La deprimida industria de EU

Empresas como Apple ya no ven ventajas para fabricar en su país. La innovación y la competitividad están afuera, consideran.
Charles Duhigg y Keith Bradsher / New York Times News Service

Cuando el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se reunió con las máximas luminarias del valle del Silicio durante una cena en California en febrero del año pasado, a cada invitado se le pidió que le formulara una pregunta al mandatario.

Pero cuando Steve Jobs, de Apple, habló, Obama lo interrumpió con su propia pregunta: ¿Qué se necesitaría para producir iPhones en EU?

No hace mucho tiempo, Apple se jactaba de que sus productos eran hechos en EU, pero en la actualidad pocos lo son. Casi todos los 70 millones de iPhones, 30 millones de iPads y 59 millones de otros productos Apple vendidos el año pasado fueron fabricados en el exterior. ¿Por qué ese trabajo no puede hacerse aquí?, preguntó Obama.

La respuesta de Jobs fue inequívoca: "Esos empleos no regresarán", dijo, según otro invitado a la cena.

La pregunta del presidente abordó someramente una convicción central en Apple. No es sólo que los trabajadores sean más baratos en el extranjero. Más bien, los ejecutivos de Apple creen que la enorme escala de las fábricas en el extranjero, así como la flexibilidad, la diligencia y las habilidades industriales de los trabajadores extranjeros han superado tanto a las de sus contrapartes estadounidenses y que "Hecho en Estados Unidos" ya no es una opción viable para la mayoría de los productos Apple.

La firma de la manzana se ha convertido en una de las compañías mejor conocidas, más admiradas y más imitadas en el mundo, en parte por un dominio inexorable de las operaciones globales. El año pasado, obtuvo 400,000 dólares en utilidades por empleado, más que Goldman Sachs, Exxon Mobil o Google.

Sin embargo, lo que ha desconcertado a Obama, así como a los economistas y los formuladores de políticas, es que Apple -y muchos de sus similares de alta tecnología- no está tan ávida de crear empleos en su país como lo estuvieron otras compañías famosas en sus buenos tiempos.

Apple emplea a 43,000 personas en EU y 20,000 en el extranjero, una pequeña fracción de los más de 400,000 empleados estadounidenses de General Motors en los años 50, o los cientos de miles en General Electric en los 80. Muchas más personas trabajan para contratistas de Apple: unas 700,000 personas adicionales crean, construyen y ensamblan iPads, iPhones y otros productos de Apple. Pero casi ninguna de las que trabajan en EU. Más bien, laboran para compañías extranjeras en Asia, Europa y otras partes, en fábricas en las que confían casi todos los diseñadores de electrónica para construir sus aparatos.

"Apple es un ejemplo de por qué es tan difícil crear empleos de clase media en EU ahora", dice Jared Bernstein, quien hasta el año pasado fue asesor económico de la Casa Blanca. "Si es el pináculo del capitalismo, deberíamos preocuparnos".

"Quiero una pantalla"

En el año 2007, un poco más de un mes antes de que el iPhone apareciera en las tiendas, Jobs llamó a un puñado de subalternos a una oficina. Durante semanas, había estado llevando un prototipo del aparato en su bolsillo.

Jobs mostró furiosamente su iPhone, inclinándolo para que todos pudieran ver las docenas de diminutos arañazos que cubrían su pantalla de plástico, según alguien que asistió a la reunión. Luego se sacó las llaves del bolsillo de su jeans.

La gente llevará este teléfono en su bolsillo, dijo. La gente también llevará sus llaves en el bolsillo. "No venderé un producto que se raye", aseveró tensamente. La única solución era usar cristal contra arañazos. "Quiero una pantalla de cristal, y la quiero perfecta en seis semanas".

Después de salir de esa reunión, un ejecutivo reservó un vuelo hacia Shenzhen, China. Si Jobs lo quería perfecto, no había a dónde más ir.

Durante más de dos años, la compañía había estado trabajando en un proyecto que presentaba las mismas preguntas cada vez. ¿Cómo reimaginas completamente el teléfono celular? ¿Y cómo lo diseñas con la más alta calidad -con una pantalla a prueba de arañazos, por ejemplo- mientras también te aseguras de que puedan fabricarse millones rápidamente y a suficiente bajo costo para obtener una utilidad importante?

Las respuestas

En sus primeros días, Apple regularmente no buscaba soluciones de manufactura más allá de su patio trasero. Pero para 2004, la empresa había recurrido, en gran medida, a la manufactura extranjera. Quien guió esa decisión fue el experto en operaciones de Apple, Timothy D. Cook, quien remplazó a Jobs como director ejecutivo en agosto pasado, seis semanas antes de la muerte de Jobs. La mayoría de otras compañías estadounidenses de electrónica ya habían ido al extranjero, y Apple, que en ese momento tenía problemas, sintió que tenía que aprovechar todas las ventajas.

En parte, Asia era atractiva porque los trabajadores semicalificados ahí eran más baratos. Pero eso no fue lo que impulsó a Apple. Para las firmas de tecnología, el costo de la mano de obra es mínimo comparado con el gasto de comprar partes y administrar cadenas de suministro que conjunten los componentes y los servicios de cientos de compañías.

