La era de las ecociudades

Los poblados japoneses devastados por el tsunami de 2011 quieren renacer con un plan económico basado en la energía inteligente.
Stuart Biggs / Bloomberg

Rikuzentakata, al igual que muchas ciudades de la escarpada costa del noreste del Pacífico de Japón, estaba en deterioro aun antes del tsunami de marzo de 2011 que mató a 1,700 de sus 24,000 habitantes y que destruyó la mayor parte de los edificios del centro de la ciudad. Con dos tercios del resto de sus residentes sin hogar, el alcalde Futoshi Toba se preguntaba si la ciudad se podría recuperar. El daño a la infraestructura y a la economía, decía, obligaría a las personas a migrar para encontrar empleo.

Dieciséis meses después, la ciudad intenta reconstruirse de una manera que, según Futoshi Toba, reinventará la región y brindará un modelo para superar los obstáculos que han limitado el desarrollo de la economía de Japón por más de 20 años, ante el frenético envejecimiento de su población, la pérdida de competitividad industrial frente a sus vecinos (China y Corea del Sur) y la dependencia de los combustibles fósiles.

Rikuzenkata forma parte del programa del gobierno para crear las primeras ecociudades del país, que serán más pequeñas y autosuficientes y que reducirán sus costos a través del uso de tecnología para la generación de energía renovable. Esto les permitirá crear nuevos empleos que reemplacen los perdidos por la caída de las actividades agrícolas y pesqueras.

Toba dice que Japón debe abordar la migración que sufren sus áreas rurales, que coincide con la baja participación que tiene la agricultura en la economía japonesa al pasar de 6% en la década de los 70 a 1.4% en 2012. Y debe hacerlo tan pronto como sea posible. "Es una carrera contra el tiempo", advierte.

Las ecociudades pueden frenar esta tendencia, dice Hideaki Miyata, profesor de Ingeniería de la Universidad de Tokio y quien asesora a los funcionarios locales en este proyecto. "Podemos ofrecer una solución para la sociedad de edad avanzada de Japón. Las personas más jóvenes siempre se iban de estas ciudades, pero lo que estamos planeando hacer brindará nuevos empleos y fábricas", presume.

Esto es esencial para el tejido social, añade Kiyo-sho Murakami, quien creció en Rikuzentakata, asesora a Toba y es ejecutivo de BNY Mellon Asset Management Japan, firma de gestión de activos y servicios de inversión. "Lo más importante de una ecociudad es su impacto en el empleo", apunta.

Entorno favorable

Luego del tsunami, que llegó hasta el cuarto piso del hospital al frente del mar, Rikuzentakata realizó un esfuerzo conjunto con las ciudades vecinas de Ofunato y Sumita en el distrito de Kesen. Solicitaron ayuda a través del programa nacional del gobierno FutureCity, que dispone de un presupuesto anual de unos 12.6 millones de dólares (mdd) para crear desarrollos urbanos que promuevan, principalmente, la protección ambiental y el uso de energías limpias.

La meta del proyecto es generar al menos 50% de la electricidad de la región a través de energía solar y de otras fuentes renovables y reducir la dependencia que Kesen tiene de la quinta empresa más grande de servicios públicos de Japón: Tohoku Electric Power. Con ello bajaría los costos de energía para sus 67,000 residentes.

Los desarrolladores esperan atraer a empresas productoras de energía limpia, como los fabricantes de baterías de ion de litio empleadas para almacenar energía antes de que ésta alimente la red de distribución. También tienen planes de usar un sistema de transporte público eléctrico, así como reconstruir al doble el número de escuelas, centros comunitarios y refugios de evacuación, para que la infraestructura pública sea más eficiente.

Kimikazu Uemura, director ejecutivo de la empresa de gestión de proyectos Index Consulting, sostiene que el éxito del proyecto Kesen dependerá del presupuesto que reciba de los 240,000 mdd que el gobierno central tiene asignados para la reconstrucción de estas tres ciudades, así como de los subsidios que existen para impulsar la energía alternativa.

