El menú de Krugman

El premio Nobel destaca el ‘milagro japonés’ y critica la fragilidad de Europa y EU.
Martin Wolf / Financial Times

La cita es en el restaurante Landmarc, en el Time Warner Center, en Columbus Circle, Nueva York, donde acordamos encontrarnos con Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2008, profesor de Asuntos Internacionales en Princeton y controvertido columnista de The New York Times. No conocía este bistró, elegido por mi invitado debido a la cercanía con una entrevista televisiva que acaba de dar. Es un restaurante impersonal y -como nos reunimos tarde- comienza a quedar vacío de clientes.

Krugman, el columnista más odiado y admirado de Estados Unidos, está sentado en una pequeña mesa en medio del restaurante, trabajando en su laptop. Es jueves y está escribiendo su columna sobre Europa. "¿De qué se trata", le pregunto. "Sobre Europa", responde. "La eurozona está llegando a un punto crítico", complementa de botepronto.

Así inicia la charla. ¿Todo acabó para los miembros de la eurozona?

"No", asegura. "No creo que puedan salvar a Grecia, pero todavía pueden salvar al resto si están dispuestos a ofrecer un financiamiento de composición abierta y una mayor expansión macroeconómica".

Pero esto implicaría persuadir a los alemanes de cambiar su filosofía económica...

Bueno, la perspectiva de ir a la horca hace que la mente se concentre. La perspectiva de un colapso del euro podría también concentrar sus mentes.

Durante unos minutos, conversamos en torno a su transformación de columnista a vocero líder de causas progresistas. Recuerda: "Estaba escribiendo una columna para la revista Slate y algo para Fortune, cuando apareció el (New York) Times con su oferta. Era 1999. Pensamos que escribiría sobre la locura de las puntocom y cosas por el estilo y resultó que escribir era una responsabilidad mucho más sorprendente y a la vez siniestra. Fue algo que nunca planeé hacer. Tengo que decir que la crisis económica me ha preocupado desde hace 15 años".

Entramos de lleno a los temas de nuestra entrevista. Hablamos de la crisis de Japón de los años 90. En retrospectiva, sugiero, parece que los japoneses han manejado muy bien el periodo posterior a su crisis.

Krugman coincide, con sus matices: "Lo que pensábamos que era un cuento con moraleja ha convertido a Japón en casi un modelo a seguir. Nunca tuvieron una caída tan grande como la nuestra. Lograron tener un ingreso per cápita en crecimiento durante gran parte de lo que llamamos su década perdida. Siempre bromeo que quienes estábamos preocupados por lo que sucedería con Japón hace unos 12 años, deberíamos ahora ir a Tokio y pedirle disculpas al emperador. Nos fue peor que a ellos en su peor momento. Cuando me preguntan si podríamos convertirnos en Japón, mi respuesta es que ojalá pudiéramos transformarnos en Japón".

En este punto ordenamos la comida: ensalada niçoise para Krugman, terrina de foie gras para mí y una botella de agua mineral. Retomamos el debate y le pregunto si no es injusto con Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal (Fed) y quien fuera su colega en Princeton. Después de todo, él evitó la deflación en Estados Unidos.

Krugman responde rápidamente: "No nos preocupa la deflación porque un pequeño déficit, en lugar de un pequeño plus, haga una enorme diferencia para el mundo. Lo que nos preocupa de la deflación es que pensamos que es una de las razones por las cuales tenemos una economía persistentemente deprimida. Si bien puede que no tengamos deflación, tenemos una economía persistentemente deprimida. ¿Entonces, cuál es la diferencia?".

Pero la Reserva Federal logró tasas de interés negativas reales al recortar las tasas rápidamente y así logró evitar la deflación...

En realidad, tengo pocas quejas sobre la política monetaria hasta cierto momento de 2009. Pensé que Ben (Bernanke) respondería agresivamente y con mano dura, que era lo que había que hacer. Tomó cartas en el asunto con la primera ‘relajación cuantitativa' (quantitative easing) y después estabilizó la economía.

