Obama: le exigen demostrar liderazgo

Si republicanos y demócratas no acuerdan el recorte federal, éste se hará de cualquier forma y la primera víctima será el Pentágono.
David Usborne / The Independent/The Interview People

Estados Unidos se encontró en el camino directo hacia los recortes históricos en el gasto nacional y militar que podría reducir rápidamente su postura global y amenazar con una nueva recesión; esto como consecuencia del colapso de las negociaciones entre los dos partidos mayoritarios, el Republicano y el Demócrata, para el recorte del déficit.

Una mezcla de insensibilidad con pánico se posó sobre Washington luego de la admisión de la derrota por parte del supercomité bipartidario, conformado en agosto, para encontrar alguna manera de recortar el gasto federal en 1.3 billones de dólares durante los próximos 10 años. El legado de su fracaso promete ser complicado. Los partidos comenzaron a lanzarse dardos entre sí y dieron inicio al juego de "¿quién se hace responsable de esto?". En New Hampshire, el presidente Barack Obama apeló al Congreso para que al menos extendiera la exención de impuestos para la clase media que estaba a punto de vencer, mientras que en otro debate los candidatos a la nominación presidencial del Partido Republicano lo criticaron severamente por su falta de liderazgo.

Si reina una sensación de pánico es en parte porque los términos bajo los cuales se creó el comité estipulaban que, en caso de que éste fracasara, automáticamente entraría en vigor un conjunto de recortes con el fin de lograr la misma reducción del gasto que el comité debía acordar. Estos recortes están listos para implementarse a partir de enero de 2013 y ya han provocado el terror de muchos, especialmente de los republicanos, porque incluirían una reducción de 500,000 millones de dólares para el financiamiento del Pentágono.

Obama ya está advirtiendo al Congreso de que se abstenga de cualquier intento por desafiar la implementación automática de los recortes aun cuando su propio secretario de Estado, Leon Panetta, ha dejado constancia de que éstos provocarían una catástrofe para las fuerzas armadas estadounidenses. Si se implementan, dice Panetta, Estados Unidos tendría "la fuerza terrestre más pequeña desde 1940, la menor cantidad de embarcaciones desde 1915 y la menor fuerza aérea de su historia".

Sin embargo, también los demócratas tienen motivos para temblar, ya que la mitad de los recortes automáticos afectará los programas más cercanos al partido, como la educación y el cuidado de la salud. El sentido común sugeriría que las perspectivas de estos recortes llevarán al Congreso a intentar nuevamente la negociación de un paquete de reducciones de gastos antes de que éstos entren en vigor. Pero posiblemente esto sea una utopía, ya que Estados Unidos entra a un año electoral.

La falla del supercomité deja en el país la sensación de que el Congreso es incapaz de lograr algo, percepción que es muy mala para todos los miembros de Capitol Hill, pero quizás peor para Obama. El ambiente se ha oscurecido más aún con la revisión a la baja del crecimiento económico de Estados Unidos del último trimestre, de 2.5 a 2%.

"Es función de la persona a cargo del poder ejecutivo proporcionar liderazgo y hacer que las personas se unan en torno a los proyectos. No veo que esto esté sucediendo", dijo a los reporteros Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York, y agregó que las negociaciones fallidas "eran otra acusación condenatoria contra la capacidad de Washington para gobernar este país".

Si en las últimas semanas Obama ha parecido estar ausente de los padecimientos del supercomité, esto ha sido a propósito. Sus colaboradores no querían que el presidente quedara vinculado a un emprendimiento que parece condenado al fracaso. Sin embargo, es una estrategia que implica el riesgo de hacerlo ver como un cobarde.

"Los estadounidenses esperan que su presidente sea un líder, no un político calculador que da un paso atrás para poder ser reelecto", dijo Kirsten Kukowski, del Comité Nacional Republicano. "Mientras más dilate Obama los asuntos importantes del país, más empezarán los estadounidenses a cuestionar si él es el mismo presidente que les vendieron en 2008".

Hasta ahora, al menos las principales agencias de calificación de riesgo parecen no estar considerando una degradación del estado de la deuda de Estados Unidos. Sin embargo, esto seguramente cambiaría si el Congreso encontrara una manera de dar marcha atrás en los recortes automáticos y los remplazara por medidas que prácticamente implicaran ningún recorte.

Si bien los recortes automáticos prometen hacer lo que el supercomité no pudo lograr en cuanto a la reducción drástica del déficit de presupuesto -la brecha entre el gasto y el ingreso podría reducirse a la mitad, especialmente si se permite la suspensión de los recortes de impuestos para los ricos a partir de fines de 2012-, hay temor de que una caída abrupta del gasto federal sería una medida demasiado drástica y que podría llevar el país nuevamente hacia la recesión.

La batalla del año que viene sobre los recortes de impuestos sólo para los ricos posiblemente tenga enormes repercusiones. En el eje de la actual disfunción en Washington está la falta de voluntad de los republicanos de contemplar cualquier opción que no sea un aumento de impuestos a los menores niveles posibles. Los demócratas comprometidos con la protección de los programas sociales dicen que algunas de las medidas para aumentar los ingresos son vitales.

"Partimos de premisas radicalmente diferentes", dijo el senador Pat Toomey, republicano y ex miembro del desaparecido comité, al referirse al otro partido. "Ellos son los defensores del ‘gran gobierno' (del gobierno con un sector público excesivamente grande, ineficiente). Si vamos a tener un gran gobierno al estilo europeo, entonces se necesitan mayores impuestos para financiarlo".

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Sin embargo, el problema más inmediato para Obama es la finalización, programada para fines de este mes, de los recortes en los impuestos de seguridad social que pagan los asalariados de ingresos medios.

Si no se logra renovar esta exención, esto le costará a la familia estadounidense promedio 1,000 dólares extra durante el año que viene, dijo Obama en New Hampshire.

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