Humala: la claridad de la incertidumbre

El nuevo presidente peruano y lo que no se puede saber sobre la política de gobierno hacia las empresas.
Fernando Berckemeyer

Mientras Ollanta Humala asumía la presidencia de Perú el pasado jueves 28 de julio, millones de peruanos (incluyendo a los que votaron por él) se esforzaban ansiosamente por escudriñar su cara en la televisión. Buscaban un gesto, una mirada, una puerta que permitiera ver algo del alma, de las intenciones de ese hombre que durante sus 10 años de vida pública y hasta hace unos meses prometía hacer en Perú la nueva gran revolución socialista (en el sentido ‘bolivariano', no en el europeo o chileno), pero que luego de quedar finalista en la primera vuelta electoral de abril, dijo haber cambiado y prometió respetar el modelo económico de libre mercado.

Perú es el milagro económico andino. Luego de 10 años de crecimientos continuos, normalmente por arriba de 7%, el país tiene más reservas internacionales, más inversión, más generación de empleo y mejores perspectivas que nunca antes de que se implantase el ‘modelo' que Humala amenazaba, vehementemente, con desmontar. Sólo en los últimos 10 años la pobreza se redujo de 54 a 31% de la población. Por otro lado,  pese a todos sus avances, el país sigue siendo una democracia sin mayores instituciones y es muchísimo lo que un presidente dispuesto a repartir dinero sin mayor consideración por el largo plazo puede hacer.

En 2010, las empresas mexicanas invirtieron en Perú más de 3,600 millones de dólares (MDD). Están ahí con inversiones importantes compañías como Cemex, ICA, Telmex, Elektra, Banco Azteca. Alguna, incluso, como Grupo México, posee en el país las minas de Southern Copper Corporation, que tienen las reservas de cobre más grandes del mundo, con 56 millones de toneladas métricas.

Al final, la cara de Humala se leyó como acostumbra: como un test de Rorschach. ¿Esa sonrisa es nerviosa o ladina? Ese tono gritón, ¿es amenazante o inseguro? Cada uno vio lo que quiso.

Si buscando algún punto firme en medio de todo el mar de especulaciones nos fijamos no en lo que Humala dice, sino en lo que ha hecho desde que fue elegido, parecería que tienen razón los que hablan del Humala cambiado. El flamante presidente ha nombrado ministro de Economía a Miguel Castilla, un ex alto funcionario de la CAF y viceministro del gobierno de Alan García, y ha confirmado como presidente del Banco Central de Reservas a un economista ortodoxo.

Y, sin embargo, ¿qué pasa si es que éste es el gabinete Kerensky de la (nueva) Revolución Peruana? Humala tampoco tenía mucho margen para hacer más de lo que está haciendo. En la primera vuelta tuvo tan sólo 28.8% de la votación y no tiene mayoría en el Congreso. Tendría sentido esperar a construirse una mayor base de apoyo sustentada en repartir dinero vía ‘programas sociales', crearse una sólida plataforma clientelar y luego, a lo Chávez, comenzar a anunciar las reformas radicales. Ya lo decía el siempre sagaz Talleyrand: "Desconfiad del primer movimiento. El primer movimiento es siempre el más generoso".

Aun cuando Humala no fuese el radical ideologizado esperando el momento propicio para dar el golpe que muchos siguen temiendo, bastaría con que fuese el militante básicamente ignorante y confundido que otros tantos sospechamos. Por ejemplo, si el banco central chino decide finalmente que sus temores inflacionarios son mayores que los controlables y sube las tasas de interés con fuerza, disminuyendo el crecimiento del gigante asiático y, por lo tanto, las compras de minerales que, pese a todo lo que se ha diversificado la economía peruana, continúan siendo la principal fuente de los ingresos tributarios del Estado del país andino, ¿qué haría Humala sin dinero para repartir y rodeado de presiones redistributivas?

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Si algo queda claro viendo quién viene de asumir las riendas del poder en Perú y su trayectoria de vueltas en U, es que no hay nada claro. Lo que, desde luego, mal que nos pese, ya nos cuesta a los peruanos y a todos los que tienen inversiones de peso. No en vano es un principio básico, más que de la economía, de la psicología humana, que todo lo que no es seguro, vale menos.

El autor es abogado y columnista en El Comercio y El Nuevo Herald. Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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