Las aguas prometidas de Israel

Tras décadas de importar cada gota de combustible, Israel hizo fortuna al descubrir vastas reservas de gas natural en el Mediterráneo. Los hallazgos tendrán amplias repercusiones para Medio Oriente.
Tobias Buck / Financial Times

El helicóptero negro y amarillo se dirige al norte desde Tel Aviv. Sobrevuela playas vacías, un puerto de yates y una serie de residencias frente al mar que alojan a algunas de las familias más ricas de Israel. Después de algunos minutos, el piloto hace un brusco giro a la izquierda y dirige su Bell 412 al mar abierto.

Durante más de media hora, todo lo que se puede ver son las aguas azules del Mediterráneo. Entonces, de repente, una descomunal masa de acero pintada de vivos colores se levanta desde la bruma del mediodía. Elevándose más de 100 metros por encima del agua, es la Sedco Express, una plataforma de perforación que opera en esta parte del océano desde hace casi tres años. Cuando el helicóptero aterriza, vemos una pequeña bandera azul y blanca con la estrella de David que ondea en el viento. Es la única señal de que la Sedco Express se encuentra sobre uno de los mayores tesoros que Israel haya podido encontrar. Abajo, en las profundidades, conectada a la plataforma por una tubería de acero que atraviesa 1,700 metros de mar y otros 4,500 metros de roca y arena, se encuentra una gran reserva de gas natural conocida como el campo de Tamar.

Los hombres a bordo de la Sedco Express están ocupados probando los múltiples pozos del campo, mientras esperan el ansiado día del próximo abril en que un consorcio estadounidense-israelí iniciará el bombeo de gas a tierra firme. Con unas reservas de casi 10 billones de pies cúbicos (283,200 millones de metros cúbicos) de gas natural, el campo de Tamar es un activo enormemente valioso para la economía israelí. Cuando lo descubrieron, en enero de 2009, fue el mayor hallazgo de gas en todo el mundo ese año, y de lejos el más grande jamás realizado en aguas israelíes.

Pero el récord duró apenas dos años. En diciembre de 2010, Tamar fue eclipsado por el descubrimiento del yacimiento de gas Leviatán, unos 20 kilómetros más al este, la mayor reserva de gas en aguas profundas hallada en cualquier lugar del mundo en la última década. Los dos campos, junto con una serie de pequeños yacimientos, cubrirán la demanda interna de gas de Israel durante al menos los próximos 25 años, y quedarán cientos de miles de millones de pies cúbicos para vender en el extranjero. El gobierno pronostica recaudar de los campos por lo menos 140,000 millones de dólares en las próximas tres décadas, una suma asombrosa para una economía relativamente pequeña como la de Israel.

Los expertos están convencidos de que Tamar y Leviatán no serán los últimos grandes hallazgos israelíes. Señalan que el Servicio Geológico de Estados Unidos calcula que el área submarina que se extiende desde Egipto hasta el norte de Turquía, conocida como la Cuenca Levantina, contiene más de 120 billones de pies cúbicos (casi 3.4 billones de metros cúbicos) de gas natural. Las aguas de Israel representarían cerca de 40% del total. Si los descubrimientos confirman esos cálculos en los próximos años, las reservas naturales de gas de Israel estarían entre las mayores 25 en el mundo, a la par de las reservas probadas de Libia y por delante de las de India y Holanda. Israel, durante décadas un territorio estéril obligado a importar cada gota de combustible, está hoy en la cúspide de una revolución económica, impulsada por las grandes riquezas bajo sus aguas.

Es una revolución que se ha apoderado tanto de las oficinas ministeriales como de las salas de juntas corporativas. Desde el descubrimiento de Leviatán, el país inició un intenso debate sobre el mejor uso de los nuevos recursos. Todos los dilemas clásicos asociados con el hallazgo de hidrocarburos han resurgido, aunque a menudo con un sorprendente giro israelí. ¿Se debería exportar el gas o se debería usar en el país? ¿Qué tanto de la nueva riqueza pertenece al gobierno y cuánto a las empresas que hicieron los descubrimientos? ¿Qué tan lejos debe ir Israel para ‘gasificar' la economía, y hacer que las centrales eléctricas, los hogares, la industria y el sistema de transporte funcionen con gas natural?

Una última cuestión, y quizá la más pertinente de todas las que enfrentan los líderes políticos israelíes, es cómo los descubrimientos afectarán la posición del país en la región. A algunos les preocupa que campos como Leviatán se conviertan en un foco de tensiones, y quizás incluso un objetivo para muchos enemigos de Israel. Otros esperan que el gas ayude a Israel a construir puentes económicos y políticos con sus vecinos, algunos de los cuales necesitan energía.

