La fiebre del apocalipsis

La errónea interpretación de las profecías mayas puede dejar una derrama económica para los ‘vivos’ de los negocios.
Luis Miguel González

No me despierten para el fin del mundo, a menos que tenga muy buenos efectos especiales, dijo antes de morir el escritor Roger Zelazny.

No sabemos si ha llegado el momento de despertar al señor Zelazny. Murió hace 17 años y debe ser un tipo difícil de impresionar, considerando que sus obras de ciencia ficción le valieron varios premios Hugo. Yo no lo despertaría para que viera El día después de mañana ni tampoco esos bodrios que arrasaron la taquilla, como Armaggedon o Terminator II. Aprovecharía, quizá, para traerlo a la península de Yucatán o Guatemala en algún momento de 2012.

El programa del Mundo Maya espera atraer a 52 millones de turistas y generar 14,000 millones de dólares (MDD) mediante una serie de eventos gastronómicos, artísticos, arqueológicos y astronómicos. Se trata de una celebración o aprovechamiento turístico de las profecías mayas relacionadas con el final de un ciclo, según unos. O con el fin del mundo, de acuerdo con los best sellers.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia y los mayores expertos en la civilización maya no avalan esta interpretación apocalíptica, pero eso no importa. La fiesta ya comenzó. Habrá bodas masivas, rituales chamánicos, exposiciones, degustaciones, cruceros y excursiones arqueológicas.

La derrama beneficiará principalmente al sureste de México, Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador. Podemos compararla con los Juegos Olímpicos de Londres. La capital inglesa recibirá este 2012 a unos 587,000 turistas más de los que normalmente tiene en un mes de agosto, a cambio de una inversión en infraestructura cercana a 15,000 MDD.

Pero la comparación no es del todo apropiada. Los Juegos Olímpicos de verano ocurren una vez cada cuatro años, a menos que haya una guerra mundial. El fin del mundo es... otra cosa. Podemos discutir si estamos ante un caso de charlatanería o del cumplimiento de una profecía. Eso lo sabremos a fines de diciembre. Lo que no podemos negar es que estamos ante un fenómeno masivo cuyo contagio es impermeable a argumentos científicos o racionales. Algo va a pasar el  21 de diciembre de 2012, nos dicen los apocalípticos, porque ese día marca el fin de un ciclo de 144,000 días, llamado el 13 Baktun, que comenzó el 13 de agosto del año 3114 antes de Cristo.

Nos fascina hablar del fin del mundo porque nuestra vida cotidiana se ha vuelto tediosa, dice Roland Emmerich, director de cine que se especializa en filmes sobre desastres apocalípticos, como El día después de mañana.

Emmerich hizo una película sobre 2012 que recaudó más de 700 MDD en taquilla. "No creo en las profecías del fin del mundo, pero estoy consciente de que la historia va dirigida a un público que cree que esto puede ser posible -dice-. Lo más complicado es encontrar el balance entre el entretenimiento y el terror".

En la búsqueda de este "balance" entre el entretenimiento y el terror están, además de la industria del turismo, las editoriales y hasta algunas empresas inmobiliarias. Hay más de medio millar de libros sobre el tema. Un grupo estadounidense construyó búnkers para albergar a cerca de 4,000 personas en Arizona. El precio es de 50,000 dólares por adulto y 25,000 dólares por menores de edad. A pesar de la crisis económica (o gracias a ella) ha vendido casi toda su oferta. Esto no es un hecho aislado: un grupo de italianos construyó una miniciudad del fin del mundo en Xul, en la península de Yucatán. No se trata de un negocio, pero realizaron una inversión de varios millones de dólares para reconvertir una propiedad de 7,500 hectáreas en un refugio que tiene viviendas con paredes a prueba de radiactividad y reservas de comida para resistir varios meses.

Creo que la gente disfruta, sobre todo, sentir que sobrevivió a una gran tragedia, dice Emmerich. Por eso la promoción del Mundo Maya es un éxito... a menos que la profecía se cumpla.

El autor es director editorial del periódico El Economista.

Comentarios: opinión@expansion.com.mx

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