Un sexenio a medias

Las autoridades se centraron en hacer más productivas las pymes, pero se les olvidó que la competitividad es sistémica.
Xavier Ginebra Serrabou

Los dos sexenios panistas en materia económica serán conocidos, ya no como la docena trágica, pero sí tal vez como las administraciones del "estancamiento estabilizador." Junto a la tragedia de la absurda guerra en contra del crimen organizado, las cifras en materia económica son un juez terrible: al lado de la tan cacareada estabilidad económica (poco déficit fiscal, estabilidad de precios, alrededor de 150,000 millones de dólares (MDD) de reservas, bajas tasas de interés), loable por otro lado, anunciada por activa y por pasiva por los políticos salientes, la "otra" cara de la moneda, Main Street, la gente de la calle, ha quedado muy insatisfecha.

Un termómetro de la situación económica real es la política de competencia. Un país donde existe una vigorosa rivalidad entre sus empresas logra, a la larga, mejores y sostenidos niveles de vida, como ha señalado el gurú de la competitividad Michael Porter, en La ventaja competitiva de las naciones. Sólo un incremento de la productividad incrementa el poder adquisitivo de las personas. Además, la competencia permite mejores productos y servicios y a precios más baratos para los consumidores.

Si acudimos a las evaluaciones de los organismos internacionales, como el Foro Económico Mundial (WEF), al igual que en materia educativa, México no aprueba el examen. El WEF ubicó a México en su reporte 2009-2010 en el lugar 89 de 133 países en cuanto a eficacia de sus órganos antimonopolios y en el lugar 116 de 133 en cuanto a dominancia en sus mercados. No cabe duda: México es el paraíso de los monopolios.

Hace poco estuvo en México el premio Nobel Paul Krugman. El gurú de economía comentó que "respecto a los elementos que detienen el avance de México están el crimen y la inseguridad, que es lo más obvio. No deberían  estar ocurriendo y claramente se debería estar trabajando en (contra) ellos".

Krugman asegura algo sobre cuya idea deberíamos reflexionar: las llamadas reformas estructurales no son necesariamente la solución de todo, ni mucho menos la única posibilidad de hallar una salida.

La respuesta debería lograr el estímulo para la clase media a través de la eliminación de los monopolios, el fomento de la competencia, el crecimiento del mercado interno y la facilidad para una recaudación fiscal lógica, sencilla, masiva y universal.

En México tenemos el índice de productividad más bajo de la OCDE: cinco mexicanos hacen lo que un irlandés. En eso tiene razón Krugman. Con lo que no se va resolver lo que Krugman señala es con decisiones como la gran mayoría de multas impuestas por la CFC durante la administración saliente.

Si la CFC  siempre se queja de su falta de presupuesto, lo primero que debe hacer es acotar sus investigaciones a las prácticas anticompetitivas relevantes para el país, no en las pyme mexicanas. Para éstas no hay crédito, ni capacitación, ni asesoría de parte del gobierno. No olvidemos que las pymes son las que sacan adelante a un país, no los grandes tiburones empresariales.

 Es necesario -como señala José Luis Calva- que los diseñadores de políticas públicas se percaten de que el logro de la eficiencia competitiva no es cuestión de simple voluntad de los empresarios. Cada uno quisiera ser el mejor del mundo en su respectivo campo; conseguirlo requiere muchas precondiciones que escapan a las decisiones individuales. No se vale que un gobierno de baja eficiencia exija a los empresarios que se coloquen a la cabeza de la eficiencia y la competitividad mundial, sin que el propio gobierno se comprometa a realizar sus propias funciones en el desarrollo económico. La competitividad es sistémica (Esser, Hillebrand, Mesner y Meyer-Stamer).

En este sexenio, el gobierno y la CFC echaron toda la carga sobre las empresas para la mejora de su eficiencia, pero se convirtieron en un obstáculo más. "Cúmplase la voluntad de Dios, pero en los bueyes de mi compadre".

Máster y doctor en Derecho de la Competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del área de Competencia y Consumidores del despacho Jalife y Caballero.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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