Identifica la ruta

Sigue las megatendencias y sobrevive. La de las ciudades del futuro es una de ellas.
Paul Romer / Center for Global Development

"La mitad de la población del mundo vive en ciudades y en 2030 será 80%. En México, 72% de la gente vive en las ciudades y en 2030 será 90%. Sin duda, ésta es una megatendencia que impactará a todas las industrias. En este artículo, Paul Romer explica que ante el hecho inevitable de la migración urbana, las reglas y las tecnologías pueden ser compartidas y copiadas; pero cuando éstas se imponen antes de la llegada de los nuevos pobladores, se puede inducir un desarrollo sustentable". Cuauhtémoc Pérez Román

Las nuevas tecnologías ofrecen la posibilidad de elevar los estándares de vida al mayor ritmo en la historia de la humanidad. Pero esto sucederá solamente si nuestras reglas se mantienen al ritmo de nuestras tecnologías y de la red de interacciones humanas que hacen posible estas tecnologías. Si flaqueamos, no será por la escasez de recursos ni por falta de oportunidades tecnológicas; será por nuestra capacidad limitada para descubrir e implementar nuevas reglas.

Los habitantes de los países más pobres son quienes más sufren malas reglas. La clave para reducir la pobreza es hallar estrategias que hagan posible la adopción de reglas que ya han funcionado.

A finales de los años 70, muchos economistas se veían perdidos. Si los bancos centrales y los funcionarios electos no podían dominar la inflación, cómo promoverían un crecimiento económico sostenido. El Club de Roma encargó entonces el reporte ‘Los límites del crecimiento', que sostenía que la escasez de recursos causaría una caída catastrófica en los niveles de producción económica. Hoy, sabemos que ese informe ignoraba tendencias poderosas de largo plazo.

El poder de la tecnología

Las tecnologías son ideas sobre cómo disponer de objetos físicos; ideas sobre cómo generar electricidad, cómo transmitir electricidad a los hogares y empresas y cómo producir el foco que convierte la electricidad en luz. Una de las características fundamentales de la tecnología, que la distingue de los objetos escasos, es que podemos compartirla. El crecimiento se acelera cuando podemos intercambiar tecnologías con muchas personas. Por eso también las ciudades son importantes; son los lugares donde millones de personas se reúnen y comparten ideas. Esto implica que las economías en desarrollo que copian tecnologías existentes verán que sus estándares de vida alcanzan los de las economías desarrolladas.

Las nuevas tecnologías también requieren nuevas leyes. Hay un viejo dicho que debería actualizarse de la siguiente manera: "Si das pescado a alguien, lo alimentas por un día. Si le enseñas a pescar, destruyes otra zona pesquera". Durante el mismo periodo en que el acceso a la luz mejoró dramáticamente, también se han dañado enormemente los mares, porque la leyes no cambiaron al ritmo que lo hizo la tecnología pesquera.

Si las tecnologías son ideas sobre cómo organizar objetos físicos, las leyes son ideas sobre cómo estructurar las interacciones entre las personas. Al igual que las tecnologías, las leyes pueden compartirse e imitarse.

Así como pensamos en qué llevará al descubrimiento y a la implementación de mejores tecnologías, necesitamos prestar atención a los mecanismos que llevan a descubrir e implementar mejores reglas. No hay que pensar demasiado de dónde vienen las nuevas y mejores reglas, sino cómo se implementan.

Los países en desarrollo buscan crecer imitando tecnologías. Muchos gobiernos crean las condiciones apropiadas para la inversión extranjera directa, que a su vez aportará tecnologías controladas por empresas multinacionales. Pero una pregunta crítica y, hasta ahora sin respuesta, tiene que ver con el potencial de imitar reglas. ¿Qué tipo de mecanismos permitirá a los países en desarrollo copiar las reglas que funcionan bien en el resto del mundo? La experiencia económica de China ilustra tanto las ventajas de adoptar mejores leyes como las fallas al rechazarlas.

Hace 1,000 años, China era líder en producción económica e innovación; pionera en tecnologías como el acero y la imprenta. Sin embargo, se rezagó dramáticamente mientras que otros países descubrieron e implementaron nuevas tecnologías. En los años 70, el ingreso per cápita de los chinos era apenas 3% del de los estadounidenses. El evento más importante del último siglo es que en la década de los 80 -después de 1,000 años de estancamiento- China se puso al día y empleó mecanismos para copiar las buenas reglas del resto del mundo, especialmente de sus prósperos vecinos, como Hong Kong.

Las nuevas reglas

Los accidentes de la historia hicieron de Hong Kong un nuevo sistema de reglas políticas e institucionales en China. Los británicos administraban esta pequeña parte del territorio y muchos chinos optaron por las leyes que allí se seguían. Posteriormente, el gobierno chino estableció deliberadamente una ciudad cercana, Shenzhen, adoptando leyes de mercado similares a las del cada vez más próspero Hong Kong. Los administradores de Shenzhen eran responsables ante el gobierno chino, pero las reglas que ellos implementaban eran muy diferentes a las de otras ciudades chinas.