Para Cook, la atención en Asia "se reduce a dos cosas", dice un ex ejecutivo de alto rango de Apple. Las fábricas en Asia "pueden subir y bajar la escala más rápidamente" y "las cadenas de suministro asiáticas han superado lo que hay en Estados Unidos". El resultado es que "no podemos competir en este momento", advierte el ejecutivo.

El impacto de esas ventajas se volvió obvio tan pronto como Jobs demandó pantallas de cristal en 2007.

Durante años, los fabricantes de teléfonos celulares habían evitado usar cristal porque requería una precisión en el corte y el pulido que era extremadamente difícil de alcanzar. Apple ya había seleccionado una compañía estadounidense, Corning, para fabricar grandes láminas de cristal endurecido.

Pero determinar cómo cortar esas láminas en millones de pantallas de iPhone requería encontrar una planta de corte vacía, cientos de piezas de cristal para utilizar en experimentos y un ejército de ingenieros de nivel medio. Costaría una fortuna simplemente prepararlo.

Luego, una oferta para el trabajo llegó desde una fábrica china.

Cuando un equipo de Apple fue de visita, los dueños de la planta china ya estaban construyendo una nueva ala. "Esto es en caso de que nos den el contrato", dijo el gerente, según un ex ejecutivo de Apple.

El gobierno chino había aceptado subvencionar los costos para numerosas industrias, y esos subsidios habían llegado a la fábrica de corte de cristal. Tenía un almacén lleno de muestras de cristales disponibles para Apple, libres todos ellos de costo alguno. Los dueños pusieron a disposición ingenieros casi sin costo. Habían construido dormitorios en el lugar para que los empleados estuvieran disponibles las 24 horas del día.

La planta china consiguió el trabajo

"Toda la cadena de suministros está en China ahora", dice otro ex ejecutivo de alto rango de Apple. "¿Necesita miles de juntas de goma? Están en la fábrica de al lado. ¿Necesitan un millón de tornillos? Esa fábrica está a una cuadra de distancia. ¿Necesitan que ese tornillo se haga de forma un poco diferente? Tomará tres horas".

Es difícil estimar cuánto más costaría construir los iPhones en Estados Unidos. Sin embargo, varios académicos y analistas de manufactura estiman que como la mano de obra es una parte tan pequeña de la manufactura de tecnología, pagar salarios estadounidenses sumaría 65 dólares al costo de cada aparato. Ya que las utilidades de Apple son a menudo de cientos de dólares por teléfono, producirlos en EU, en teoría, aún daría a la compañía un margen saludable de utilidad.

Pero esos cálculos son, en muchos aspectos, poco significativos porque fabricar el iPhone en la Unión Americana demandaría mucho más que contratar a estadounidenses; requeriría transformar las economías nacional y global.

Ejecutivos de Apple creen que simplemente no hay suficientes trabajadores estadounidenses con las habilidades que la empresa necesita o fábricas con suficiente velocidad y flexibilidad. Otras compañías que trabajan con Apple, como Corning, también dicen que deben ir al extranjero a probar mejor suerte con sus productos.

"Nuestros clientes están en Taiwán, Corea, Japón y China", señala James B. Flaws, vicepresidente y director financiero de Corning. "Podríamos hacer el cristal aquí, y luego embarcarlo, pero eso toma 35 días. O podríamos enviarlo por avión, pero eso es 10 veces más costoso. Así que construimos nuestras fábricas de cristal al lado de las plantas de ensamblaje, y ésas están en el extranjero".

Perdedores de la innovación

Hacia el final de la cena del año pasado de Obama con Jobs y otros ejecutivos del valle del Silicio, mientras todos se ponían de pie para partir, una multitud de buscadores de fotos se formaron en torno al presidente.

Un grupo ligeramente más pequeño se reunió alrededor de Jobs. Se habían difundido los rumores de que su enfermedad había empeorado, y algunos esperaban tener una fotografía con él, tal vez por última ocasión.

Eventualmente, las órbitas de los hombres se traslaparon. "No me preocupa el futuro a largo plazo del país", dijo Jobs a Obama, según un observador. "Este país es insanamente grandioso. Lo que me preocupa es que no hablamos lo suficiente sobre las soluciones".

En la última década, los saltos tecnológicos en energía solar y eólica, fabricación de semiconductores y tecnologías de pantallas han creado miles de empleos. Pero aunque muchas de esas industrias empezaron en Estados Unidos, la mayor parte del empleo se ha dado en el extranjero. Las compañías han cerrado instalaciones importantes en EU y reabierto en China. Como explicación, los ejecutivos dicen que están compitiendo con Apple por los accionistas. Si no pueden rivalizar con el crecimiento y los márgenes de utilidad de Apple, no sobrevivirán.

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Antes de que Obama y Jobs se despidieran, el ejecutivo de Apple sacó un iPhone de su bolsillo para mostrar una nueva aplicación -un juego de conducción de automóviles- con gráficos increíblemente detallados. El aparato reflejaba el suave brillo de las luces de la habitación. Los otros ejecutivos, cuyo valor combinado excedía los 69,000 millones de dólares, se disputaron una posición para mirar sobre su hombro. El juego, coincidieron todos, era maravilloso.

No había siquiera un rasguño en la pantalla.

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