Así, después de su extraño halago hacia el presidente de la Fed, Krugman regresa a su acostumbrada crítica: "La pregunta es: ¿qué hizo después, cuando empezamos a parecernos cada vez más a Japón? La lógica dice que hay que buscar el modo en que la economía logre más dinamismo. La política fiscal podría ser excelente para este fin, pero si no funciona, la Reserva Federal debería hacer algo más y creo que esta lógica se hace más y más fuerte a medida que pasan los años. Es triste ver que la Reserva Federal se ha lavado las manos de la responsabilidad de sacarnos del pozo. Espero que algún día Ben Bernanke y Janet Yellen (vicepresidenta de la Fed) piensen que les he hecho un favor".

¿Qué haría si estuviera a cargo de la situación?

Posiblemente agregaría otros dos billones de dólares al balance general de la Reserva Federal comprando una serie más amplia de activos, entre ellos, pasivos del sector privado. Pero principalmente trabajaría en base a las expectativas. Creo fundamentalmente que lo que en verdad se necesita hacer es mantener el pie en el acelerador.

En su nuevo libro, End this Depression Now! (‘Acabemos con esta depresión ahora'), Krugman desestima la teoría macroeconómica contemporánea. También es crítico de la idea de que la credibilidad de la política monetaria importa.

Al respecto, dice: "La credibilidad suena como algo bueno, pero es básicamente nula la evidencia de que la credibilidad antiinflacionaria es realmente importante en el mundo real".

¿Llegaría a la conclusión de que la unión de la moneda europea fue un error?

Sí, nos hemos estado preguntando, ¿quién es el culpable de esta crisis? Y creo que, básicamente, estuvo predestinada desde el día en que se firmó el tratado principal (de la Unión Europea). Ahora, pienso que sería rescatable con una meta de inflación más alta, que es la segunda opción a una unión fiscal. Pero este sistema es fundamentalmente inviable.

Y añade: "Lo interesante es que el euro en sí creó los choques asimétricos que ahora están destrozándolo (a través de los flujos de capital que engendró). Así no sólo se ha creado algo incapaz de abordar los choques, sino que esta creación engendró los choques que hoy están destruyendo el sistema".

Para este momento ya terminé con mi terrina, pero Krugman come lentamente su ensalada, mientras habla. El restaurante está prácticamente vacío. Cuando finalmente termina la comida, ordeno un expreso doble y él, un café de filtro regular. Discutimos sobre el futuro de la macroeconomía. Sus esperanzas están fundadas en los economistas más jóvenes que hacen trabajo empírico. "Hay jóvenes que están haciendo investigaciones excelentes y que son la vanguardia de la economía", dice.

Cambiemos de tema. ¿Qué ocurre en Estados Unidos?

Hay un par de cosas operando. Una es el dinero. Hay think tanks que no producen demasiadas ideas y que están generosamente financiados. Y después hay algo sobre el atractivo de esta moneda fuerte que siempre ha resultado interesante, pero que ahora parece más fuerte. Hubiera pensado que el hecho de que yo le caiga bien a la gente tiene que ver sobre todo con el hecho de decir lo correcto sobre la inflación y las tasas de interés y que esto haría que más personas pensaran que quizá sus percepciones no eran las correctas.

CRÍTICO CON TEMPLE

Le pregunto si lo decepciona la falla de la gente que coincide con su visión política a la hora de defender lo que cree. Después de todo, señalo, debe estar decepcionado por la voluntad de recortar el gasto en protección social -más que de subir impuestos- cuando el índice de impuestos federales es excepcionalmente bajo y ha habido cambios extraordinarios en la distribución del ingreso. ¿Krugman piensa que todo se trata de dinero?

"Estas cosas siempre son complicadas pero parte de esto se trata de dinero -responde-. Mire, con unas pocas palabras de reprobación, Obama ha perdido inmensas fuentes de financiamiento de Wall Street. Pero ahora existe una infraestructura organizada entre los progresistas que antes no había. Es pequeña en comparación con el otro lado, pero es más inteligente que el otro lado. Ciertamente siento que, a pesar de que no estoy viendo las políticas que quisiera, me están escuchando de la manera que no estaba seguro que lo harían hace apenas dos años".

¿Cómo hace Krugman para enfrentar el odio?

2002 a 2004 fueron, por mucho, los peores años y no sólo por los temas económicos sino por el hecho de que estaba bastante solo diciendo que nos habían engañado para ir a la guerra. Pero es necesario hacerse fuerte. En parte me he acostumbrado a pensar que si no recibo muchas críticas histéricas, entonces probablemente haya desperdiciado espacio en la columna.