Especialmente, el hecho de que las reglas de Shenzhen permitían a las empresas, personas y tecnologías extranjeras trabajar y prosperar bajo las reglas de una economía de mercado. Muchos optaron por las nuevas reglas de Shenzhen, que muy rápidamente pasó de ser un área escasamente poblada a una zona urbana de aproximadamente 15 millones de personas.

Desafío en desarrollo

Las zonas económicas especiales de China demuestran el potencial para crear lugares totalmente nuevos, antes apenas poblados, y que podrían operar bajo reglas diferentes. El desafío para los países en desarrollo es hacer algo similar, impulsando cambios en las reglas dentro de sus sistemas de gobierno existentes.

Hay muchos lugares en las costas del mundo que podrían albergar ciudades de 10 millones de habitantes o más (una población similar a la de Hong Kong). Supongamos que los líderes de un país en desarrollo eligen un área deshabitada y crean un nuevo conjunto de leyes, permitiendo la opción voluntaria de vivir allí. El cambio de leyes de una nación obliga a los líderes a buscar un consenso por medio del convencimiento o la coacción. La opción voluntaria evita la necesidad de coerción o consenso y por lo tanto puede acelerar la  experimentación de nuevas reglas.

¿Cómo puede administrarse una nueva ciudad con nuevas reglas? Una opción es seguir el ejemplo de Shenzhen. La nueva ciudad puede ser un área autónoma con nuevas leyes administradas por un regente de la ciudad con fuertes poderes ejecutivos.

Otra opción es seguir el ejemplo de Hong Kong y crear una sociedad (de forma voluntaria) con uno o más países extranjeros. Como algunas naciones no tienen credibilidad para hacer compromisos a largo plazo con inversionistas en infraestructura urbana, podrían beneficiarse con una sociedad o un gobierno que pueda asumir estos compromisos. La buena gestión de una ciudad podría adoptarse para una organización de gobierno similar a la de los bancos centrales: independiente, pero con un ejecutivo fuerte y responsable. Esto facilitaría el financiamiento privado para infraestructura, la rápida urbanización y una transición económica mucho más rápida hacia la industria de fabricación y servicios.

Así como quedan muchas tecnologías por descubrir, también resta por encontrar leyes que lleven a la prosperidad. La clave está en encontrar las metaleyes que fomenten los cambios productivos en los sistemas jurídicos; el tipo de cambios que permitirá a los países pobres estar al mismo nivel del resto del mundo.

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Texto tomado de ‘Technology, Rules y Progress: The Case for Charter Cities', del investigador y analista Paul Romer.

www.cgdev.org/content/publications/detail/1423916

A FAVOR DE LAS CIUDADES AUTÓNOMAS
‘Charter Cities’ fue seleccionada por Harvard Business Review como una de las 10 ideas innovadoras que pueden hacer del mundo un mejor lugar. El artículo ‘Creando más Hong Kongs: Como las Ciudades Charter pueden cambiar las reglas para países en lucha’, de Paul Romer, compara las ciudades que nacen con reglas diferentes y mejores, a las iniciativas corporativas tipo skunkworks, proyectos especiales con autonomía. Aquí el resumen de las ideas más importantes:
“Conociendo qué tan difícil es transformar una empresa que tiene aversión al cambio, en ocasiones los directivos crean iniciativas autónomas, divisiones corporativas donde pioneros pueden construir algo nuevo. Un líder que empieza con una iniciativa autónoma exitosa, cambia a la empresa demostrando, no predicando. La tienda estadounidense Target es un buen ejemplo. Comenzó como una tienda de descuento de iniciativa autónoma y reinventó la compañía”.
“Transformar a un país es más difícil pero las reformas dramáticas mostradas en China muestran que es posible. Cuando los líderes chinos empezaron el proceso de reformas a finales de los años 70, podían apalancar en un activo especial: accidentes de la historia había convertido Hong Kong en una iniciativa autónoma del gobierno chino para la reforma institucional y política. El gobierno británico había administrado reglas que hicieron vivible la ciudad”.
“Después de la Segunda Guerra Mundial fue un lugar en donde millones de chinos podían encontrar trabajo, cosiendo camisas o fabricando juguetes; podían empezar a acumular dinero, habilidades que los hacían mercadeables; los hábitos y valores que sostienen la calidad de vida de una ciudad bien administrada. El éxito de Hong Kong mostró a Deng Xiaoping y a otros líderes chinos cómo traer urbanización, incentivos de mercado e inversión extranjera directa a la masa continental”.
“Las personas siempre encuentran difícil cambiar las reglas, incluso cuando las nuevas reglas son claramente mejores. Las Ciudades Charter pueden ser las pruebas que traigan un cambio sistemático a países enteros. Pueden dar a los millones de personas que pronto se moverán a las ciudades, reglas para alcanzar su potencial completo”.
Harvard Business Review / Febrero 2010.
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