Japón ve a China con otros ojos

En la economía postsunami, el país nipón necesita capital extranjero para reactivar su economía, sin importar si viene de su rival regional.
Hiroko Tabuchi / New York Times News Service

El alcalde Shohei Muroi sabe lo difícil que es convencer a compañías nuevas de que inviertan en Aizu Wakamatsu, una agobiante ciudad industrial a sólo 96 kilómetros de la tristemente célebre planta nuclear de Fukushima, en el norte de Japón.

Así que en septiembre, Muroi hizo lo impensable. Voló a China para pedirle a un fabricante de maquinaria pesada, cuyo crecimiento ha sido muy rápido, que se establezca en su ciudad. Su acción fue un cambio total en un país más acostumbrado a enviar obreros a China que a reclutarlos para mudarse a Japón.

"Hemos llegado a un punto en el que ya no podemos crecer sin ayuda de fuera", advierte Muroi. "Ya sea que la sede esté en China o en Estados Unidos, queremos que por favor vengan a hacer negocios en Aizu Wakamatsu".

Se le podría denominar como el orden económico postsunami. El país nipón, otrora una central manufacturera conocida por sus exportaciones e inversiones en ultramar, confronta una nueva realidad.

Un año después de que la catástrofe natural y nuclear obligara a un cambio drástico en la economía japonesa -que ya languidecía tras años de despidos y cierres de fábricas-, el país se da cuenta de que debe hacer lo que durante mucho tiempo resistió: dar la bienvenida a los fabricantes extranjeros.

La nueva dinámica también significa un cambio en el poder regional. Una cantidad reducida, pero en rápido aumento, de capital extranjero proviene de su vecino en ascenso, China, que el año pasado superó a Japón como la segunda economía más grande del mundo y busca diversificar su enfoque empresarial orientado a las exportaciones.

Otras transacciones recientes con fabricantes chinos incluyen planes para una planta de plásticos en Tottori y una fábrica de maquinaria pesada en Kochi, ambas en el occidente de Japón.

"Los chinos empiezan a parecer salvadores", observa Kotaro Masuda, un economista del Instituto para el Comercio y la Inversión Internacionales, afiliado al gobierno, en Tokio.

"Cualquier inversión que consiga Japón es, básicamente, un logro", dice el economista. "De cualquier parte de la que provenga, porque significa más empleos, más ingresos fiscales, más oportunidades".

En febrero, el gobierno invitó a una delegación de 80 funcionarios de comercio y ejecutivos chinos a una gira. Japón pretende duplicar el flujo de inversión extranjera directa en la próxima década. Hay un interés especial en las tres prefecturas (jurisdicciones en las que se divide el país) que resultaron más afectadas por los desastres de marzo de 2011: Iwate, Miyagi y Fukushima, donde está Aizu Wakamatsu.

"Agradecemos muchísimo la inversión extranjera en la zona de desastre, la cual ayudará en la reconstrucción", dice el primer ministro Yoshihiko Noda.

Contra la tradición

La inversión directa de China en Japón aumentó 20 veces en cuatro años, a 314 millones de dólares (MDD) en 2010, según datos del ministerio japonés de Finanzas, aunque el porcentaje general de la inversión china en Japón sigue siendo reducido. Pero algunos expertos aseguran que la verdadera cifra es mucho mayor porque una gran cantidad de inversión china se hace vía Hong Kong y otras regiones.

La nueva apertura, si dura, requerirá que Japón rompa con décadas de medidas para desalentar la inversión extranjera, mientras la mayoría de los otros países desarrollados hacían todo lo posible para atraer capital extranjero.

Los impedimentos japoneses han incluido normativas relativamente estrictas, tarifas fiscales elevadas  y altos costos de operación, así como débiles incentivos gubernamentales, sin hablar de lo que observadores del exterior han descrito a menudo como una xenofobia declarada.

Según datos compilados por Naciones Unidas, Japón tiene uno de los niveles más bajos de inversión extranjera. La afluencia de inversiones extranjeras directas en el país fue sólo de 0.24% de su Producto Interno Bruto (PIB) en 2009 e, incluso, resultó negativa dos años después. En 2011, empresas de ultramar sacaron de Japón 2,300 MDD más de lo que introdujeron al país, según el ministerio de Finanzas.

Aún ahora, muchas de las compañías japonesas prefieren colocar su dinero en oportunidades de crecimiento en otros países antes que internamente. Las cifras muestran que la inversión neta externa de Japón alcanzó los 113,000 MDD, lo que acelera el vaciado de la industria japonesa, lamentado desde hace mucho por los gobiernos nacionales.

Es un desequilibrio peligroso, dicen economistas, particularmente desde que Japón batalla por revigorizar el crecimiento económico, proteger el empleo y mantener el nivel de vida.

