IQ grupal

Contar con un equipo diverso puede traer grandes beneficios a tu empresa, por ejemplo, una mayor cantidad de ideas.
Karsten Jonsen / IMD

Al igual que los individuos, los equipos tienen inteligencia. Pero el factor inteligencia de los grupos humanos no es simplemente el promedio de sus integrantes. De hecho, esto tiene poco que ver. Los investigadores han descubierto una nueva forma de medir el IQ del equipo y lo que significa llevar esto a cabo. No se requiere mucha ciencia y, además, es algo que se realiza sin cargo alguno. ¿Suena o no sensato para los negocios?

Qué es la inteligencia de equipo

La inteligencia es nuestra habilidad como individuos para el pensamiento abstracto, el razonamiento, el aprendizaje, la planeación y la solución rápida de problemas. En esencia, la inteligencia caracteriza nuestra habilidad para lidiar con la complejidad cognitiva, una cualidad indispensable para los directores globales de la actualidad. Por lo que se refiere a su aplicación en los equipos, la inteligencia alude a la capacidad de un grupo de individuos de abordar y manejar situaciones complejas y no rutinarias. El desempeño de los equipos inteligentes puede ser superior al de la mayoría de sus miembros más experimentados.

Cómo obtener un alto IQ de equipo

Como es bien sabido, para que los equipos funcionen y se desempeñen en la medida de sus capacidades deben enfocarse en la estructura, los procesos, el liderazgo y el apoyo y contexto organizacional correcto.

Las investigaciones revelan que, además, la inteligencia colectiva en los equipos puede conducir a un desempeño superior. Tenemos evidencias de que cuando se trata de hablar por turnos, la proporción de mujeres en un equipo y, especialmente, la sensibilidad social, son elementos que derivan en una mayor inteligencia de equipo.

Hablar por turnos no es tan sencillo como suena. La investigación demuestra que las personas con poder, sobre todo los hombres, hablan más e interrumpen más. De este modo, en aquellos equipos con poca seguridad psicológica o donde el director no alienta a todos a compartir sus pensamientos o ideas, la minoría dominante monopolizará la conversación, poniendo en riesgo la inteligencia y, finalmente, el desempeño del equipo.

En cuanto a la proporción de mujeres en los equipos, sabemos por los estudios sobre cuotas de género o raciales que se requiere un mínimo de 20 o 30% de una determinada minoría para cambiar la dinámica de funcionamiento grupal. Las mujeres utilizan, al menos en cierto grado, distintos estilos de trabajo y de comunicación, los cuales suelen ser más sociales y comunitarios. Cuando hay más mujeres en el equipo, el IQ colectivo se incrementa, y no necesariamente porque las mujeres sean más listas (aunque algunas puedan serlo), sino más bien por los distintos procesos que provocan y fomentan.

El tercer elemento, la sensibilidad social, es quizás el más importante de todos. Se correlaciona asimismo con el número de mujeres en un equipo, debido al hecho de que son ellas quienes tienden a utilizar más este recurso. Puesto en palabras sencillas, la sensibilidad es la capacidad para decodificar señales no verbales y descifrar las emociones de otros; esto podría consistir en, por ejemplo, reconocer una expresión facial diciendo “No estoy de acuerdo con esto” y reaccionar en consecuencia.

Lo que puedes hacer como director

Como líder de un equipo, ten presente que todas las reglas básicas de éste, incluyendo la creación de una visión bien definida y un ambiente de confianza, siguen siendo válidas. Si deseas que la inteligencia del equipo florezca, necesitas agregar lo siguiente a esta ‘caja de herramientas’ de habilidades de liderazgo:

1. Diversidad. Cerciórate de que la composición de tu equipo sea diversa en términos de género. En cualquier caso, los equipos diversos bien dirigidos tienen la posibilidad de exceder en desempeño a los equipos homogéneos, especialmente cuando la tarea es compleja y no rutinaria.

2. Participación.  Crea un ambiente en el que la gente exprese su opinión (desde luego, con límites razonables) y participe activamente en las discusiones y juntas. Puedes propiciar esto incentivando a la gente a hablar por turnos y restringiendo las fuerzas más dominantes. Considera en todo momento las señales no verbales. En las culturas occidentales solemos tener aversión a una 'herramienta' clásica: el silencio. Para (algunas) personas de origen asiático, en cambio, unos cuantos segundos de silencio pueden ser una invitación tácita a hacer aportaciones de manera proactiva.

3. Sensibilidad. Practica la sensibilidad social y la empatía. Si bien estas cualidades no son inherentes a todos, podemos aprender a incrementar nuestro nivel de sensibilidad haciendo de ella un objetivo de liderazgo explícito, en ocasiones apoyados por capacitación y asesoría.

Los equipos virtuales

Actualmente, muchas personas trabajan en entornos virtuales, por lo que vale la pena considerar de qué manera influyen estas recomendaciones en la inteligencia del equipo cuando sus miembros están diseminados.

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Éstos son motivos para creer que el IQ del equipo puede prosperar mejor o igualmente bien en entornos virtuales. Dependiendo de la riqueza de los medios empleados para juntas virtuales y otras formas de comunicación dentro del equipo, el lenguaje corporal y las expresiones faciales son, por supuesto, más difíciles de interpretar, al tiempo que la sensibilidad social exige más intuición. Sin embargo, hablar por turnos se facilita cuando la apariencia física importa menos, además de que la gente en línea tiende a expresar su opinión de manera más libre que en los ambientes cara a cara. Dado que las señales de estatus son menos visibles en un entorno virtual, el mérito vence al carisma. Una apariencia física imponente o una ‘personalidad encantadora’ pueden permitir a un individuo dominar en una reunión cara a cara, mientras que estas cualidades se neutralizan, de alguna manera, en un entorno virtual, propiciando que los participantes florezcan a partir de los logros y habilidades que aportan al equipo.

Con lo anterior en mente, tu equipo puede incrementar su inteligencia colectiva y, lo que es mejor aún, aprovechar los complejos desafíos de la globalización. Vemos con mucha frecuencia que no se maximiza el potencial de los equipos diversos. En los procesos y la cultura de equipo reside la llave del éxito. A final de cuentas, de lo que se trata es de identificar competencias para aprovechar las diferencias en vez de solamente tolerarlas.

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