Asesino de gigantes

El creador del McLaren Fórmula 1 quiere transformar el diseño de autos pequeños. La industria lo ve con desdén.
autos trafico  (Foto: Reuters/Luke Macgregor)
Edward Robinson / Bloomberg

La búsqueda de Gordon Murray por reinventar la industria automotriz comenzó en un embotellamiento. El legendario ex diseñador de autos Fórmula 1 circulaba en su coche en 1993 cuando quedó atascado en el tráfico de Londres. Rodeado de sedanes que consumían grandes cantidades de gasolina, se prometió que algún día inventaría automóviles pequeños y eficientes que acabarían con el congestionamiento y serían objetos de diseño.

Diecinueve años más tarde, en una nublada mañana, abre la puerta de metal de un taller del tamaño de un gimnasio ubicado al sur de Londres y, con una sonrisa paternal, dice: "Ahí está".

Los automóviles urbanos con forma de cubo diseñados por Murray, estacionados en el taller, parecen juguetes gigantes: con 2.4 metros de largo, son 27.5 centímetros más pequeños que el Smart de Daimler AG. Se trata de dos modelos: el T.25, que dispone de 51 caballos de potencia y un motor de tres cilindros, y el T.27, que carga un motor eléctrico de 25 kilovatios.

Murray diseñó estos prototipos en una apuesta audaz por cambiar el sistema de ensamblaje, diseño y venta de automóviles de los últimos 100 años. Frente a un contexto en el que el precio del petróleo está al alza y las leyes de emisión de carbono en Europa y EU son más estrictas, los fabricantes de autos pequeños están abrumados por lo que Murray llama un sistema caro y antiguo de transformación de láminas de acero en vehículos.

Las automotrices han perdido grandes cantidades de dinero en el diseño de automóviles pequeños porque tienen que invertir el mismo capital en el trabajo metálico para la fabricación de un compacto barato, que para un sedán de lujo.

"Esencialmente, quiero acercar la tecnología de la Fórmula 1, con todas sus ventajas, al conductor cotidiano", dice Murray, quien parece salir de un túnel de viento con su revuelta mata de pelo encanecido.

La innovación

Murray, que rechaza las computadoras y diseña a mano, fabrica sus autos con un material compuesto liviano. Esto le permite no tener que usar robots y maquinaria para aplanar y soldar las cerca de 300 piezas de metal de la carrocería de un auto común. Mientras las automotrices están desarrollando modelos para emplear materiales más livianos y menos acero, Murray quiere que los fabricantes hagan sus vehículos con la menor cantidad de metal posible.

La gran innovación de este diseñador fue encontrar una manera de fabricar automóviles urbanos en dos pasos en lugar de los cinco que tradicionalmente se usan en la industria. Su sistema iStream forma un chasis con materiales compuestos y luego instala los componentes y los une con paneles hechos de botellas recicladas de plástico. Así elimina tres pasos: el aplanado, el soldado de las partes y el proceso de resistencia a la corrosión.

Un fabricante podría construir una planta iStream para producir 100,000 autos al año con 85% menos de capital que el destinado para las plantas convencionales, dice Murray. Además: una fábrica iStream sería dos tercios más pequeña que una convencional y consumiría 60% menos de energía.

Si bien la visión de Murray podría sonar quijotesca, ha quedado demostrado a través de los años que es una de las mentes más creativas de la Fórmula 1. Hombre racional, amante de las camisas coloridas y floreadas y de los primeros discos de Bob Dylan, Murray introdujo compuestos y otras innovaciones para mejorar la velocidad en las carreras durante los años 70 y 80. Pilotos famosos como Ayrton Senna, Nelson Piquet y Alain Prost ganaron varios campeonatos con sus autos (3, 3 y 4, respectivamente).

