Para estar seguros

Ella tiene nueve seguros. A la mejor no necesitas tantos, pero te conviene conocer a Sofía Belmar, directiva de MetLife, música, futbolista.
1082 picf023  (Foto: Ramón Sánchez Belmont)
Sofía Macías Liceaga

El día de las inscripciones a la UNAM, Sofía Belmar se enfrentó a una disyuntiva que decidió en lo que duró la fila: dedicarse de lleno a la música o dejarla como complemento e irse por la actuaría. Aunque claramente decidió dedicarse a los seguros -es directora de negocio individual de gobierno de Metlife- no ha olvidado sus otras pasiones, como la música y el futbol.

Su carrera en la música es aún más larga que la profesional: empezó a estudiar a los 11 años, y a los 17 -justo antes de ingresar a la licenciatura en actuaría- ya estaba en el tronco común de la Escuela Nacional de Música, donde estudió piano, solfeo y conjuntos corales.

Había sido la más joven directora de los coros juveniles del CREA de la delegación Magdalena Contreras y conductora de Canal 11 en 1985 del programa Yo te quiero preguntar.

Entre sus tesoros se encuentra un clavecín hecho por lauderos mexicanos en el año de su nacimiento: 1969. Es su instrumento en algunos de los conciertos con obras de Handel que, esporádicamente, brinda con otros dos músicos. "Son piezas que no tienen un nivel técnico muy complejo", aclara, pues aunque todavía practica en las noches y los fines de semana, la música es una profesión que requiere muchas horas de práctica al día. Por eso decidió mantenerla como complemento. Su otra pasión son las matemáticas.

Sofía Belmar empezó a trabajar en la industria aseguradora como gerente de promoción en GNP cuando tenía unos 23 años y llegó a ser directora ejecutiva de Mercadotecnia de dicha aseguradora, donde trabajaba con los productos, sus coberturas y cómo agregarles valor.

Su último puesto en GNP no le impidió buscar experiencias para comenzar desde cero, y cuando entró a MetLife su primera petición fue que la mandaran de becaria con los agentes -quienes no estaban al tanto de que era directora-, para entender a qué se enfrentaban ellos todos los días.

Cuenta que lo mismo le tocó sentarse en un banco de pintura a falta de más sillas en la bodega de deportes de una escuela, donde el asesor ofrecía un seguro a un maestro, y correr a sacar fotocopias a la papelería para cerrar la venta.

Sobre lo que más aprendió fue sobre la resistencia de las personas para asegurarse. "Los agentes reciben muchos ‘no' antes de un ‘sí', y con todo lo que emocionalmente impacta el rechazo, cada seguro es un gran logro. Ir a la calle y vivirlos con ellos te permite entender mucho mejor su trabajo".

En las fiestas infantiles a las que invitan a sus hijas le preguntan frecuentemente cuál es el mejor seguro y aunque ella siempre está fascinada de hablar del tema, considera más importante escuchar: "Tienes que oír a la gente, sus vidas, sus metas, no puedes dar una sugerencia sin esto", asegura.

Para Belmar, los seguros tienen gran trascendencia en la vida de cada persona. En el seguro de vida, por ejemplo, el cariño a los seres queridos se prolonga más allá de la muerte. Cada vez que la viuda de un asegurado utilice el dinero de la indeminización para pagar su seguro de gastos médicos, comprar algo a sus nietos o simplemente vivir sin preocupaciones económicas, de alguna forma será una manifestación de que su marido la sigue cuidando.

Belmar dice que los seguros no se deben asociar sólo con lo negativo. También pueden estar presentes en los momentos gratificantes: cuando gracias a lo que ahorraste en tu dotal  puedes irte de viaje con la familia o cuando un pariente se recupera de un padecimiento por el que estuvo en el hospital y no se tuvo que hipotecar nada para pagar las cuentas.

En su paso por GNP, Sofía era una de las impulsoras de los planes personales de retiro, mediante seguros, que además permiten deducir de impuestos las aportaciones anuales.

Los seguros de Sofía

Sofía compró su primer seguro cuando tenía 23 o 24 años y sin tener dependientes económicos. Aun para los ‘solteros sin compromisos', los seguros son atractivos, por riesgos como la invalidez o porque dan la posibilidad de invertir.

Empezó con un seguro flexible en el que la prima de riesgo era baja. Hoy tiene nueve seguros y no porque los coleccione. Cuando comenzó a adquirirlos, en su primer trabajo, aún no existían todos los productos que requería.

Y de todos está a pendiente: sus seguros están ‘prepagados' con un año de anticipación, pues si ocurriera cualquier eventualidad, el dinero para las primas se toma de este extra y si no, los recursos siguen generando intereses.

Tampoco le gusta atrasarse con las tarjetas y se precia de nunca en toda su vida haber pagado ni siquiera un peso de intereses, pese a que empezó a tener una desde que su papá le dio una adicional a los 18 años.

Su lado B

Probablemente, los días de Sofía Belmar tengan 48 horas: aparte de su puesto directivo, se hace cargo de sus hijas, entrena futbol dos veces por semana, practica para sus conciertos, y está pendiente, en lo profesional y en lo personal, de su equipo de trabajo.

Su pasión por el futbol es una de las que más presume. Le va al Cruz Azul, afición que se nota en el conejo con uniforme cementero que da la bienvenida a quienes visitan su oficina y en la playera azul grana colgada en su armario que siempre se pone y presume a sus compañeros de trabajo cuando juega su equipo.

Belmar no es futbolista de control remoto ni únicamente de abono de estadio, aunque sí le gusta ir: empezó a jugar cuando estudiaba en el colegio Madrid, cuando estaba en GNP entró al equipo de ejecutivos, que era mixto, y cuando llegó a MetLife fundó el de mujeres, con el que entrena lunes y miércoles.

Su sentido de competencia en la cancha no es tan diferente al de su trabajo en la aseguradora: debe hacer equipo con sus 23 promotores y buscar maneras de retenerlos, pese a las ofertas tentadoras que pueden recibir, pues el negocio de gobierno es uno de los más atractivos en los seguros y cada vez hay mayores participantes.

Belmar resalta la importancia de escuchar a los agentes para volverlos socios: "Cuando diseñamos un nuevo producto me siento con ellos y les pregunto cómo lo venderían y si lo ven atractivo para los clientes". Esto la ayuda a mejorar la oferta complementaria de los seguros de grupo con coberturas, como la de cáncer.

Una de sus historias favoritas de seguros es la de un agente que fue a visitar una comunidad. En medio de la plática se acercó un venado, que asustó al promotor.  El dueño de la casa le dijo: "No se preocupe, es mi hijo, no le va a hacer nada". Muy extrañado le preguntó que cómo que era su hijo y el hombre explicó que, años atrás, escuchó unos ruidos de alguien robándose la fruta de su huerto. Disparó sólo para ahuyentar al ladrón, pero le dio a la mamá del venado, que en ese momento era pequeñito. Desde entonces se hizo cargo de él. El agente les preguntó al resto de los presentes que si ese hombre se había decidido hacer cargo de su ‘hijo', por qué ellos no se aseguraban de que su familia también estuviera protegida si llegaran a faltar. Y es la misma pregunta que Belmar quiere dejar en el aire.

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