India se abre con problemas

Entre presiones políticas y económicas, el gobierno busca atraer a Walmart, Ikea y Gap.
Vikas Bajaj / New York Times News Service

Cuando el ministro de Finanzas de India, Pranab Mujerjee, voló a Chicago hace poco para dirigirse a un grupo de ejecutivos estadounidenses, fue para transmitir un mensaje urgente: India sigue abierta a los negocios.

Mujerjee, un orador cauteloso que sólo ofrece promesas vagas, promovió con entusiasmo ofertas específicas de Nueva Delhi, donde el gobierno nacional está alarmado por la desaceleración repentina de la economía india.

Enlistó políticas en pro de los negocios que su gobierno aprobó recientemente o aprobará pronto: los inversionistas extranjeros privados podrán invertir en forma directa en la Bolsa de Valores de India, los minoristas especializados, como Gap, podrán abrir tiendas totalmente de su propiedad y pronto se dará entrada a las de mayor tamaño, como Walmart. Y, aunque Mujerjee no lo mencionó, bien pudo haber hablado de una propuesta que está considerando el gabinete para permitir que aerolíneas extranjeras compren cerca de 49% de sus similares en India.

"Los exhorto a aprovechar este momento y contribuir a nuestra prosperidad colectiva en los tiempos por venir", dijo Mujerjee a su público en el Consejo sobre Asuntos Mundiales de Chicago.

La oleada de actividad gubernamental ayudó a impulsar los índices accionarios de India en 15%, y la rupia subió 8% contra el dólar.

Los escépticos se preguntan, no obstante, si la política india realmente permitirá que Mujerjee y su jefe, el primer ministro Manmohan Singh, fuercen un cambio significativo en el proteccionismo retrógrado del país. Sin embargo, no hay duda de que tras años de confirmar en un crecimiento económico rápido, el gobierno finalmente está despertando a la necesidad de políticas públicas nuevas y de mayor inversión extranjera.

El cambio ocurre mientras los analistas y el banco central concluyen que el crecimiento -que fue de 8.4% o más durante gran parte de la última década- caerá a 7% en el año fiscal.

Los signos del nuevo arte de vender de Mujerjee marcan una diferencia notable respecto de su comportamiento, y el de otros funcionarios indios, durante gran parte de 2011, incluso mientras la economía se desaceleraba y ganaba ímpetu la inflación. Preocupados por un gran movimiento de protesta contra la corrupción y las riñas internas entre los políticos, los funcionarios tendieron a desestimar los datos negativos como poco importantes o como reveses temporales.

Focos rojos

Este año, los dirigentes empezaron a reconocer públicamente los problemas económicos del país.

"La desaceleración en el crecimiento fue un buen toque de atención para nosotros", dijo en una entrevista Kaushik Basu, el principal asesor económico del ministerio de Finanzas.

Aunque Basu notó que parte de la desaceleración se puede atribuir a los problemas económicos mundiales, los funcionarios reconocen ahora que "disminuyó la toma de decisiones, que disminuyeron las reformas", dijo.

Así, los funcionarios impulsan ideas que habrían parecido anatema apenas hace unos meses -incluida una propuesta para permitir que las aerolíneas extranjeras compren grandes intereses en India-. Mientras que los sentimientos nacionalistas han bloqueado desde hace mucho estas medidas, pareciera que las pérdidas considerables de algunas aerolíneas grandes, incluidas Kingfisher Airlines, Jet Airways y la paraestatal Air India, están forzando al gobierno a reconsiderar.

Ajit Singh, el nuevo ministro de Aviación, quien se integró al gobierno en diciembre, impulsa la propuesta de la inversión extranjera desde que una restricción de entrada de capital en Kingfisher, a finales del año pasado, la forzó a cancelar vuelos y retrasó el pago de salarios a pilotos y otros empleados. Muchos analistas dicen que es probable que la empresa, propiedad del magnate del licor Vijay Malya, quien también la administra, no sobreviva a menos que encuentre nuevos inversionistas.

Antes de que los problemas de Kingfisher se convirtieran en gran noticia, los funcionarios discutieron durante meses si se debería permitir que las aerolíneas extranjeras adquirieran intereses de 25%. Las normas actuales no permiten ninguna inversión de aerolíneas extranjeras en los operadores indios, aunque otros inversionistas extranjeros pueden poseer hasta 49%. Se espera que el gabinete indio considere pronto permitir que también las aerolíneas extranjeras inviertan bajo ese esquema.