Murray ha tenido esta pasión por los autos desde que jugaba con bloques en el garaje de su casa de Durban, Sudáfrica. Su padre, Bill, corría carreras de motocicleta y trabajaba como mecánico de Peugeot. Gordon construyó su primer auto a los 20 años, con el cual triunfó en varias competencias.

Luego de estudiar ingeniería mecánica en Natal Technical College, se fue a Inglaterra en 1969 y encontró un trabajo como diseñador junior en Brabham, una escudería de carreras. Con poco dinero, dormía en el piso de un departamento de Londres y trabajaba 14 horas al día. En 1972, el dueño de Brabham y futuro jefe máximo de la Fórmula 1, Bernie Ecclestone, sorprendió a los equipos rivales al nombrar al joven de 26 años como su diseñador en jefe.

El sentido común intuitivo de Murray se hizo evidente en el diseño de sus automóviles. En 1979 fue el primer ingeniero en dejar de lado el aluminio y construir un chasis hecho completamente con fibra de carbón. En 1981 diseñó la suspensión hidroneumática que permitía bajar a menos de un centímetro de la pista a alta velocidad para amplificar la carga aerodinámica de su auto, lo cual ayuda a que los neumáticos se adhieran al piso y que las curvas se tomen de manera más segura.

Los equipos rivales protestaron porque el sistema violaba una prohibición referida a los dispositivos operados por el conductor para maximizar el efecto aerodinámico. Murray los refutó explicando que era la física lo que hacía que el auto bajara. Las autoridades de Fórmula 1 le dieron la razón.

Para mediados de los 90, Murray abandonó la Fórmula 1, donde había trabajado para McLaren F1, y empezó a diseñar proyectos más inusuales. Con la idea de construir su propio autocine, reforzó el granero de su finca con vigas de acero y luego desmanteló un Cadillac rosa convertible 1959. En el interior del granero, rearmó el auto clásico sin su motor ni suspensión. Bajo un techo salpicado de luces que imitan las estrellas, él y sus amigos veían películas en una pantalla de nueve pies sentados en el Caddy.

Mientras tanto, en su oficina, trabajaba en un proyecto más práctico: un auto urbano. Se inspiró en el Fiat 500 y en el Mini Cooper, dos compactos de moda en los 60. Después de que McLaren se negara a producir su nuevo automóvil, Murray reunió a 27 de sus ingenieros y a otros empleados y fundó su propia firma en 2004. "Quería crear el próximo vehículo urbano icónico", dice Murray. "Pero después descubrí que no se ganaba dinero haciendo autos pequeños. Entonces me puse a reinventar una línea de ensamblado para reducir costos".

Dentro de su taller de Gordon Murray Design en Shalford, Inglaterra, algunos ingenieros trabajan en el prototipo para un camión hecho de material compuesto de 3.2 toneladas para ser usado en África. Sobre el piso yace un modelo del interior del T.25 esculpido en madera. Cerca de allí, se ve un motor brillante sobre una rejilla de metal, que se parece a una pieza de arte moderno. De entre las herramientas eléctricas, Gordon Murray toma una pieza de dos centímetros de espesor de material compuesto, una lámina negra de papel texturado como panal de abeja y plástico de policarbonato aplanado entre dos láminas de fibra de vidrio.

El ingeniero usó una prensa industrial para dar forma a las distintas piezas de este compuesto y las pegó a un marco tubular de acero. Esta estructura constituye el chasis sólido que soporta el motor, el interior y otros componentes del T.25, que pesa mucho menos que el Mini Cooper. Al igual que en  sus autos de F1, Murray ubicó al conductor en el centro de una cabina con forma de burbuja y los asientos de pasajeros están en la parte de atrás. En lugar de puertas laterales, el techo se abre como una concha para permitir el ingreso al auto. 

