El capital humano se alimenta de persona

Los problemas sociales suelen también tener repercusiones en la economía y en los negocios. La reciente discusión que se dio sobre el aborto es uno de ellos.
Xavier Ginebra Serrabou

Pocos temas levantan tantas ascuas, como el del aborto: la reciente decisión de la Suprema Corte sobre la posible invalidación de una reforma en las constituciones de Baja California y de San Luis Potosí, en el proyecto inicial del ministro González Franco, no alcanzó la mayoría de ocho ministros requerida para invalidarla.

La población ha sido vista, desde el economista Malthus, como un freno o como el demonio del desarrollo. Los recursos crecerían en proporción aritmética, mientras la gente lo haría en forma geométrica: en pocas décadas (la discusión es añeja), el planeta estaría al borde del colapso. Nuevas modalidades del maltusianismo achacan el problema del cambio climático al crecimiento demográfico. ¿Es la demografía (entre cuyos medios de control lícito estaría el aborto) la causante de todos los males económicos? La propia economía y las estadísticas nos dan una respuesta negativa.

La población es un recurso generador de riqueza, junto a la tierra, el trabajo, el capital y la tecnología. Cuando se ha discutido el problema de la riqueza, dada la capacidad creadora del ser humano, con frecuencia se olvida que el factor humano tiene una capacidad ilimitada. Los países desarrollados han aumentado su producción, en buena medida, gracias a su demografía. Estados Unidos es la primera potencia mundial, gracias a que cuenta por 300 millones de habitantes; no por culpa de éstos. China, India y Brasil son los nuevos motores de la economía global, en parte gracias a su población, que les permite tener un amplio mercado interno. Algunos economistas, como Michael Porter, en La ventaja competitiva de las naciones, han documentado que muchos países objeto de milagros económicos tuvieron como antecedente un crecimiento elevado de su población.

Como sostiene Nathan Keyfitz, profesor emérito de Sociología de la Universidad de Harvard, cuanto menos niños nazcan, menos se gastará en servicios como educación o salud. El aumento de la natalidad hace que la gente trabaje más (pues tiene que mantener a más hijos), y esto a su vez supondrá un crecimiento en las inversiones y el capital. Además, sostiene el economista Julian Simon, si el aumento de la densidad de la población estimula la propiedad privada y la libertad de empresa, la asignación de recursos de capital se hará más eficiente.

La creciente sensibilidad hacia el problema se nota también en los medios de comunicación. "Su hijo es un bien público", se titula un reportaje de El País (7-07-2010). Con datos y opiniones de especialistas, da la señal de alarma sobre el desequilibrio entre la baja natalidad y la larga esperanza de vida, lo que, entre otras cosas, pone en riesgo el Estado de bienestar: las pensiones, la atención a personas dependientes, el gasto sanitario y educativo. Para apuntalar éste, se necesita, al menos, alcanzar 2.1 hijos por mujer.

Sin entrar a consideraciones bioéticas, no cabe duda de que las vidas eliminadas por el aborto representan otro embate al desarrollo económico. Cifras de La Jornada consideran en cerca de 900,000 las vidas humanas anualmente sacrificadas. Son dinero ‘ahorrado' en infancia y juventud, pero el aumento de la población joven en un país en transición demográfica (de país joven a país de adultos) siempre tiene un efecto positivo.

Baste al respecto señalar los alarmantes problemas que le auguran al mundo desarrollado (Europa, Japón y China en el largo plazo, fantasma, por otra parte, no lejano a México) por el envejecimiento de sus ciudadanos. La caída de la natalidad está conduciendo a Europa hacia una carestía de recursos humanos.

Como señala Philipp Longman, estudioso de demografía y economía de la New American Foundation: "En toda la historia, nunca hemos tenido prosperidad económica acompañada por despoblación". Y recuerda el premio Nobel de Economía Gary Becker: para el crecimiento económico nada es más necesario que el capital humano: "El conocimiento, las aptitudes y la experiencia de hombres y mujeres". Por eso, los baby booms suelen ser precursores de expansión económica.

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El autor es doctor en Derecho de la competencia, profesor investigador de la uaem (Morelos) y responsable del área de competencia del despacho Jalife y Caballero.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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