La terminal informal

De manera ilegal, decenas de autobuses toman diariamente el Centro Histórico de la Ciudad de México. La poca claridad en la regulación y la falta de competencia en terminales camioneras son la causa.
1088 picf025a  (Foto: Adán Gutiérrez)
Feike de Jong

Como ballenas entre la muchedumbre, grandes camiones de pasajeros pasan entre puestos del enorme tianguis de La Lagunilla, en la Ciudad de México, escoltados en cada cuadra por un distinto ‘franelero', quienes gritan y gestionan para abrirles el paso. Los diableros que no logran rebasar el camión en la estrecha calle se arremolinan atrás de ellos, como si se tratara de un pequeño desfile en una tarde soleada, entre coloridas lonas. Los choferes desembolsan la propina a quienes les han abierto paso, cuadra tras cuadra.

"Aquí se paga todo, pero todo", comenta Feliciana Sánchez, una de las personas que organizan viajes de compra en el Centro Histórico para comerciantes de San Luis Potosí. Y tiene razón. Pagan a los estacionamientos que albergan las decenas de camiones que vienen de los estados a comprar a ese lugar y cuyos nombres resuenan como leyendas: Tepito, la Merced, La Lagunilla. Pagan a los federales que los paran en las carreteras del país. Y, hoy en día, algunos hasta tienen que pagar al crimen organizado.

Estos camiones se han establecido como verdaderas líneas de pasajeros que salen de, al menos, siete distintos estacionamientos del Centro Histórico, que operan como terminales informales. Son parte clave de las redes de comercio que se extienden de  la capital hacia los tianguis de provincia en Villahermosa, San Luis Potosí, Aguascalientes, Saltillo y Monterrey.

Todo en lo oscurito

Los camiones entran al centro desde el norte de la ciudad por la noche. Las calles están vacías y los fierros de los puestos son como huesos de los grandes mercados que llenarán estos espacios en las primeras horas del día. Los comerciantes de los camiones duermen en sus asientos. Uno de los vehículos se para y custodios abren el portón de un estacionamiento subterráneo en una de las orillas de Tepito. El camión baja por la rampa  hacia las entrañas de la ciudad.

El primero en salir es Jorge Salinas. Es alto, güero con el cabello gris, dientes chuecos y una sonrisa traviesa. Viene a comprar ropa. Entre los comerciantes, Tepito es el lugar para mercancía de importación. Acompañado por otros tres comerciantes, por razones de seguridad, Salinas va a comprar bermudas. "Viene la Semana Santa y los balnearios se llenarán". Se abastece en un puesto del mercado de Sonora, con mano veloz elige tallas y colores, hasta completar 40 ejemplares. Cada una de las bermudas que compra a 45 pesos, espera venderlas en San Luis Potosí a 120.

Viajes Hilda, El Príncipe Chilango y Viajes Rey son algunas de las empresas que se anuncian en puestos tubulares improvisados cerca de los estacionamientos. Alrededor de 70 camiones llegan al Centro Histórico cada día llevando comerciantes regionales a sus lugares de origen. Estimar el valor de la mercancía es casi imposible por su variedad, pero si se considera que el precio del viaje representa 10% del valor de la mercancía, de acuerdo con un líder de ambulantes que viajó desde Villahermosa, y que cada viaje redondo sale entre 600 y 1,000 pesos por persona,  cada comerciante gasta en un rango de 6,000 y 10,000 pesos en cada visita al Centro Histórico. Los camiones suelen llenarse a 90% de su capacidad (cada vehículo lleva 40 pasajeros), por lo que la derrama económica que hacen por día los comerciantes foráneos en los tianguis del centro es de entre 16 y 27 millones de pesos.

Ilegalidad sobre ruedas

Quien viaja por estos camiones se sumerge en el México informal, un sistema comercial lleno de corrupción e inseguridad que equivale a 60% del PIB del país, según la OCDE. Si antes el mayor freno a las ambiciones comerciales de los tianguistas foráneos era el miedo al caos y a la inseguridad en el DF, hoy en día, la inseguridad se ha extendido a provincia.

"Ahora la Ciudad de México es más segura que San Luis Potosí", comenta David Martínez, un comerciante viajero. En su giro, el de los discos pirata, los Zetas son quienes controlan los tianguis de San Luis Potosí y prohíben la venta de productos que no sean suyos. Martínez tiene que vender sus discos en la clandestinidad, no por miedo a las autoridades. Le teme más al crimen organizado.

En Villahermosa, un socio de una de las varias empresas de turismo que ofrecen sus servicios a este mercado fue asesinado por el mismo grupo delictivo hace cuatro meses, según cuenta en voz baja uno de los trabajadores de la empresa. "Parece tranquilo, pero todo está controlado y todos pagan cuotas", dice el empleado anónimo.

Los organizadores de los viajes hablan con desesperación de las cuotas que exigen los corruptos oficiales federales cuando detienen los camiones en la carretera: 200 pesos por parada como si fuera un peaje. Pueden llegar a ser detenidos hasta cinco veces en un viaje, dependiendo de su suerte.

Para los comerciantes, la misma inseguridad y la extorsión policiaca pueden ser razones para hacer viajes de compra en conjunto. A fin de cuentas, todos cooperan para las mordidas de los oficiales y es más difícil despojar a 40 personas en un camión de pasajeros que a dos en una camioneta.