"He estado en esto por mucho tiempo y fue muy difícil al principio, pero finalmente me aclimaté. Creo que muchos periodistas, la primera vez que publican algo medianamente crítico, se asustan para siempre con las críticas. Pero hace mucho que yo pasé por eso".

¿Su estilo es provocativo y punzante a propósito?

Ya lo había hecho en mis tiempos en Slate y aprendí de esa experiencia, pero esto de escribir para The New York Times es más estricto. Es un trabajo artesanal que tiene que lograr que alguien, cuyo instinto natural es pensar sobre un aburrido artículo de economía, termine leyendo toda mi nota.  Lo que me fascina, le digo, es cómo maneja su producción pero especialmente la cantidad de cosas que escribe en su blog. Obviamente, Krugman trabaja más rápido que la mayoría de las personas, pero ¿cómo encuentra tiempo para hacer otras cosas?

"Sigo dando clases. Posiblemente trabajo unas 70 horas semanales, pero no 100 por semana -dice-. Soy sumamente rápido. Escribo con más velocidad que cualquier otro periodista, lo cual me parece interesante".

Krugman es famoso por resistirse a las explicaciones estructurales sobre los altos niveles de desempleo. Pero ¿qué piensa de la idea de que nuestras economías son peligrosamente adictas a las burbujas financieras y de precios de activos?

Contesta preguntándome si alguna vez he visto la publicación satírica The Onion: "Muy al comienzo de la crisis, publicaron un título perfecto que decía: ‘Una nación devastada por la recesión demanda una nueva burbuja para invertir'".

Volvemos a la crisis de la eurozona. Señalo que los alemanes están ahora en la situación de tener que elegir entre rescatar a los que ellos consideran como holgazanes o dividir a la eurozona, lo cual causaría un inmenso problema económico y político.

"Recuerdo que hubo una columna de humor en The Independent en 1992, que ironizaba sobre otorgar el premio Booker al Tratado de Maas-tricht -dice-. Una novela posmoderna en forma de tratado. En toda la ‘novela' se sienten, como telón de fondo, fuerzas poderosas cuyos motivos son desconocidos. ¿Quiénes las constituyen? Nunca lo sabremos. Es una sátira maravillosa".

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Terminamos nuestros cafés. Salimos del restaurante. Krugman va rumbo a Princeton. En Estados Unidos, cualquiera puede ser cualquier cosa. Él es un teórico de la economía, que hoy es el columnista más controvertido de Estados Unidos.

Martin Wolf. Es el principal comentarista económico del Financial Times. Sus libros más recientes son Why Globalization Works (‘Por qué funciona la globalización') y Fixing Global Finance (‘Reparando las finanzas globales').

NUEVA GENERACIÓN
El trabajo empírico de jóvenes economistas está influyendo en los debates de políticas económicas. Paul Krugman los promueve y éstos son algunos nombres que recomienda.
Esther Duflo, del MIT, es cofundadora del laboratorio Poverty Action. Lidera la nueva tendencia de aplicar los métodos de investigación experimental a las políticas contra la pobreza, para encontrar empíricamente qué es lo que funciona mejor para el desarrollo económico.
Justin Wolfers y Betsey Stevenson, pareja en la vida y en la economía, trabajan en la Universidad de Pensilvania. Estudian los efectos del mercado laboral en las mujeres y en las relaciones familiares.
Emmanuel Saez, docente de Berkeley: su trabajo se concentra en la desigualdad de ingresos y en qué pueden hacer los gobiernos para reducirla. Ha demostrado que la desigualdad en Estados Unidos registra niveles igual de altos que los que se tuvieron en la Gran Depresión.
Emmanuel Farhi, macroeconomista de Harvard, en un artículo reciente analizó la eurozona y la factibilidad para que los países puedan devaluar internamente, es decir, sin tener que alejarse de la unión de la divisa.
Raj Chetty es uno de los docentes más jóvenes del Departamento de Economía de Harvard. Es conocido por oponerse a la teoría que sostiene que las prestaciones por desempleo reducen los incentivos para continuar la búsqueda de empleos.
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