Mercados exigen medidas extremas

Europa todavía no resuelve su crisis de deuda, dice Larry Summers, ex tesorero de EU. Asegura que México puede ofrecer lecciones útiles.
1083 picf021  (Foto: Ramón Sanchez Belmont)
José Eseverri

El pasado mes de diciembre, durante una cena en el Club de Banqueros con motivo de la primera reunión preparatoria del G-20 (que tendrá  lugar este próximo verano), Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, presentó al orador principal con una anécdota: tras un fatídico diciembre de 1994, en el que México se encontraba al borde del colapso financiero, en febrero de 1995 los diarios celebraron que el Congreso estadounidense aprobara un paquete de rescate que permitió a México salir a flote. Sin embargo, dijo Carstens, los titulares fueron injustos al darle el crédito al ex presidente Clinton, cuando en realidad el trabajo duro lo realizó el entonces subsecretario del Tesoro, Larry Summers.

El ex secretario llegó a México con un claro mensaje: el mundo se encuentra en la crisis económica y financiera más delicada de la posguerra, y pintar escenarios rosas no ayudará a resolver el problema. En entrevista con Expansión, Summers comparte su receta para enfrentar la crisis y da algunos consejos para México, ahora que será anfitrión del G-20.

¿Qué opina sobre el acuerdo alcanzado por el Consejo Europeo el pasado 9 de diciembre, que fija límites al gasto y endeudamiento de los gobiernos europeos, con sanciones para aquellos países que violen los límites?

Creo que Europa aún no ha implementado las medidas necesarias para dejar esta crisis atrás. Primero, debe reconocerse que la crisis tiene sus antecedentes en una diversidad de fallas técnicas en el sistema monetario de la Unión (Europea), en la falta de disciplina fiscal por parte de algunos países y el desorden de los bancos, que otorgaron créditos sin que existiera una regulación apropiada.

Resolver estos problemas de mediano plazo es necesario, pero no basta. Si el problema va a resolverse a fondo, hay varios pasos que deben tomarse.

(Primero), una estimación realista del apalancamiento de los países más endeudados, y esto involucra una reestructura de la deuda.

Tendrá que darse un apoyo sustantivo para que se mantenga la confianza de los mercados y las relativamente bajas tasas de interés en países como España e Italia, que enfrentan profundos problemas de liquidez.

Tendrá que darse apoyo a las instituciones financieras para que no se desapalanquen de forma violenta, lo cual tendría graves repercusiones para la economía europea y la economía mundial. Pero al mismo tiempo debe plantearse una estrategia de crecimiento.

¿Hay preocupación en torno a que dichas medidas de austeridad puedan acelerar una recesión?

Hay un riesgo real en esa dirección y por eso hay que hacer énfasis en la estrategia de crecimiento, que haya incentivos para el gasto y reconocer que no todos pueden ser exportadores netos y que si hay ajustes en los déficit, también tienen que hacerse ajustes a la baja de los superávit.

Usted ha señalado que el Fondo Monetario Internacional debe jugar un papel más activo en esta crisis. ¿A qué medidas se refiere?

Creo que la situación en Europa tiene consecuencias globales, y entonces la comunidad internacional debe estar involucrada y el FMI debe representarla.

En cierto punto, creo que será necesario brindar apoyo adicional a los países más endeudados y que implique, por ejemplo, un involucramiento del FMI en el proceso de formulación de políticas en Italia y España. También se necesita de fondos externos y de un marco político para toda Europa.

¿Cuáles serían las implicaciones de la crisis europea de este lado del Atlántico?

Pienso que debe reconocerse que las estadísticas económicas de Estados Unidos han mejorado en los últimos dos meses. Es difícil saber qué tan permanente resulte esa mejoría, ya que en gran medida ha sido impulsada por gasto en consumo, y eso implica una reducción en el ahorro, lo cual no es sostenible indefinidamente.

Creo que las probabilidades de una doble recesión son menores de lo que eran hace apenas unos meses, pero hay incertidumbre en Europa y subsiste una volatilidad política en Medio Oriente, así que tampoco puede descartarse.

¿Y cuáles serían las implicaciones para México?

México enfrenta retos por la desaceleración de Estados Unidos; además, el sistema bancario está muy ligado al sistema internacional. Inevitablemente, a medida que los bancos sufren presión, lo mismo (ocurrirá con) la economía mexicana.

En un año de elección presidencial en Estados Unidos, ¿hacia dónde cree que vaya la discusión sobre la economía en las campañas?

El principal tema será la percepción de una mayor desigualdad. Lo que coloca una mayor carga en la desigualdad es la recesión.

¿Qué influencia tendrá en el debate el movimiento Occupy Wall Street?

Creo que hay una creciente conciencia en la sociedad sobre temas de justicia e igualdad y eso merece atención. El movimiento seguramente se reflejará en temas como el llamado a crear un sistema fiscal más progresivo en el mediano y largo plazos.

