Filtro funcional

Los pocos resultados en materia de reformas indican una sola cosa: los ciudadanos deben ser los que tomen la batuta del cambio.
Armando Regil Velasco

México requiere urgentemente una serie de políticas públicas que detonen un crecimiento económico sostenido y generen mayor libertad. Para muchos resulta inexplicable cómo un país con tanta riqueza no se desarrolla al ritmo de su enorme potencial. El país está sobrediagnosticado, tenemos la mayoría de las respuestas, sabemos qué necesitamos hacer y por dónde empezar. ¿Qué nos lo impide?

Uno de los principales frenos está en el sistema de partidos políticos, los cuales tienen la agenda en sus manos e impiden cualquier avance que no vaya en la dirección de sus propios intereses. Bajo las actuales reglas del juego los ciudadanos estamos al margen de la toma de decisiones.

Platicando con algunos ex presidentes de América Latina y tratando de entender el freno que impone la clase política en nuestros países, identificamos uno de los posibles orígenes del problema. Los partidos políticos funcionan como filtros al revés. Por definición y dicho de manera simple, un filtro detiene lo que no sirve y deja pasar lo que sirve.

Los partidos políticos privilegian las lealtades y facilitan la carrera de aquellos que aceptan las reglas del juego definidas en sus propios términos. No necesariamente se da prioridad a la integridad, a la capacidad o a la trayectoria de quienes aspiran a algún cargo. Incluso, en muchos casos, estas cualidades se convierten en obstáculos para quienes desean hacer una carrera en el servicio público.

En las condiciones actuales, sucede exactamente lo que dijo Maquiavelo. La razón por la cual no habrá cambio es porque quienes perderían son precisamente quienes tienen el poder. Aquellos que podrían ganar con un cambio, hoy por hoy no tienen el poder para hacer que suceda. En pocas palabras, quienes tendrían que hacerlo, son los que se oponen a que ocurra, ya que eso implicaría perder una serie de privilegios.

Hoy la balanza se inclina completamente hacia el ámbito de los partidos. Los ciudadanos estamos al margen de la agenda y de las decisiones. La estructura actual de incentivos castiga los acuerdos, no los privilegia. Para romper este freno, necesitamos crear un músculo ciudadano capaz de ser el contrapeso necesario desde la sociedad civil. La tarea de crear, implementar y evaluar políticas públicas es fundamental para el desarrollo de México, por eso no debe quedar únicamente en manos de la clase política.

La legitimidad de este esfuerzo se finca en la capacidad de sumar a todos aquellos ciudadanos y organizaciones que trabajan incansablemente para resolver los problemas que están a su alcance; los jóvenes, los empresarios, las universidades y las organizaciones de la sociedad civil, entre otros.

Esta demanda ciudadana será el vehículo adecuado para generar los incentivos que presionen a los partidos políticos a convertirse en filtros funcionales. Sólo así se abrirá la puerta para que los ciudadanos con mejor trayectoria en la materia se conviertan en servidores públicos.

Conversando con Mario Vargas Llosa sobre cómo motivar la competencia en el ámbito público, el premio Nobel de Literatura sugiere que para perfeccionar las instituciones democráticas, es fundamental promover la meritocracia y sustituir la tradición de dedazo, de manera que quienes están abajo puedan subir y quienes están arriba, si no actúan con responsabilidad y eficiencia, puedan caer.

Ha quedado demostrado que el gran elemento que da confianza a los ciudadanos es el derecho a la participación ciudadana. Cuando hay todas las posibilidades de participación, se puede llegar a lo siguiente; que el ciudadano diga, yo discrepo de este gobierno pero tengo confianza en este sistema porque puedo participar. En México esto todavía no ocurre.

Iniciando pleno año electoral, debemos entender el poder transformador de nuestra participación y la fuerza de nuestro voto. Estamos ante una oportunidad histórica para unirnos y cambiar las reglas del juego.

Otros países nos han demostrado que cuando los ciudadanos se unen, pueden lograr lo que se proponen, incluso aquello que parecía impensable. Vale la pena apostar a construir filtros funcionales para que las personas más capaces y honestas asuman mayor responsabilidad en el servicio público. Nos sorprenderemos al ver lo que podemos lograr.

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El autor es presidente fundador del Instituto de Pensamiento Estratégico Ágora (IPEA).

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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