Falta competencia

Un joven con camisa naranja de la línea El Príncipe Chilango se acerca a un transeúnte por la esquina de El Carmen y Apartado ofreciendo el viaje a Villahermosa por 350 pesos. Con otros 300 pesos es posible hacer el transbordo para llegar a Cancún. Los precios son negociables.

Los boletos salen baratos, alrededor de la mitad del precio de cualquiera que se compre en alguna de las cuatro terminales en la Ciudad de México (Central del Norte, Central del Sur, Central Tapo y Central de Autobuses Poniente). Conviene mucho a los comerciantes que las unidades lleguen directamente a Tepito; así no tienen que moverse en taxis o transporte público con bultos de mercancía. No hay límites explícitos en la cantidad de bultos que pueden llevar. A veces hasta tienen seguros de viajero. Y para los que traen mercancía ilegal, el plus es que no se registra al dueño del bulto. Si hay una revisión durante un retén, es difícil para las autoridades identificar al propietario.

Los camiones varían de calidad y de servicio. Muchas veces los baños están fuera de servicio. No son muy puntuales en sus horas de salida. Hay paradas continuas, según lo pidan los clientes, y los choferes no son los más profesionales del ramo.

Pero para los comerciantes un punto resulta clave: el precio. Según el reporte ‘Regulación y competencia en el autotransporte foráneo de pasajeros', realizado para la Comisión Federal de Competencia y la OCDE, los precios de los boletos de camiones en México son 10% más altos de lo que serían en un ambiente de plena competencia. Este dato refleja el hecho de que sólo cuatro empresas (Grupo IAMSA, Autobuses de Oriente -ADO-, Estrella Blanca y Grupo Senda) tienen más de 50% del mercado en sus manos, aunque agrupan muchas más marcas

"Este fenómeno refleja que la ley obliga a las líneas de camiones a tener una terminal, lo que implica una gran barrera de entrada para las empresas pequeñas", comenta Nelly Aguilera, investigadora del Centro Interamericano de Estudios de Seguridad Social, quien elaboró el reporte de la OCDE. "Además, las grandes empresas no dejan a las pequeñas usar sus terminales. Lo que sucede en el Centro Histórico es la respuesta de las empresas pequeñas a esta situación". Ni la empresa ADO ni la Cámara Nacional del Autotransporte de Pasaje y Turismo (Canapat) quisieron hablar con Expansión al respecto. 

Sánchez, de Amigo Tours, paga 9,000 pesos por la renta de un autobús, lo que incluye el sueldo del chofer, el combustible y las casetas entre San Luis Potosí y la Ciudad de México. Luego paga 1,200 pesos en el estacionamiento de Peña y Peña y un monto de entre 200 y 1,200 pesos en mordidas en la carretera. Si tiene 40 clientes de ida y regreso pagando 400 pesos por el viaje redondo, sale con una ganancia de 4,600 pesos (asumiendo el máximo cargo de sobornos) por viaje.

Cabe decir que camiones Ecobus y Cristóbal Colón, marcas de Autobuses de Oriente, también salen del centro al mismo precio que las empresas de turismo de compras en las rutas hacia Villahermosa, Tabasco, y San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. 

Las compañías que ofrecen los servicios a Tepito también están en una situación regulatoria enredada. Para ser empresa de autotransporte federal de cargo mixto se necesita una terminal y cumplir con un límite de carga para pasajeros, que es de 25 kilogramos. Y cuando uno está ofreciendo un servicio de turismo debe ofrecer, según el Reglamento de Autotransporte Federal y Servicios Auxiliares, cuando menos uno de los servicios complementarios relativos a hospedaje, alimentación, visitas guiadas y otros conceptos que formen parte de un paquete integrado por operadores turísticos. En este esquema, la ley no da ninguna indicación de un límite en la cantidad de bultos ni exige terminales, y el requerimiento es bastante vago y fácil de cumplir formalmente.

"La competencia es buena mientras todos estén sobre el mismo campo de juego, pero si estas empresas no cumplen con todos los requisitos, no es así", dice Horacio Alcocer, director de Planeación y Estrategia de Grupo Senda, la cuarta empresa de autotransporte más grande de pasajeros, quien comparte que la problemática de los estacionamientos en el Centro Histórico no se ha discutido aún en el grupo.

Las empresas operan como si fueran autotransportes de pasajeros federales de carga mixta bajo el escudo de operadores de turismo. Varios de los coordinadores de los viajes comentan que el pretexto de los policías federales para sacar sus cuotas en las carreteras siempre es ésta, de transportar carga en viajes de turismo. 

Es de esta manera que los impuestos que cobraría el Estado por medio de una factura, son cobrados por policías buscando sobornos para dejar pasar la falta de evidencias de compra legal. Los viajes de comerciantes como Salinas y Martínez simplemente para surtirse se están convirtiendo en una apuesta en la cual se puede pagar el último precio, y no a las autoridades, sino al crimen organizado.

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Por el estacionamiento de la calle de República de Bolivia uno de los vigilantes sentados sobre la banqueta cuenta que empezaron a recibir camiones hace cinco años, que la demanda está aumentando y que las rutas en todo el barrio se han multiplicado. Por la calle de González Ortega, una señora que vende fruta también se asombra del crecimiento de camiones de compra en el lugar. En la glorieta de Violeta, enfrente de la PGR, un trabajador que tiene 18 años ofreciendo sus servicios en una hojalatería se queja de que los camiones le estorban para trabajar. ¿Hay más ahora? Sacude la cabeza sentado sobre su banquito. "Conforme pasa el tiempo, crecen y crecen y crecen".

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