“Contexto mundial agresivo e inestable”

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Julio A. Millán B., presidente de Consultores Internacionales

El mundo está en un momento crucial de su historia económica, que afecta los campos sociales, políticos y ecológicos. Hay una crisis sistémica del sistema financiero y esto crea oportunidades y riesgos para el próximo gobierno, porque el año 2013 se presenta como uno de los más difíciles.

El escenario mundial que enfrentará México es de incertidumbre, volatilidad y profundas transformaciones en materia de liderazgos económicos. El mundo ha tenido un cambio veloz y dramático de líderes. Sólo en 2012 la mayor parte de las grandes potencias ha cambiado a sus gobernantes. Esto representa nuevas orientaciones en la economía global y abre cuestionamientos sustantivos en cuanto a la continuidad de un mercado libre sin proteccionismo, de un uso racional energético, de una restructuración seria del sistema financiero, de una reorganización de los mecanismos de acuerdos mundiales, no solamente a través de foros de voluntarismo político, sino a través de acuerdos obligatorios y comprometedores.

En el contexto internacional, se ven de corto plazo muchos detonadores. Entre ellos, está el conflicto europeo: Grecia es sólo el primer país con problemas pero en la lista de espera están España, Italia y Portugal, como también la frágil economía estadounidense. Todo, bajo el peligro latente de una segunda recesión mucho más severa que la primera -que no sólo dé fin al proyecto de una moneda única, sino que fracture la Unión Europea como potencia económica-, podría desencadenar una serie de reacomodos del poderío económico a favor de las economías emergentes en Asia -en especial China- y en América Latina. El mundo se enfrentará a un nuevo panorama de bipolaridad hegemónica, pero ahora de potencias militares y económicas: Estados Unidos y China.

México requerirá transformaciones estructurales y tiene que acomodar su economía en un contexto mundial agresivo e inestable. Se requiere cirugía de fondo, lo que obliga al próximo gobierno a tener clara la ruta y, sobre todo, los mecanismos de ejecución, con los hombres y mujeres más capaces y patriotas, que tengan el bienestar social como objetivo central.

En esta cirugía, se requerirán reformas del Estado, cambios en políticas energéticas, laborales, educativas y hacendarias y, en especial, un verdadero cambio en el ejercicio de la justicia para neutralizar la impunidad, la corrupción y la irresponsabilidad social.

El próximo gobierno debe focalizar una política dinámica de promoción industrial, de conocimiento e innovación, de infraestructura, de promoción de las vocaciones económicamente competitivas, como son el turismo, la agroindustria y la minería, sin olvidar una ruta al mar como detonador de cambio.

A su vez, debe impulsar su participación en la Cuenca del Pacífico, promover los tratados de libre comercio de segunda y tercera generación y solucionar problemas que son bombas de tiempo, como las pensiones, y el ataque frontal a la pobreza y a la informalidad, a través de la generación de empleos.

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El próximo presidente o presidenta deberá tener una política exterior clara y definida, retomar el liderazgo político en temas trascendentales para las próximas décadas como el ordenamiento financiero mundial, la seguridad alimentaria, una matriz energética, el cambio climático, la migración y la neutralización a la globalización del crimen organizado.

La tarea no es fácil, pero es una gran oportunidad de llevar a México en el siglo XXI a ser uno de los protagonistas del desarrollo, la paz, la justicia y la grandeza.

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