Un mundo irreconocible

La gran transformación está en marcha. La revolución digital y la convergencia de Asia con los países desarrollados voltearán lo que conocemos.
Alberto Bello García de Vinuesa

El vértigo de la incertidumbre de estos tiempos nos lleva a refugiarnos en las certezas de la estadística. Esperamos impacientes las previsiones de crecimiento, desmenuzamos las cifras de empleo, comparamos el valor de mercado de los IPOs más exitosos y nos excitamos comparando encuestas electorales. Pero ya nada de esto es suficiente para estar tranquilos respecto de lo que viene. Al contrario, con frecuencia nos pone en mayores aprietos porque los árboles no nos dejan ver el bosque del cambio global.

Vivimos hoy transformaciones que quedarán para siempre en los libros de historia y que marcarán a generaciones. A veces es mejor no levantar la cabeza, porque nos podemos marear. Una nueva revolución industrial, digital en este caso, ha alterado la forma en que vivimos y trabajamos; la emergencia económica de China saca a 300 millones de la pobreza pero provoca una crisis de empleo en el mundo en desarrollo; Europa vivirá dos años de recesión, y está por ver si el euro superará la prueba de una debacle que en algunos países llevará una década dejar atrás; Estados Unidos sale como puede de su enorme deuda -en manos de China- y su falta de competitividad. Industrias completas desaparecen del mapa mientras adolescentes que nunca oyeron hablar del debate entre capitalismo y comunismo hacen su primer millón con ingeniosas aplicaciones con las que aspiran a mejorar su popularidad en la escuela.

Ojalá pudiéramos permitirnos hacer una parada para tomar perspectiva sobre lo que está sucediendo, para saber si estamos en el lado ganador o en el de los perdedores, para entender cómo sacar partido de la situación y no quedarnos fuera de juego. O quizá para agarrarnos de la mano y no sentirnos tan perdidos.

Empresarios, políticos y académicos, junto con alguna celebridad en busca de certificado de conciencia global, se reunieron, firmaron o rompieron deals a puerta cerrada -el objetivo final de todo este pequeño circo-, discutieron tendencias, entendieron algunas de las cosas que están pasando o al menos admitieron su ignorancia al respecto.

En diciembre China habrá crecido 60% desde 2008 si se cumplen los pronósticos del Fondo Monetario Internacional (FMI), mientras que Europa y Estados Unidos no habrán crecido nada. Ése es el panorama general, con un crecimiento de 3.5% para México en 2012 si todo sale bien, con México en el lado de los ganadores, los países desarrollados. Aquí algunas pistas de lo que se habló en el Foro Económico Mundial de enero:

Europa. Merkozy (canciller Merkel + presidente Sarkozy) representa el liderazgo de la Europa de hoy, y no está funcionando. Por fin, dos años tarde, sus miembros entendieron la seriedad de la situación: los países comparten el lenguaje de la competitividad, los ajustes fiscales, la reforma laboral y la reestructura del sistema financiero pero tienen que poner más dinero en la mesa (cuanto más pongan, más barato será, les dijo México) si quieren resolver la crisis de liquidez.

China. La desaceleración para frenar los riesgos de calentamiento está siendo un éxito, y ‘sólo' crecerá 8%. Los empresarios e inversionistas chinos anuncian que seguirán dando prioridad a la inversión en los países emergentes -Latinoamérica por delante-, pero que se dirigirán a los desarrollados en busca de tecnología. Su reto: el manejo de imagen para frenar las reacciones antichinas cuando empiecen a comprar activos en todo el mundo, y la mejora de la cultura corporativa y el manejo transparente.

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La revolución digital. A mediados de la década de los 2000 la conectividad y el desarrollo tecnológico alcanzan un clímax cuyas consecuencias no podemos conocer hoy, pero una de ellas fue la crisis de 2008 (fruto de la aplicación de la tecnología al cálculo de riesgos y de la interconexión de los mercados), la subcontratación de empresas en China (offshoring), la desaparición de empleo manufacturero o la extinción de librerías y tiendas de discos o agencias de viajes.

Ante este panorama, ¿qué líderes necesita el mundo de hoy? Adaptativos, creativos, innovadores, con la capacidad de navegar en un mundo en transformación, capaces de liderar equipos multidisciplinarios.

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