Los héroes de la sequía

México vivió durante 2011 la peor sequía en 70 años, pero algunos agricultores sacaron a flote sus cosechas e, incluso, aumentaron su productividad.
1092 picf024  (Foto: Alfredo Pelcastre / Monda Photo)
Marco Núñez

Es 1853 y 40 familias recorren en carretas el norte de México. Buscan un lugar donde establecerse, trabajar y criar a sus hijos.

En Chihuahua, a escasos kilómetros de la frontera con Nuevo México, la caravana encuentra un ojo de agua, un signo de fertilidad. Las familias descargan las carretas y fundan La Ascención, sin saber que en esa región el suelo y el clima no favorecen la agricultura.

El ojo de agua no trajo consigo la abundancia esperada y La Ascención fue una de las zonas más afectadas por la sequía de 2011, la peor en México en 70 años. La temperatura promedio es de 43 grados, pero esta primavera la naturaleza ha sido benévola y se respiran unos "agradables 38", dice el agricultor Johan Klassen.

Klassen es un menonita de origen canadiense, pero aclara que se considera mexicano. Durante la helada del invierno de 2010 y la sequía de 2011, demostró que el clima no es un pretexto para perder sus cosechas. Cosechó más trigo y sorgo que el año anterior, cuando aún llovía.

El agricultor de Chihuahua es uno de los ejemplos de los pocos campesinos que no sólo lograron sobreponerse a la sequía, sino también aumentar su producción en uno de los peores años recientes para el campo mexicano. Son auténticos héroes de la sequía que mostraron que hay maneras de no depender de lo que caiga del cielo.

Klassen, de 39 años, deja en claro que su estrategia no es atar su suerte a la lluvia, sino a lo que viene desde debajo del suelo. "Si no hay pozo de agua, no hay nada", dice, en su entrecortado español. Se dedica al campo desde los 14 años y hace cuatro que trabaja por su cuenta. A pesar de la sequía récord de 2011, lo recuerda como su mejor año. Un año antes, a finales de 2010, su cosecha de trigo tuvo un bajo rendimiento por la helada que afectó 98% de la siembra. Sólo pudo levantar 4.5 toneladas.

"Fue una época difícil, pero es aquí cuando uno tiene que saber qué hacer en el campo", dice Klassen.

En mayo de 2011, invirtió 200,000 pesos en herbicidas para sus 135 hectáreas de campo. Así, buscó hacer la cosecha más resistente a las plagas y evitar el crecimiento de plantas indeseadas, "ladronas de agua", que restan potencial de crecimiento al trigo, algodón, maíz y frijol. Además, usó agroquímicos para que la siembra fuera más resistente al estrés hídrico.

Ocho meses después, levantó 6.6 toneladas de trigo y 7.5 de sorgo, un total de 3.2 toneladas más que el año anterior.

Fenómeno global

La sequía no respeta fronteras, se puede presentar en todas las regiones y quienes más la sufren son aquellos países con prácticas agrícolas y ganaderas ineficientes, señala Cuauhtémoc Marmolejo, profesor de la materia de Cambio Climático y Uso de la Energía del Tecnológico de Monterrey. "Hay factores externos que influyen para que se sienta más fuerte y se dé con más frecuencia", explica. Por ejemplo: la deforestación y el malgasto de los recursos naturales que han alterado ciclos tan importantes como el del agua, del cual dependen la agricultura y la ganadería.

Durante 2011, sólo 7.6% del país estuvo libre de sequía y la falta de lluvias en 19 entidades provocó pérdidas de más de 15,000 millones de pesos (MDP) a causa de las hectáreas perdidas y la muerte de cabezas de ganado, explica Ricardo Morales, director general de Agroder, una empresa proveedora de servicios de consultoría para el campo.

La sequía no es exclusiva de México. En el sur de Estados Unidos, principalmente en Texas, causó pérdidas por 5,200 millones de dólares (MDD) y en Brasil  éstas sumaron 1,000 MDD. En Europa central, se estima que la producción agrícola caerá 18%. El sur de China vive la peor sequía en 50 años, que afectó los cursos medio y bajo del río Yangtsé y provocó falta de agua en 80% de la región.

En México, las pérdidas de maíz alcanzaron 9,000 MDP y en el caso del frijol -del cual se perdió 60% de la cosecha- fueron 6,000 MDP, según la Secretaría de Agricultura.