¿Y en cuanto a regulación financiera?

Creo que ya tenemos suficiente con las reformas que se aprobaron el año pasado, y el foco ahora estará en la implementación de estas reformas para reducir el apalancamiento y el riesgo sistémico. Antes de hacer más reformas debemos probar si funcionan los cambios que ya se aprobaron y que aún están por escribirse.

¿Cuál es el mayor problema que deberá tratarse en la reunión del G-20?

El tema vertebral del G-20 será el crecimiento de la economía global y asegurar que se genere una demanda agregada adecuada,  además de la creación de empleos. Si no tenemos éxito en esto, poco importa lo demás. En cambio, si logramos arrancar esto, muchos de los demás problemas se resolverán solos.

Por un lado, Europa necesita dejar su crisis atrás. En Estados Unidos necesitamos más estímulos, tanto del lado fiscal como monetario. Finalmente, necesitamos prestar atención a la confianza de las empresas y generar un entorno en donde la toma de riesgos y el emprendedurismo sean premiados.

¿Qué papel jugarán las economías emergentes en el G-20?

Las economías emergentes son más de la mitad de la economía mundial, según algunas medidas. Son los principales proveedores y demandantes de materias primas. Lo que suceda en estas economías será profundamente importante. Será clave que las economías con superávit comerciales no sólo se dediquen a acumular enormes pilas de dinero, como ocurre en China, sino que también generen consumo en la economía global.

¿Cuál es el papel de México? ¿Considera que hay margen para una política monetaria y fiscal más expansiva?

México ha administrado su economía muy bien desde la crisis de 1994. Así, suman ya tres administraciones en las que el país ha funcionado adecuadamente. Hoy, el credit spread de México es más bajo que el de muchos países de Europa.

En la crisis de 1995, usted fue clave para dar asistencia a México. ¿Qué lecciones se pueden extraer de dicha crisis y aplicar a la actual?

Hay varias. Primero, se debe describir con honestidad la magnitud del problema. Mientras los políticos den perspectivas falsamente optimistas, las crisis no se resuelven. El mérito de Ernesto Zedillo y Guillermo Ortiz es que fueron muy francos al reconocer la seriedad de los problemas.

Segundo, para dar la vuelta a la crisis, se necesita un cambio estructural, y eso lo pudimos lograr movilizando ayuda a gran escala.

Tercero, la psicología de los mercados es crucial. Como decía el ex presidente Zedillo, si los mercados exageran, las políticas tienen que exagerar también.

Y la cuarta es que la comunidad internacional no puede esperar estabilidad financiera y prosperidad en cualquier país por encima de lo que desea el pueblo y el gobierno de ese país.

Estas lecciones tendrán que implementarse en Europa, en particular, la determinación de realizar cambios estructurales en lugar de una respuesta incremental.

Por ahora, estoy animado por lo que están prometiendo el primer ministro (Lukas) Papademos en Grecia, (Mario) Monti en Italia y (Mariano) Rajoy en España.

¿Cómo ve la relación bilateral actual entre México y Estados Unidos?

Creo que está en buena forma; hay un buen entendimiento entre el presidente Obama y el presidente Calderón. Creo que los asuntos particularmente espinosos involucran el tema del narcotráfico y la seguridad, pero veo que la cooperación va en aumento. Y también hay un problema migratorio que espero pueda resolverse en algún momento. Lamentablemente, debido a la política de nuestro lado, ha sido difícil de abordar.

¿Anticipa un segundo término de Obama?

Espero que sí. Anticipo avances en reforma migratoria y también en temas de seguridad.

¿Qué puede aportar México como anfitrión al G-20?

John Maynard Keynes habló de la importancia de decir verdades implacables. México, como anfitrión y como país que ha pasado por una crisis financiera, debe ser muy cándido sobre qué tipo de medidas van a funcionar y cuáles pueden sonar bien, pero son menos probables que funcionen.

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¿Tiene México el liderazgo que merece un reto como el que usted describe, sobre todo, dado los problemas políticos en EU y Europa?

Espero que sí, porque necesitamos liderazgo. Soy optimista. Al final, creo en lo que dijo John F. Kennedy: "los problemas de  los hombres son engendrados por los hombres", por ende, pueden ser resueltos por hombres.

DE LO MALO, LO MEJOR
A diferencia del entorno económico que enfrentó México en 1995, actualmente los países europeos afrontan un contexto mucho más complicado.
El dinamismo económico global en 1995 le permitió a México negociar, con relativa facilidad, un paquete de ayuda, y basar su recuperación en las exportaciones.
En contraste, las naciones europeas enfrentaron grandes obstáculos para conseguir apoyo económico y tendrán que buscar retomar su crecimiento en un mundo que gasta y consume menos.
Pero quizá la diferencia más importante sea que México pudo devaluar su moneda para reducir los precios internos, mientras que los países de la zona euro no cuentan con esta herramienta.
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