A cazar contratos

Una tarde de mayo, Kevin Doyle, director de Desarrollos de Murray, llama la atención de los peatones que, divertidos, ven cómo el T.25 sortea el tráfico pesado del área de Kensington, en Londres. Está a punto de meterse en un espacio entre la banqueta y un autobús cuando un Mercedes-Benz se atraviesa frente al T.25. "Pude haber pasado por ese espacio, pero el Mercedes era demasiado grande", dice riéndose.

El T.25 se venderá en Europa en 8,678 euros (11,000 dólares), pero, por lo pronto, Murray no ha podido registrar el desempeño de su "obra" en las calles de la ciudad. En lugar de encargarse de la producción, tiene planeado ofrecer la licencia de fabricación del iStream a compañías por un arancel considerable y un porcentaje por la venta de cada unidad que salga de la línea de ensamblado.

La empresa de Murray, que capta sus ingresos como consultor de diseño de automotores, ha invertido 30 millones de libras (51 millones de dólares) desde 2007. Obtuvo 12 millones de dólares de ganancias con el fondo de inversión Mohr Davidow Ventures y 4.5 millones de libras con Technology Strategy Board, un grupo de investigación financiado por el gobierno británico para desarrollar prototipos.

Si bien Murray ha tenido reuniones con 10 compañías automotrices y cinco de otras industrias, hasta mediados de mayo no había firmado ningún contrato.

Las empresas automotrices posiblemente se nieguen a adoptar la visión de Murray, ya que luchan por lograr ganancias a partir de sus plantas existentes, dice Maryann Keller, consultora independiente de la industria con sede en Stamford, Connecticut. "Muchas automotrices están en dificultades financieras en este momento. Por lo tanto, no pueden afrontar la transición hacia algo diferente que implicará cambios inmensos en sus inversiones de capital", añade.

Sin embargo, Murray asegura que las empresas automotrices no tendrán demasiadas opciones, ya que los entes reguladores están tomando medidas drásticas con respecto a las emisiones. Para 2015, los fabricantes europeos deben garantizar que 100% de sus autos nuevos cumplan con los límites de emisiones de gases de efecto invernadero o, consecuentemente, las autoridades de la Unión Europea los sancionarán por cada gramo de exceso de carbono. Estados Unidos, por su parte, está en proceso de imponer nuevos estándares de dióxido de carbono.

"Hay límites sobre lo que puede hacer un motor de combustión y estamos cerca de ese límite. Por lo tanto, la parte siguiente de este proceso será reducir el peso de los materiales", considera David King, director de la Smith School de Empresa y Medio Ambiente de la Universidad de Oxford.

"Lo innovador en el trabajo de Gordon es la unión efectiva de estos materiales con enormes beneficios financieros. Ha desarrollado un sistema de fabricación completamente nuevo", añade.

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Con iStream, Murray ha desarrollado un sistema para que los fabricantes hagan autos únicos, de manera eficiente, adecuados para un mundo multitudinario y con problemas de energía.

Pero si las automotrices decidieran dejar pasar su creación, Murray está apostando a otros participantes deseosos de intentar romper el statu quo. "Me estoy enfrentando a una industria monstruosa, pero sé que (mi creación) va a funcionar", asegura Murray, parado al frente de un mural que muestra sus exitosos autos Fórmula 1. "Me encanta la idea de ser un asesino de gigantes".

LOS GRANDES DETALLES DEL T.25
Gordon Murray incorpora la tecnología de la Fórmula 1 en su vehículo de ciudad.
* Los paneles plásticos pueden cambiarse por 38 dólares.
* Para ingresar, el techo reemplaza las puertas laterales.
* El asiento del conductor en medio deja espacio para tres adultos atrás.
* Palanca de cambio al estilo Fórmula Uno.
* El parabrisas con forma de burbuja permite una visión panorámica.
* El motor de 3 cilindros y 51 caballos de potencia alcanza las 100 millas por hora.
* El chasis con compuesto de peso liviano permite un rendimiento de 96 millas por 4.5 litros.
FUENTE: Gordon Murray Design.
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