Señor Q (1081)

Un hombre honesto, una estrategia militar y el ‘temor’ al miedo.

ESTIMADO SEÑOR Q:

Trabajo como director de arte en un estudio de diseño gráfico e industrial y tengo actualmente un problema con uno de nuestros clientes. El problema, en realidad, lo tengo con mis jefes, los socios del estudio donde trabajo. La cuestión es así: hace poco llegó un cliente, de la mano de una agencia, a pedirnos que rediseñáramos el packaging de sus productos. Aparentemente, sus gerentes habían decidido que el diseño anterior, hecho por otro estudio hace cuatro o cinco años, no les gustaba nada y, argumentaban (pero sin estudios de mercado), tampoco había seducido a los consumidores. El primer problema que vimos el project manager que trabaja conmigo y yo es que, para nosotros, ese diseño estaba bastante chido, y sólo habría que hacerle unos ajustes mínimos. Fuimos a ver entonces a nuestros jefes y les propusimos eso: decirle al cliente que el diseño estaba bien, que un rediseño total podría enlodar más de lo que podría limpiar, y que lo mejor era ir haciendo pequeños cambios, controlando de cerca el desempeño de la marca. Así, con esta honestidad, podríamos ganarnos la confianza del cliente. Pero los socios del estudio quieren dinero: quieren que accedamos a rediseñar el packaging y los logos y todas las identificaciones de marca que nos pida el cliente. Y facturarle cientos de horas de diseño. Yo no tengo ganas: no me parece ético y no me parece un desafío intelectual interesante. Además, como decimos con mi compañero, la honestidad y la confianza sirven de mucho en el mundo de los negocios: con un discurso brutalmente honesto, ¡podríamos ganarnos este cliente por años! Honrado diseñador

Querido Honrado Diseñador:

Los dueños del estudio conocen bien las cuentas de su empresa. Quizás por eso creen que hay que exprimir al nuevo cliente hasta que no le quede nada de jugo dentro. Es lo normal con los jefes: cuando ven un cliente, ven un flujo (jugo) de dinero. O también puede ocurrir, como sucede a veces con los fundadores de compañías creativas, que han dejado atrás su etapa de diseñadores y ahora son solamente empresarios: han perdido el fuego y el interés por lo específico de su profesión. Si tú y tu compañero creen que pueden tener una relación más honesta y más completa (dar un producto mejor a los clientes), entonces quizás les haya llegado el momento de abrir su propio estudio. Dentro de unos años, cuando el estrés de ser empresario te haya alienado por completo, quizás hagas lo mismo con tus futuros directores de arte: les pedirás que facturen, no que diseñen. Alienado, Q

ESTIMADO SEÑOR Q:

Fui requerido por mis superiores para abrir una nueva unidad de negocio dentro de la misma compañía. Contraté a un escuadrón de 16 personas y diseñé una estrategia de operación, que puse por escrito y di a leer a cada uno de los nuevos empleados. Esto ocurrió hace cuatro meses. Los resultados han sido insatisfactorios: mis empleados se niegan a absorber o aplicar mi estrategia. A veces hacen lo correcto, pero sin contexto o iniciativa. Intenté comportarme con ellos como un líder, pero me han fallado. ¿Qué puedo hacer? General sin tropa

Querido General:

Dada tu preferencia por el lenguaje militaroide, el Señor Q tiene para ti una frase del general Norman Schwarzkopf, quien dirigió la operación estadounidense en la primera Guerra del Golfo, en 1991: "El liderazgo es una combinación de estrategia y carácter", dijo Schwarzkopf. "Pero si te ves obligado a descartar una, descarta la estrategia". Es decir: no hay estrategia posible sin un líder, pero sí es posible el liderazgo con carácter y sin estrategia. Obsesiónate menos con la estrategia; concéntrate en el liderazgo. Golfo, Q

ESTIMADO SEÑOR Q:

Usted parece tener siempre tanta confianza en sí mismo. Le pregunto: ¿No tiene miedo? ¿No lo afectan el narco, la crisis o la inseguridad? ¿Cómo vive? Miedosa

Querida Temerosa:

El Señor Q vive sin miedo. Pero no porque sea un superhombre o no esté preocupado por alguno de los asuntos que mencionas, sino porque así lo ha decidido. Ha decidido vivir como si no tuviera miedo. Vivir con miedo no es vida. Temeroso, Q

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