"Será importante que todo lo que se construya sea sustentable y pueda generar nuevos negocios. Si el gobierno se enfoca sólo en la reconstrucción de la infraestructura existente, tendremos nuevas carreteras y edificios pero sin nadie que transite y viva en ellas", advierte.

Las ideas de regeneración que giran en torno al programa Kesen coinciden con el espíritu antinuclear del Japón de hoy. Luego del daño a la planta nuclear de Fukushima Dai-Ichi, en marzo de 2011, como consecuencia del tsunami y de la posterior radiación que se expandió en el área, una encuesta realizada por el periódico Asahi Simbun arrojó que 74% de los encuestados estaba a favor de la desactivación de todos los reactores de Japón.

Además, el ambiente de descontento se profundiza ante el entorno económico y político que se apoderó de Japón desde el colapso de la burbuja de activos a principios de los 90, dice Andrew DeWit, profesor de Política de Finanzas Públicas de la Universidad Rikkyo de Tokio.

La economía japonesa se contrajo tres de los últimos cuatro años. Al 11 de junio, el índice bursátil Nikkei 225 había caído 78% desde su valor más alto en diciembre de 1989. En mayo, la calificadora Fitch redujo en dos niveles la calificación soberana de Japón, de AA a A+, mientras el país luchaba por frenar la mayor carga de deuda pública del mundo, tanto en términos absolutos como en porcentaje del producto interno bruto. Se estima que este año su deuda exceda los 13 billones de dólares por primera vez.

Efecto en cascada

Al oponerse a la energía nuclear, dice Andrew DeWit, los japoneses rechazan la red de lazos fraternos en lo más alto de la sociedad que conforma lo que comúnmente se llama "la aldea nuclear". Es decir, el grupo de políticos, empresas de servicios públicos, burócratas y académicos que promueven la dependencia de Japón de la energía atómica.

El riesgo de la escasez de energía empeora las cosas. Desde los 70, la energía nuclear ha sido el eje de la planificación económica de los países con escasos recursos naturales. Ha alimentado a gigantes de la industria, como Toyota y Sony, que tuvieron un papel importante en la recuperación de Japón luego de la Segunda Guerra Mundial, para transformarlo en la segunda economía mundial en 1967.

Antes del 11 de marzo de 2011, Japón dependía de la energía atómica para cubrir 30% de sus necesidades de energía. Desde el 5 de mayo, cuando el último de los reactores del país fue desactivado para un control de seguridad, no depende más de la energía nuclear. El gobierno podría imponer apagones rotativos durante este verano, aun cuando se le ha pedido a la población bajar su consumo 20% y cuando los precios de la electricidad subieron.

El 16 de junio, el primer ministro de Japón, Yoshihiko Noda, aprobó el encendido de dos reactores en la zona occidental del país, para impulsar la economía. Aun así, sigue la política de reducir a largo plazo la dependencia de la energía nuclear y de adoptar formas de energía renovable, como la energía solar y eólica. Son buenas noticias para las empresas que producen energía no tradicional, pero también para los proyectos de ciudades inteligentes similares a las cobijadas por Kesen.

Para colaborar con los nuevos emprendimientos, el gobierno japonés está introduciendo los aranceles de alimentación de energía renovable a la red eléctrica o feed-in tariffs, que obligan a los servicios públicos a pagar un precio más alto por la energía renovable durante los próximos 20 años: 42 yenes por kilovatio-hora, comparado con la tasa de 13.65 yenes cobrada a los usuarios comerciales e industriales. Esto permite a los operadores de energías alternativas, que tienen que afrontar altos costos de inicio de operaciones, entrar al mercado en una situación de mayor competitividad.

De las 11 ciudades incluidas en el programa FutureCity, seis están en la región noreste afectada por el tsunami. Según Jun Iio, del Consejo de Diseño para la Reconstrucción de Japón, representan un "microcosmos de los problemas que enfrenta todo Japón".