En enero, el gobierno empezó a permitir que los minoristas vendieran una sola marca de productos, como Gap o Nike, para abrir tiendas totalmente de su propiedad, siempre que adquieran por lo menos 30% de sus bienes a artesanos indios y pequeñas empresas indias.

Mikael Ohlsson, director ejecutivo de Ikea, el detallista sueco en muebles y equipamiento, que espera desde hace tiempo abrir tiendas en India, se mostró reacio al requisito de 30% de inversión y expresó que la medida podría obligar a la compañía a postergar sus planes de inversión. Esto dio lugar a que el ministro de Comercio, Anand Sharma, se reuniera con Ohlsson en París, esperando despejar todas sus inquietudes.

No está claro cuán efectiva fue la reunión, ni cuáles fueron los incentivos que Sharma podría haber ofrecido. Sin embargo, según la versión gubernamental de la reunión, Ohlsson le dijo a Sharma que regresaría pronto a India para hablar con funcionarios. Un portavoz de Ikea no respondió el mensaje en el que se solicitaba su comentario.

Inversionistas y analistas dijeron que están animados por la decisión, a la cual siguió rápidamente el anuncio de Starbucks de que procedería con planes de larga data para entrar en India. Su incursión inicial, a finales de este año, será en una empresa conjunta con el conglomerado indio Tata.

Sin embargo, muchos observadores y especialistas dicen que no están convencidos de que los dirigentes indios puedan forzar grandes cambios, como la apertura de India a los detallistas de marcas múltiples, como Walmart, o la modernización de las políticas gubernamentales, que han prolongado la ineficiencia del mercado y de la agricultura al otorgar subsidios por 33,800 millones de dólares (MDD) anuales para alimentos, combustible y fertilizantes, por ejemplo.

Cambios necesarios

Los pasos que se han dado indican "cierto deseo de reformas económicas", dijo Mark Martyrossian, gerente de fondos en Tiburon Partners, una firma basada en Londres, que ha invertido en compañías indias. Sin embargo, pronosticó que el proceso será lento y penoso debido a "los intereses creados que están en juego".

Los escépticos apuntan el esfuerzo políticamente desastroso del gobierno a finales del año pasado para abrir el mercado minorista de India, de 500,000 mdd, a las compañías extranjeras.

Menos de dos semanas después de que el gobierno de Singh anunciara que admitiría a grandes minoristas como Walmart y Tesco, suspendió indefinidamente la decisión. El cambio ocurrió después de que un partido aliado -el Congreso Trinamool, liderado por Mamata Banerjee- amenazó con retirar su apoyo. Perder el respaldo de Banerjee podría haber obligado al gobierno a realizar nuevas elecciones nacionales más de dos años antes de lo programado. Banerjee y otros oponentes al plan minorista argumentaron que los grupos extranjeros dañarían a los pequeños comerciantes locales.

Los defensores, incluido el ministro de Finanzas Mujerjee, tuvieron problemas para defender su argumento de que los supermercados extranjeros ayudarían a los agricultores, que deben vender sus productos a una oligarquía de mayoristas indios.

"Va a ser realmente una batalla cuesta arriba convencer a los inversionistas que India es el lugar al que deben venir", expresó Eswar S. Prasad, un catedrático de Economía en la estadounidense Universidad Cornell, quien a menudo asesora al gobierno indio. "La sensación en este momento es que los caprichos de un político pueden fácilmente cerrar los brazos que se abrieron con grandes dificultades".

Prasad argumentó que India debe liberalizar aún más su economía y recibir inversionistas extranjeros, si toma con seriedad el refuerzo del crecimiento y la generación de más oportunidades para sus 1,200 millones de habitantes.

Surjit Bala, un economista y gerente de fondos en Nueva Delhi, quien ha sido crítico del gobierno, pronosticó que la economía en desaceleración y el déficit en aumento obligarán al gobierno a cambiar su enfoque.

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"Aprendieron la lección -dijo Bala-. No había sido tan optimista sobre India como lo soy ahora, no en mucho sino en muchísimo tiempo".

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