En Sinaloa, el principal productor de maíz en el país, se perdió la mitad de la cosecha, con un total de 100,000 hectáreas afectadas, dijo la Secretaría. Para compensar los cultivos que no germinaron o se perdieron por la falta de agua, se sembraron 40,000 hectáreas de maíz blanco en Tamaulipas y otras 144,000 hectáreas en Veracruz, Campeche, Oaxaca y Chiapas. Además, se perdieron 60,000 cabezas de ganado por la falta de alimento, equivalentes a 420 MDP.

Las cifras no reflejan las afectaciones totales que ha dejado la sequía, pues una cosecha perdida impacta en el resto de la cadena productiva. Afecta al agricultor, a los transportistas, a los comerciantes y al consumidor final. Además, muchas familias necesitan sus cultivos para alimentarse. "Eso es lo que se ha perdido de lo que ya existía en inversión física, falta ver lo que viene", advierte Morales.

Cada gota cuenta

En tiempos precolombinos, en Teotihuacán, Estado de México, se veneraba a Tláloc, dios de la lluvia y la fertilidad. De acuerdo con la tradición, dotó a la zona de tres ríos que desembocaban en el Lago de Texcoco, ahora prácticamente extinto.

Actualmente, la zona arqueológica es una área semidesértica, con poca agua y precipitación escasa. Esto no le importó a Bernardo Alanis, un economista de 33 años, que, motivado por su gusto por el campo, decidió hace tres años lanzarse como agricultor.

"Con la sequía, la gente busca otro tipo de cultivo que requiera menos agua", explica Alanis, quien apostó a la agricultura en invernaderos, pues permite tener más control de lo que se produce. Sumó la hidroponía, un método utilizado para cultivar plantas con soluciones minerales en vez de suelo agrícola.

La familia Alanis instaló 1,200 metros cuadrados de geomembrana, una lámina flexible usada para impermeabilizar rellenos sanitarios y reservas de agua, para retener la mayor cantidad posible del líquido.

Además, invirtió 1 millón de pesos en un invernadero de 1,500 metros cuadrados para producir entre 20 y 25 toneladas de jitomate por medio de riego por goteo. Un año después, recuperó lo invertido y en cinco años espera capitalizarse nuevamente para invertir en más tecnología.

La Universidad Autónoma Chapingo estudia la hidroponía desde 2002. La institución trabaja con sistemas hidropónicos para la producción de hortalizas, los cuales son de sencilla aplicación, bajo costo y permiten producir vegetales de rápido crecimiento y ricos en elementos nutritivos. Esaú del Carmen Moreno, profesor investigador del Departamento de Fitotecnia de esta universidad, explica que la hidroponía "es una alternativa, sobre todo para zonas con limitación de agua".

Estos sistemas basados en riego por goteo se instalan en invernaderos y combinan el uso de sustratos como el tezontle. La geomembrana, en combinación con la hidroponía y un buen manejo del invernadero, hace posible obtener rendimientos muy superiores a los que se obtienen en cultivos a cielo abierto. El jitomate, en condiciones normales, puede cosecharse semestralmente, pero al emplear técnicas hidropónicas puede producirse todo el año. En la agricultura tradicional, cada planta puede dar de 12 a 15 racimos por metro cuadrado, mientras que con la hidroponía este número se puede duplicar.

Los beneficios, explica el profesor Del Carmen, son principalmente un ahorro de 40 a 50% en agua y de 30 a 35% en fertilizantes.

Alanis está convencido de que la agricultura en invernaderos es la mejor alternativa ante la sequía, pues permite ahorrar hasta 50% del agua. En estos recintos, es posible administrar mejor el líquido por medio de bombas o tubos de irrigación. "Cuando te pega la sequía, pierdes mucho. En un invernadero el agua no te cae del cielo (proviene de la red de suministro o de la captación de agua pluvial), entonces el costo es diferente", señala.

Sin miedo a los transgénicos

Después de 20 años de sembrar granos, cebada, brócoli y maíz de forma ‘tradicional', Samuel Cruz decidió hace tres años tecnificar su cultivo e integró riego por aspersión. Los resultados se vieron de inmediato.

Desde hace tiempo, Cruz veía venir la sequía en Abasolo, Guanajuato. Dos décadas de experiencia le hacían notar que los mantos acuíferos se estaban agotando. La excesiva excavación de pozos, el mal uso de caños para llevar el agua e, incluso, el robo de líquido, combinado con la falta de lluvia, llevarían tarde o temprano a la escasez.

