Crear 2, 3… muchos Steve Jobs

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Antoni M. Piqué

Olvida ya a Steve Jobs. Todo lo que necesitas saber de él es que transformó de raíz cuatro industrias -informática, medios, contenidos y telecomunicaciones- a través de cinco dispositivos (Apple II, Macintosh, iPod, iPhone, iPad), un estudio de cine (Pixar) y una tienda (AppStore). Una sola de esas creaciones, que definen categorías enteras de productos y negocios, le bastaría para ser eterno.

Mejor piensa en la parte más olvidada -y rentable- de su legado, la AppStore. La clave es ésta: la excelencia en internet tiene un precio. Dicho de otro modo: sólo quien pague obtendrá contenidos y servicios de calidad.

Parece obvio. Pues no lo es en el mundo digital, donde son populares otros dos modelos de negocio. Gurús y geeks promocionan el open-source: todo puede hacerse en colaboración de forma gratuita. Otros (con Amazon al frente) aseguran que la respuesta siempre consiste en ser más barato. Apple es la alternativa: se puede vender a buen precio sin que eso signifique condenarse a un nicho o desaprovechar las posibilidades de la red. Al contrario. Una empresa así puede definir las pautas de consumo y convertirse en el modelo que todos quieren imitar. Te ahorro la filosofía y te dejo con los resultados: Apple es hoy la mayor empresa por capitalización bursátil de mundo. Es la empresa más creíble del planeta.

El reto de los negocios digitales consiste en desarrollar modelos de pago en la Red. El resto son especulaciones. Velo así: ¿puede mantener la calidad de sus productos regalándolos?; ¿puede garantizarse gratis los mejores proveedores?

Una cosa ya es segura: en la red sólo ganan dinero quienes cobran. Todos aquellos que se basan en arcanas teorías sobre nuevas economías (la del enlace, de la abundancia, de las relaciones...), en el Todo Gratis & Todo Abierto & Todo Libre... ni siquiera han logrado explicar cómo rentabilizar esos entornos y, menos aún, cómo sostener esos negocios. Lo tienen muy difícil: esas economías sin costos son tan falsas como una moneda de plomo.

¿Conoces otro sistema fuera del pago que comprometa al cliente y al proveedor; que les haga compartir responsabilidades y cumplir obligaciones protegidas por la ley y la justicia; que permita al proveedor mejorar sus productos y servicios? Yo tampoco.

Apple lo demostró sobradamente en el negocio de la venta de música. Rescató el sector de su postración, estimuló la creatividad de los artistas y los liberó del dominio de las majors. Ahora trabaja igual en otra categoría, las aplicaciones para terminales móviles, sean publicaciones, juegos o cualquier software.

¿Adónde apuntará ahora Apple? A la televisión cuyo modelo de negocio le impide evolucionar mientras sus líderes olvidan que los contenidos audiovisuales son accesibles a través de cualquier pantalla en todo momento y lugar.

En este punto, las ventajas de la compañía de la manzana son evidentes: credibilidad a prueba de bomba, 200 millones de personas registradas con su tarjeta de crédito en la AppStore, 100 millones de los cuales son usuarios del iPhone, aparato fácilmente transformable en un smart-remote para la TV. Son usuarios hiperconectados y muy sensibles a las ofertas de la AppStore.

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¿Y los contenidos? Sobran. Lo que falta es tiempo y pantallas para consumirlos. ¿Por qué las productoras audiovisuales habrían de comportarse diferente de los millones de desarrolladores de software, que hacen excelentes negocios en la AppStore? Apple les ofrece una colosal plataforma para conectar con los usuarios sin pagar peaje a distribuidoras y cadenas. Apple ganaría, además, la oportunidad de fabricar un magnífico hardware para un mejor consumo de esos contenidos. ¿Es una fantasía pensar que un buen porcentaje de esos 200 millones de usuarios comprarían un monitor Apple para agregarlo a su biblioteca de dispositivos manzana? ¿No estarían dispuestos a ejercer como prescriptores de contenidos a través de las redes sociales convencionales o... a de la que Apple ponga a su disposición? Cien millones de iPhones después, preguntas así carecen ya de sentido.

Vale la pena encarar el legado de Steve Jobs con una mirada más larga. Tal vez el modelo Apple pueda resolver la desaceleración de la innovación que afecta a muchos sectores cruciales, donde el ritmo de cambio viene atrasando: los aviones no son muy distintos a los de hace 50 años, ni tampoco los coches, las fuentes de energía, las ciudades, los procedimientos médicos... Eso tiene una solución. Parafraseando al Che Guevara: "Crear dos, tres... muchos Steve Jobs".

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