El ‘milagro' energético

Los recientes descubrimientos son tan grandes, y se han producido tan rápidamente, que algunos israelíes tienen dificultades para adaptarse a la nueva realidad. Hasta los curtidos ejecutivos del sector energético hablan de un ‘milagro', mientras que otros recurren a explicaciones celestiales. Nada menos que Benjamin Netanyahu, el primer ministro de Israel, comparó recientemente los descubrimientos con "maná del cielo", el místico alimento que permitió a los israelitas soportar sus 40 años en el desierto.

 Más allá de las conversaciones sobre la intervención divina, el descubrimiento de Leviatán, Tamar y otros campos no hubiera sido posible sin la determinación de hombres como Gideon Tadmor, considerado a sus 49 años el pionero de la industria del gas natural en Israel.

Alegre y corpulento, Tadmor estudió derecho e incursionó en el sector inmobiliario antes de decidir, hace más de dos décadas, concentrarse en la exploración de petróleo y gas. No era la perspectiva de negocios más prometedora. Al igual que todos los israelíes, Tadmor estaba muy familiarizado con la famosa queja de Golda Meir, que se repite sin cesar desde entonces. "Déjame decirte algo que los israelíes tienen en contra de Moisés", dijo en 1973 en un banquete la por entonces primera ministra. "Nos llevó 40 años a través del desierto para traernos al único lugar en el Medio Oriente que no tiene petróleo".

Con los años, ese reclamo se convirtió en asunto de fe para muchos israelíes. La notoria falta de recursos naturales coincidía con la narrativa nacional de un Estado que luchaba y triunfaba en contra de la adversidad. Incluso sirvió para realzar el orgullo por los logros económicos y militares del país, que a menudo eclipsaron los de vecinos con riquezas petroleras. Durante muchas décadas, la queja de Meir se confirmaba sobre el terreno, que obstinadamente se negó a ofrecer hidrocarburos.

Los años de fracasos hicieron que Tadmor no tuviera competencia cuando comenzó a golpear las puertas del gobierno para solicitar licencias de exploración. Su compañía, Avner Oil & Gas, comenzó perforar en tierra en 1991, antes de pasar a las aguas profundas cercanas a la costa israelí y, finalmente, a profundidades aún mayores. "Habíamos observado el enorme éxito y actividad [de exploración de gas] en Egipto", dice, sentado en la sala de conferencias de su sede en el norte de Tel Aviv. "Todos sentimos que la tendencia geológica no se detendría en la frontera política, y debía prolongarse a aguas israelíes".

Perforar en aguas profundas, sin embargo, requería no sólo mucho dinero sino también conocimiento técnico. Ninguno de los dos estaba a disposición de los israelíes. Tadmor y sus socios decidieron incorporar a un socio estratégico, e iniciaron una búsqueda que resultó estar llena obstáculos. "Fue un proceso sin fin. Estábamos dispuestos a buscar por todas partes. Sabíamos que encontrar un socio estratégico sería fundamental para el éxito, porque en Israel no había ninguna experiencia".

Tadmor y sus socios creían tener un convincente argumento geológico: proponían perforar en un área con casi las mismas características que las cercanas aguas egipcias donde se habían hecho hallazgos. Pero los rechazaron una y otra vez,  lo que alimentó las sospechas de que los grandes grupos petroleros en Europa y Estados Unidos no querían arriesgar su relación con los países árabes para invertir en Israel. "No hay ninguna duda. Cualquiera que conozca algo sobre esta industria sabe que las principales compañías hacen abrumadoras consider aciones geopolíticas cuando deciden entrar o salir de un país", dice Tadmor. "Incluso en los mejores momentos, cuando los líderes israelíes y palestinos firmaron los acuerdos de Oslo en 1993, era muy obvio que para muchos de los grandes jugadores había consideraciones geopolíticas que nublaron su manera de aproximarse a Israel".

Las consideraciones geopolíticas han estado en el corazón de la industria petrolera y de gas casi desde el principio. Como blanco de un boicot petrolero árabe, Israel aprendió a las malas que la seguridad energética y la seguridad nacional están estrechamente entrelazadas. El país, que ya tenía problemas para asegurar el suministro, recibió otro duro golpe en 1973, cuando los productores árabes respondieron a la victoria israelí en la guerra de Yom Kippur con un embargo petrolero. Fue una medida que afectó por años la política energética nacional e inculcó en los líderes israelíes un deseo desesperado por la independencia energética.

"Una gran parte de la comunidad política en Israel se vio enormemente afectada por el boicot petrolero árabe a principios de la década de 1970", dice Brenda Shaffer, experta en política energética israelí de la Universidad de Haifa. "Hizo que las personas aquí dieran una importancia casi desproporcionada a tener capacidad energética".

