Las pirámides gubernamentales

Los sistemas de pensión son en su mayoría, por estructura, modelos que tarde que temprano terminan por sucumbir. Uno de los principales riesgos del futuro.
Pablo Peña

Hace unos días, una corte en Houston, Estados Unidos, declaró culpable a Allen Stanford por un fraude en pirámide por 7,000 millones de dólares. A este tipo de estafas también se les conoce como juegos de Ponzi, en honor a Charles Ponzi. A los interesados en las historias de Ponzi y otros grandes estafadores les recomiendo el artículo de Ron Chernow en The New Yorker ‘Madoff and his models' (marzo 23, 2009).

La parte mágica de las pirámides es que son autosostenibles. Mientras los estafadores encuentren a más gente que les crea, las pirámides pueden continuar indefinidamente. Entre más incautos haya, más crece la estafa. Y cuando eventualmente reviente, habrá más víctimas.

Tanto Bernard Madoff como Stanford hoy parecen historia. Pero las noticias sobre Europa vuelven a darles relevancia. El gobierno griego -como muchos otros gobiernos- creó una pirámide. Y ahora que esa pirámide reventó, es responsable de un fraude que les ha costado a sus acreedores una quita de poco más de la mitad de la deuda. A ese costo hay que sumarle el de los 240,000 millones de euros (MDD) de dos paquetes de rescate.

Los sistemas de pensiones con beneficios definidos son una forma de pirámide. Los jóvenes ponen recursos en una bolsa que se llevan los viejos. Cuando hay muchos jóvenes por cada viejo, todos están felices: como los jóvenes llegarán a viejos, a ellos también les tocará disfrutar de la pirámide.

Otra forma de pirámide son los programas de gasto improductivo financiados con impuestos generales. El gobierno puede mantener a muchos burócratas innecesariamente. Mientras más personas se incorporen a la fuerza laboral y paguen más impuestos, los ingresos fiscales van a ser suficientes para pagar esa nómina. Y los burócratas y quienes hereden sus puestos van a estar muy contentos.

El problema de las pirámides del gobierno es que el crecimiento poblacional se ha frenado. Cuando los esquemas de seguridad social fueron pensados, la población estaba creciendo vigorosamente. En México, el IMSS se creó en la década de los 40, cuando cada mujer tenía en promedio siete hijos. Hoy cada mujer tiene en promedio cerca de dos hijos. El número de jóvenes no va a alcanzar para que el juego de Ponzi continúe.

Todos los países han pasado o están pasando por una transición demográfica similar. Europa va mucho más adelante. Algunos países europeos ya tienen tasas de crecimiento poblacional cero. Los juegos de Ponzi están quedando al descubierto.

En los 90, México pasó de un esquema de pensiones con beneficios definidos a uno con contribuciones definidas. Ese cambio desactivó la pirámide pensionaria: los jóvenes ya no ponen dinero para los viejos. Cada quien pone dinero para su propia pensión. Pero las pensiones son sólo una parte del problema.

El pasivo de salud sigue ahí: cada vez habrá más viejos como proporción de la población total. Esos viejos van a vivir más tiempo, padeciendo enfermedades más costosas de atender. El IMSS y el ISSSTE se comprometieron a darles tratamiento y medicinas.

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Encima de ese compromiso ahora tenemos el del Seguro Popular. La recaudación y las contribuciones no van a alcanzar para cumplir esos compromisos en el futuro.

Aunque los gobernantes no buscan con dolo defraudar a la población -prometiendo lo que no pueden cumplir-, sí es con dolo que continúan sin anunciar las presiones que están por delante y sin hacer ajustes. Quizá tiene que ver con que en ningún lugar los gobernantes son sancionados por crear o sostener este tipo de pirámides.

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