoy tiene el mercado de certificados bursátiles.

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Entre el año pasado y abril de 2004 se emitieron $60,596 millones de pesos en tales documentos por parte de organizaciones mexicanas. Casos como Coca-Cola FEMSA (que realizó tres emisiones por un total de $7,400 millones de pesos), Cemex (por $1,600 millones de pesos) y Carso Global Telecom (por $1,350 millones de pesos) forman parte de la mayoría que sustituyó pasivos en dólares por deuda en pesos, a largo plazo.

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Durante 2004, las reestructuraciones iniciadas hace años o meses se han estado concretando de forma sorprendente. Sin embargo, algunas resultaron en pérdidas para los acreedores, como SanLuis Corporación. Incluso aún subsiste un buen número de empresas entrampadas en problemas financieros y jurídicos, que ya no envían desde hace varios trimestres información a Bolsa.

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*El autor es Presidente de Grupo Bursamétrica y director general de Bursamétrica Análisis, empresas de investigación de economía y Bolsa.

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