¿Qué tanto importa el gobierno?

La administración pública es percibida como un obstáculo y no como un factor de desarrollo. El nuevo gobierno tiene en este aspecto un gran reto.
Luis Miguel González

El gobierno es el problema. El gobierno es la solución. En un mundo ideal, deberíamos estar en un justo medio, pero la realidad nos condena a polarizar. Lo hacen los grupos de amigos que se reúnen a tomar la copa y también los doctores que debaten en un foro. ¿Es el gobierno nuestro mayor problema o el principio de la solución a nuestros males? Cada fin de sexenio sirve de pretexto para poner al día este asunto. El presidente saliente es el problema. El presidente entrante, la solución... o viceversa. En México, el sector público representa 17.6% del PIB. Muy poco comparado con la OCDE, el TLCAN y América Latina. Casi nada respecto del 56% del sector público de Noruega. Abajo incluso del 24% que registra en Estados Unidos y también del 38% de Brasil.

El gobierno es cobrador de impuestos y ejecutor de gasto público, pero su rol en la economía y la sociedad no se agota en el abrir y cerrar de la caja registradora de las cuentas públicas. El gobierno es regulador, propietario de empresas y territorio, proveedor de servicios, patrón y supervisor de empresarios. Cuenta lo que hace y cómo lo hace. También lo que no hace y la explicación que ofrece de las razones por las cuales se abstiene de actuar.

Cuando Vicente Fox contestó "y yo, ¿por qué?" ayudó a descifrar su sexenio. Otro tanto hizo cuando autorizó el águila ‘mocha' de la papelería oficial. El gobierno es un emisor de mensajes. Cuenta todo lo que hace y dice: palabras, tipografía, publicidad, códigos de uso del vestido, países designados para las giras oficiales...

El estilo personal de gobernar, lo llamó Daniel Cosío Villegas: las guayaberas, el agua de Jamaica y la retórica de coqueteo con la izquierda de Luis del gasto público gracias al boom petrolero, en el caso de José López Portillo. Los trajes grises, la austeridad y el comienzo de las privatizaciones, con Miguel de la Madrid. Las camisas de rayas delgadas, los relojes Casio de calculadora y la apertura comercial de Carlos Salinas. La mesura de Ernesto Zedillo. La imprudencia de Vicente Fox. La mala suerte de Felipe Calderón.

¿Cómo será el sexenio de Enrique Peña Nieto? Es muy pronto para decirlo. No nos sirven los discursos de campaña, ni siquiera sus antecedentes en el gobierno del Estado de México.

El poder transforma y la silla presidencial está embrujada, como dijo Emiliano Zapata.

La administración de Enrique Peña Nieto será evaluada por su capacidad para concretar la transformación que el país necesita: en el primer lugar de las encuestas se encuentra la resolución de la inseguridad. Más allá de lo urgente, tenemos la reforma fiscal, que implica mayor recaudación, y la mejora radical en los sistemas de rendición de cuentas y el combate a la corrupción. La resolución del tema de las pensiones. La reinvención del sector energético, donde destaca la transformación de Pemex y la moderación de nuestro patrón de consumo de combustibles y electricidad. La reforma laboral que permita aumentar la generación de empleo.

¿Qué tanto importa el gobierno en 2012? Podemos contestarlo con otras preguntas: ¿qué tanto importa la sociedad?, ¿qué tanto importa el mercado?, ¿qué tanto importan las empresas?, ¿qué tanto importa el mundo?

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El autor es director editorial del periódico El Economista.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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