Cerca de un tercio de la población de Rikuzentakata tiene más de 65 años. La población japonesa, que alcanzó su máximo en 2005, pasará de 127.7 millones de habitantes registrados el año pasado a 125.2 millones en 2014, según datos recabados por Bloomberg. Las personas de más de 65 años son 23% de la población, proporción que podría incrementarse a 40% para 2050, con base en estimaciones del gobierno japonés.

Renacimiento en puerta

Las ciudades inteligentes podrían ayudar a revertir la caída de las zonas rurales, dice DeWit. Existe un fundamento racional para usar las tierras para la producción de energía renovable: los arrozales que quedaron inundados con agua de mar en marzo de 2011 podrían ser más rentables si se les cubriera con paneles solares, en lugar de rehabilitarlos como tierra de cultivo. "En vez de reactivar estas tierras o fábricas destruidas, se les podría cubrir con paneles solares", complementa Penn Bowers, analista de Operaciones y Servicios Públicos de CLSA Asia-Pacific Markets en Tokio.

Eso es lo que Masayoshi Son, el segundo hombre más rico de Japón, quiere hacer con las tierras de cultivo próximas a la planta Fukushima, entre ellas las del área prohibida que no pueden usarse para cultivos ni para alimento del ganado por la radiación.

El CEO del proveedor de servicios de telefonía celular Softbank está dispuesto a producir una amplia variedad de paneles solares que generen 200 megavatios, suficientes para abastecer de energía a unos 48,600 hogares. Espera que el gobierno japonés apruebe las leyes que garanticen la ejecución de proyectos, como el acceso a la red de distribución de electricidad.

La expansión de las nuevas fuentes de energía podría generar nuevas industrias, plantea Ali Izadi-Najafabadi, analista de Tecnologías de Energía de Bloomberg New Energy Finance. Los vientos y el sol no son constantes y la energía que producen debe almacenarse en baterías para que pueda abastecer las fluctuaciones en el consumo de energía en horas pico y no pico.

Para fines de este año, Japón podría tener en sus plantas de energía más baterías de ion de litio que cualquier otro país, afirma Izadi-Najafabadi: "Esto no hubiera ocurrido sin Fukushima. Las empresas de servicios públicos no tenían en sus planes las tecnologías inteligentes de distribución. Ahora operan en un mundo diferente".

Hitachi y NEC, fabricantes de baterías industriales, son dos de las 30 empresas que integran el consorcio de ecociudades Kesen. La generación de demanda podría ayudar a que los fabricantes de baterías tengan que competir con rivales globales, dice Miyata, de la Universidad de Tokio.

"Japón encabezó el desarrollo de baterías de ion de litio para el uso en dispositivos electrónicos y luego para su uso en automóviles", recuerda Miyata. "En estas dos oportunidades, Corea del Sur y China se adelantaron rápidamente y ahora todos están tratando de ser los primeros en desarrollar la próxima generación de baterías industriales a gran escala".

En Rikuzentakata, el alcalde Toba tiene un motivo personal para la regeneración de su ciudad. Su esposa murió cuando el tsunami arrasó su casa frente al mar. Él estaba en su oficina y por eso sobrevivió, al igual que sus dos hijos que estaban en la escuela. El renacimiento de Rikuzentakata será un homenaje adecuado para aquellos que perecieron.

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"Tenemos que hacer algo más que reconstruir la ciudad", concluye Toba. "Si sólo hacemos esto y no ofrecemos empleos para la gente, entonces su vida no podrá mejorar".

EL IMPERIO EN CIFRAS
La economía de Japón se contrajo en tres de los últimos cuatro años y Fitch redujo su calificación a A+.
Población 127.7 millones (cálculo de 2011)
PIB 4.4 billones de dólares (2011)
Crecimiento del PIB -3.7% (2010 a 2011)
Tasa de inflación 0.4% (al 20 de abril de 2012)
Tasa de desempleo 4.6% (abril de 2012)
Centrales nucleares antes del terremoto y del tsunami 54 reactores en servicio
FUENTES: Bloomberg, Gobierno de Japón y FMI.

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