Ganancias del espíritu

Científicos sociales investigan si los valores humanos son la base del crecimiento.
Rasmus Karkov / sciencenordic.com

"Hoy vivimos un modelo de consumismo absoluto. Fuera de generar una satisfacción nos vuelve avaros. Este artículo habla sobre la moderación y el trabajo. Las cosas no vienen gratis, hay que trabajar para ganarse la vida, y hay que hacerlo honradamente. Habla de valores. Si todos tuvieran estos elementos, no tendríamos que hablar de riesgos y de robos, o de personas con muchas capacidades pero que no las saben aprovechar. El éxito viene del esfuerzo". Carlos Fernández

¿Por qué la parte occidental del mundo está disfrutando de riquezas y crecimiento, mientras otros países siguen rezagados en la pobreza?

El mundo está por ingresar a una nueva realidad en la que el potencial humano será el principal agente para el crecimiento económico. El fortalecimiento del espíritu y de este potencial será la máxima misión que debemos conquistar a medida que el mundo entra a la Human Age. Una nueva tesis de doctorado busca encontrar una respuesta para esta pregunta indagando profundamente en los mecanismos más profundos del crecimiento.

Una de las claves que sigue esta tesis comienza en Francia en 1098, cuando un grupo de monjes disidentes  forman una nueva orden monástica. Volveremos a esto, pero primero necesitamos ahondar un poco más en los factores subyacentes al crecimiento y  a la riqueza.

Aquí, la bibliografía económica apunta a tres factores: instituciones, cultura y geografía.

La idea es que algunos países han establecido instituciones que forman un buen caldo de cultivo para la educación, el ahorro y el progreso tecnológico. O que simplemente han sido bendecidos con una cultura o geografía que ha generado un entorno productivo.

"Todavía no sabemos exactamente cuáles son las dimensiones de la  cultura, instituciones, geografía y clima de relevancia aquí", dice Jeanet Sinding Bentzen, del Departamento de Economía de la Universidad de Copenhague, que acaba de defender su tesis de doctorado ‘¿Por qué algunos países son más ricos que otros?'.

"En mi tesis, analizo algunos de estos profundos factores para ver si pueden ayudar a explicar las diferencias en el ingreso de un país y otro", dice Bentzen.

Moderación y laboriosidad

El éxito económico puede deberse a la moderación y a la laboriosidad.

El economista y sociólogo Max Weber, considerado ampliamente como uno de los fundadores de la ciencia social, resalta lo que él llama ‘la ética protestante' como un factor especialmente beneficioso para la prosperidad capitalista.

‘La ética protestante' se refiere básicamente al trabajo arduo, ahorrar dinero y reinvertir las ganancias.

En el artículo ‘Órdenes religiosas y crecimiento a través del cambio cultural en la Inglaterra pre-industrial', que forma parte de la tesis de Bentzen, ella y sus colegas buscan examinar hasta qué grado las sociedades con una cultura del trabajo y de la moderación gozaban de un mayor éxito económico aun antes de la Revolución Industrial.

Antes de la Revolución Industrial hubo sólo pequeñas diferencias en los niveles de prosperidad de los países. Pero la revolución trajo consigo un cambio en la producción mecanizada, lo cual resultó en grandes aumentos de la productividad y de la eficiencia.

Con esta revolución, fueron principalmente las naciones europeas las que experimentaron un crecimiento masivo de su producción. Hoy, estos países están mucho más avanzados que otras naciones del mundo.

Esta diferencia en el ritmo de la Revolución Industrial puede explicar gran parte de la diferencia entre los países pobres y los países ricos de hoy, creen los investigadores. Por lo tanto, es interesante estudiar los factores que afectaron el ritmo de la Revolución Industrial.

Densidad

La densidad de población es un indicador de la riqueza de una sociedad.

Para medir el éxito económico actual de un país, frecuentemente los economistas utilizan el producto interno bruto (PIB) per cápita, el desempeño total de producción de un país.

Sin embargo, no existen datos confiables del PIB per cápita anteriores a la Revolución Industrial. Por esta razón, los economistas a menudo usan la densidad de población para medir la prosperidad de una sociedad. Esto es porque prácticamente todas las sociedades de esa época vivían con un mínimo absoluto de seguridad económica y para la supervivencia.