Estudios recientes indican que, en el país asiático, los negocios extranjeros crean más empleos que los nacionales y tienden a conseguir una productividad más elevada.

"A todos les inquieta que las empresas japonesas se vayan al extranjero. Si ése es el caso, Japón debería equilibrar eso abriéndose más y más a la inversión extranjera", advierte Kyoji Fukao, profesor de Economía en la Universidad Hitotsubashi.

"Las compañías extranjeras que son lo suficientemente exitosas para pensar en venir a Japón, son altamente competitivas y productivas -dice-, lo que significa que invertirán, crearán empleos, pagarán salarios altos, generarán nueva demanda".

Esperanza china

Aizu Wakamatsu, la cuarta ciudad más grande de la prefectura de Fukushima con una población de 125,000 habitantes, ya se dio cuenta de que la industria nacional no es suficiente para sostener el empleo local. En el punto máximo de la crisis económica de 2009, una planta de semiconductores operada por Fujitsu, piedra angular de la economía local durante casi 40 años, anunció que eliminaría un tercio de sus 2,000 puestos de trabajo.

El panorama para los fabricantes japoneses sólo empeoró desde entonces. Las interrupciones por los desastres de marzo del año pasado y los resultantes apagones eléctricos, junto con un yen fuerte, han hecho bajar las ganancias y obligado a los exportadores a mover la producción a otros países.

Cuando Muroi regresó de China con un acuerdo manufacturero con el fabricante de equipo pesado Zoomlion, le dieron una bienvenida de héroe.

"Se podrían crear empleos con el acuerdo y revitalizar a Aizu", dijo el periódico Minpo de Fukushima en un editorial. "Es un rayo de esperanza".

Los chinos también están comprando compañías japonesas en apuros. La compañía china Haier compró el año pasado la sección de lavadoras y refrigerados de Sanyo Electric en 124 mdd. En 2011, por primera ocasión, la cantidad de fusiones y adquisiciones por parte de empresas chinas en Japón excedió las de negocios estadounidenses en el país.

Para las empresas chinas, aprender a ser atractivas para las demandas de los exigentes clientes japoneses podría ayudarlas también a refinar bienes y servicios para su creciente economía interna, por no mencionar hacerlas más competitivas mundialmente.

"Nuestro objetivo es hacer productos que satisfagan los estándares japoneses", declaró Zhan Chunxin, director ejecutivo de Zoomlion, en una rueda de prensa en septiembre de 2011. Se espera que la compañía establezca una oficina en Aizu Wakamatsu en abril y trabaje con un socio local para construir una pequeña planta manufacturera en la ciudad, para hacer camiones revolvedores de cemento para el mercado japonés.

Silicon Valley en Japón

Algunas personas en la zona de desastre se mostraron preocupadas porque las compañías extranjeras, con la ayuda de subsidios generosos, pueda frenar el renacimiento de los negocios locales. Sin embargo, el impulso primordial parece ser buscar ayuda de quien quiera esté dispuesto a brindarla.

En febrero de 2011, el gobierno central designó algunos distritos en las prefecturas de Iwate y Miyagi como "zonas especiales de reconstrucción", que ofrecen incentivos y exenciones fiscales para atraer a inversionistas nuevos. En Miyagi, se exenta a las compañías del pago de impuestos por cinco años.

Sin embargo, algunos de los subsidios más generosos podrían ser de Fukushima, la cual ha asignado 2,800 MDD a la industria, incluidos 370 MDD para distribuirlos entre empresas nuevas. "Somos la número uno en el país en cuanto a subsidios por ubicación", enfatiza el gobernador Yuhei Sato.

Una compañía a la que atrajeron los subsidios, Canadian Solar, que tiene fuertes vínculos con China, sostiene pláticas para establecer una fábrica de páneles solares en Miyagi o en Fukushima.

Las ciudades de provincia como Aizu Wakamatsu podrían ser cruciales en el esfuerzo de Japón por atraer inversión extranjera, asegura Shojiro Nakamura, consultor de Accenture. Los alquileres, así como otros costos, son más bajos en Aizu Wakamatsu que en Tokio. Además, la urbe posee mano de obra calificada, lo cual la hace una atractiva propuesta de inversión, explica Nakamura.

Sin embargo, el reto a largo plazo para Aizu Wakamatsu, advierte Nakamura, es crear empleos duraderos que no estén supeditados a los subsidios ni a los costos baratos. "Aún si las compañías se establecen aquí para aprovechar los subsidios -dice-, se volverían a ir una vez que ya no los haya".

Una iniciativa conjunta entre el ayuntamiento, una universidad local y Accenture está orientada a hacer de Aizu Wakamatsu un centro de investigación y desarrollo, una "ciudad inteligente" que funcione con energía renovable y apoye la generación de empleos de alta tecnología.

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Está bien la inversión de China, dice Nakamura, "pero, en última instancia, queremos parecernos más a Silicon Valley".

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