El agricultor invirtió 16,000 pesos para regar sus 50 hectáreas de tierra -antes sólo cubría 35-, e instaló una pequeña presa que capta el agua, tanto de lluvia como de mantos acuíferos, por medio de un sistema de presión. Éste rebombea el líquido y le permite ser más eficiente con su uso, ya que ahora sólo riega de noche, cuando el agua no se evapora y se aprovecha más.

Así, Cruz usa a diario la mitad del agua que solía emplear. Después de un año, su producción aumentó 15% y recuperó su inversión.

Sin embargo, el agricultor considera que la tecnificación sólo es el primer paso. La autorización de los transgénicos, cultivos polémicos porque sufren modificaciones genéticas, debería ser la siguiente etapa para el campo mexicano, asegura. "Es importante permitir los granos que son resistentes a la sequía", comenta Cruz.

Héroes ganaderos

Al igual que estos agricultores, algunos ganaderos también aprendieron a sobrevivir a la peor sequía en siete décadas. Necesitan granos y pastizales para alimentar a sus reses, pero la sequía no permite que crezcan y lleva a que incrementen sus precios.

A mayo de este año, la industria perdió alrededor de 70,000 cabezas y 600,000 más están en riesgo. Su salida ha sido la exportación. La Asociación Mexicana de Engorda de Ganado salió a buscar mercados que consumieran cortes de carne similares a los que se producen en México y los encontró en Estados Unidos, Rusia, Japón y Corea. Logró exportar más de 1.4 millones de cabezas de ganado, que de otra forma hubieran muerto de hambre y sed.

La sequía afectó a todas las empresas de la cadena agroindustrial, a comercializadores de grano, semillas e insumos para el campo, a empacadoras, transportadoras y procesadoras de alimento, detalla Miguel Marón, titular de la Subsecretaría para la Pyme de la Secretaría de Economía.

El gobierno asegura que ayudó a al menos 1,600 empresas afectadas por la sequía, con 200 MDP. "No se puede permitir que los negocios desaparezcan de un día para el otro", dice Marón. Pero en mayo, Durango, Zacatecas, Chihuahua, Aguascalientes y San Luis Potosí solicitaron que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público destinara una ayuda extraordinaria de 15,000 MDP a un fondo para contingencias climáticas. La Cámara de Diputados lo aprobó, pero faltaba su paso por el Senado.

Mientras tanto, Agricultura propuso cultivar productos que demanden menos agua, eliminar el ganado improductivo de los agostaderos y avanzar en la construcción de infraestructura hidroagrícola.

Desde el campo, hay quienes consideran insuficientes los apoyos oficiales. Gregorio Villarreal, propietario de Agropak, proveedora de sistemas de riego y equipos para reproducción en ranchos, perdió 60 animales en los últimos tres meses. "Si el gobierno no actúa rápido, pronto no va haber nada", dice. "Estamos en una situación critica".

Futuro incierto

"A mediano plazo, la sequía va a acabar", señala el doctor Oliver López, catedrático del Tec. "Sin embargo, debemos tener claro que este fenómeno se va a repetir y, por cuestiones del cambio climático, serán más cercanas unas de otras, más continuas e intensas".

Durante el primer trimestre del año, se acumularon casi 64 milímetros promedio de lluvia en todo el país, lo que representa 10% más que la media de 58 milímetros de 2010, según el Servicio Meteorológico Nacional. Sin embargo, en el noroeste del país la situación no mejoró. Sinaloa, por ejemplo, enfrentó su noveno periodo más seco desde 1941, al recibir apenas 6.4 milímetros de lluvia en esos tres meses. En Sonora, durante el mismo periodo cayeron solamente 14.6 milímetros de lluvia, es decir, casi 70% menos de lo usual. En Chihuahua, Durango, Baja California y Baja California Sur también hubo déficit en los primeros tres meses del año.

En mayo, las lluvias en Chihuahua, Zacatecas, Coahuila, San Luis Potosí y Durango fueron entre escasas y ligeras. Pero el pronóstico para mayo, junio y julio de la Secretaría de Medio Ambiente y el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua anunció sequía en la península de Baja California y condiciones normales en el resto del país.

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En este entorno cambiante, los héroes de la sequía -como Johan Klassen en Chihuahua o Samuel Ruiz en Guanajuato- se muestran confiados de poder enfrentar lo que venga. Creen que hay que apostar a la tecnología y prometen seguir trabajando sin importar lo que suceda. La decisión de producir yace en sus manos, no en la lluvia que se niega a caer. "No perdemos la fe, espero que en un mes y medio estemos hablando de otra cosa", concluye Ruiz.

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