Esto significaba que cada ingreso adicional daba como resultado más sobrevivientes, lo que provocaba un aumento de la población,  mientras que cualquier reducción  del ingreso llevaba a una merma en la cantidad de sobrevivientes.

"Por eso queríamos estudiar hasta qué punto los países que valoraban la laboriosidad y la moderación también tuvieron un mayor crecimiento de su población", dice Bentzen.

Entonces, ¿cómo medimos esa laboriosidad y la moderación?

"La proporción de protestantes en una sociedad podría ser un indicador de estos valores, pero el problema aquí es que no fue casual que algunos países se convirtieran al protestantismo", considera la autora.

Bien podría ser que una sociedad que, por ejemplo, tenía niveles más altos de educación tuviera una tendencia a convertirse al protestantismo, mientas que al mismo tiempo lograra mayor éxito económico a pesar del protestantismo.

Los monjes cistercienses fueron un buen ejemplo. Esto llevó a los investigadores a remontarse al momento previamente identificado como el posible origen de la ‘Ética Protestante':  la fundación de la orden de los monjes católicos romanos del Císter en Francia, en 1098.

La orden se formó con un grupo disidente de los monjes benedictinos que defendían la obediencia más estricta a las leyes de San Benedicto.

 Para poder destinar todo el tiempo posible para rezar, los cistercienses optimizaban su trabajo y minimizaban su consumo.

 "Los cistercienses eran conocidos por ser extremadamente trabajadores y frugales, las mismas virtudes que Weber atribuía al protestantismo -dice Bentzen-. Weber mismo destacaba a los cistercienses como los predecesores de la ‘Ética Protestante'".

Los monjes dejaron en la sociedad valores fundamentales.

Tras analizar estadísticas que abarcaban 40 condados de Inglaterra, los investigadores llegaron a la conclusión de que las regiones con muchos monasterios cistercienses experimentaron un mayor crecimiento de la población en el periodo 1377-1801.

Lo que es más sorprendente aún es que la influencia de los monasterios sobre la densidad de la población fue la misma antes y después del año 1600.

El hecho de que todos los monasterios estuvieran cerrados durante la Reforma protestante de 1500 demuestra también que los monasterios siguieron influyendo en la sociedad incluso hasta varios siglos después de su cierre.

Por lo tanto, pareciera que no sólo las excelentes habilidades de los monjes para, por ejemplo, usar molinos de viento, fue lo que dejaron para la posteridad. Más bien, fue algo más inherente y fundamental.

"Estamos consolidando la idea de que los monjes transmitieron sus valores culturales demostrando, con base en los estudios de valores europeos, que las regiones europeas con distintos monasterios cistercienses siguen, hasta la fecha, valorando más la laboriosidad y la moderación  que otras regiones", dice Bentzen.

"Nuestro estudio de los monjes demuestra que las sociedades que tuvieron una cultura en la cual la laboriosidad y la moderación eran valores altamente reconocidos tuvieron una ventaja cuando comenzó la Revolución Industrial. En términos históricos,  ante las mismas condiciones, los países con un alto nivel de ética del trabajo van a lograr mayor prosperidad", concluye.

¿CONOCES LOS VALORES QUE TE MUEVEN Y CÓMO APLICARLOS A TU LIDERAZGO?

En su libro From Values to Action, Harry Jansen Kraemer, profesor de gestión y estrategia en Northwestern University's Kellogg School of Management, habla sobre los cuatro elementos básicos para que un líder tome decisiones basadas en sus valores:

Autorreflexión: identifica y conoce cuáles son los valores que apoyas y en los que basas tus decisiones.

Balance: es la habilidad de ver las situaciones desde múltiples perspectivas, tomando en cuenta también los puntos de vista con los que no coincides.

Verdadera confianza en ti mismo: esto te permite aceptarte como eres, reconocer tus debilidades y fortalezas, y concentrarte en mejorar continuamente.

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Humildad genuina: la habilidad de no olvidar quién eres, apreciar el valor de cada miembro de tu organización y tratar a todos con respeto, te permite llevar un liderazgo objetivo y enfocado a resultados.

FUENTE: http://fromvaluestoaction.com/

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