Un cuarto de siglo más tarde, Tadmor y sus socios sintieron que por fin estaban cerca de alcanzar esa capacidad. Pero necesitaban el dinero y la experiencia extranjeros. Sin un socio estratégico u otras señales de progreso, Avner Oil corría el riesgo de perder sus licencias de exploración en mar abierto. Ya era hora de tomar medidas desesperadas: "Enviamos a un tipo a Houston por tres meses con una misión. Le dije: ve a Houston, abre el directorio telefónico y repasa empresa tras empresa. Llama a cada una de ellas, y tráenos un socio".

Después de tres meses, sólo dos empresas seguían en aquella lista. Ninguna parecía muy interesada, pero, de todas maneras, Tadmor viajó a Houston con su abogado. "En ese momento, el precio del petróleo era de 15 dólares por barril. Eso significaba que nadie estaba tomando decisiones agresivas para entrar en nuevos países. El ambiente era muy, muy problemático", recuerda.

De hecho, el entorno macroeconómico no fue la única señal desfavorable. Mientras su avión rodaba hacia la pista en el aeropuerto de Tel Aviv, Tadmor vio un gato negro corriendo por el pasillo. "Era una situación caótica. Las azafatas corrían detrás del gato con una manta, tratando de atraparlo. Finalmente nos dimos la vuelta, y entregaron el gato. Pero un pasajero decidió abandonar el avión. Dijo que con un gato negro en el avión, nada bueno podía suceder".

El avión regresó a la pista y comenzó a acelerar para el despegue. Entonces llegó una segunda sorpresa. "Oigo una explosión enorme: ¡uno de los motores habían explotado!", recuerda Tadmor. Fue un gran susto. Si el motor hubiera estallado en el aire, el avión se podría haber estrellado. Eso habría sido un fin prematuro tanto para Tadmor como para la esperanza israelí de encontrar gas en el Mediterráneo. "Le dije a mi abogado: ‘No sé si algo bueno saldrá de esta experiencia'. Pero todo lo que pasó tras ese viaje fue bueno".

El viaje a Houston, a pesar de sus malos presagios, produjo un acuerdo con una pequeña compañía de exploración con sede en Oklahoma llamada Samedan Oil Corporation. Samedan era muy pequeña como para preocuparse por su relación con los ministerios de petróleo de países árabes, pero suficientemente grande para expandirse en el extranjero. Después cambiaría su nombre por el de Noble Energy, y emergería junto a Avner y Delek, un conglomerado israelí, como uno de los tres competidores más importantes en el boom del gas natural en Israel (Delek después compró Avner, pero mantuvo a Tadmor a la cabeza del grupo). Hasta el día de hoy, los tres grupos controlan la mayoría de los grandes campos descubiertos en la Cuenca Levantina, y Noble tiene la mayor participación individual en campos como Leviatán, Tamar y Yam Tethys.

Los socios perforaron su primer pozo en 1999, en un campo conocido como Noa. Encontraron gas, pero la cantidad era muy pequeña. Un año después, en un campo conocido como Mari-B, descubrieron que contenía cerca de un billón de pies cúbicos de gas natural. Cuatro años más tarde, el gas comenzó a fluir a tierra firme, donde lo utilizaron para generar electricidad.

Tadmor y sus socios habían demostrado que las aguas israelíes tenían gas natural, y que estas reservas se podían explotar. Pero los descubrimientos de Yam Tethys eran apenas una prueba de lo que vendría. En enero de 2009, un consorcio que incluyó nuevamente a Noble, Delek y Avner, junto con Isramco y Alon, dos empresas israelíes, descubrieron Tamar. Al año siguiente llegó Leviatán, el hallazgo que finalmente catapultó a Israel a las grandes ligas.

El efecto político

Unos días antes de la perforación que confirmó el enorme yacimiento, Yitzhak Tshuva, el presidente de Delek y uno de los hombres más ricos del país, hizo una declaración audaz. "Éste es el poder geopolítico que Israel necesita ahora más que nunca", dijo sobre los campos de gas natural. "Israel se convertirá en un gran jugador internacional, y tendrá capacidad geopolítica con respecto a muchos países".

Una de las personas con la tarea de administrar ese poder es Uzi Landau. El ministro de Energía se esfuerza por acentuar los posibles beneficios políticos de los hallazgos no sólo para Israel, sino también para toda la región. Asegura que está dispuesto a exportar parte del gas natural del país a Jordania y los territorios palestinos: "Creemos que esto no sólo será un buen negocio, sino también muy importante para la convivencia. Eventualmente, esto ayudará a un acuerdo de paz. El gas natural también es importante para el ámbito político. Queremos desarrollar nuestras relaciones con la región".

Landau destaca que Israel ya está profundizando su relación política y económica con Chipre, que por su parte ha encontrado grandes depósitos de gas en aguas adyacentes a los descubrimientos israelíes. Incluso se habla de construir un gasoducto a Chipre, y de conectar la red eléctrica israelí a la dividida isla a través de un cable submarino.

Pero no todos están convencidos de que las riquezas naturales de Israel vayan a impulsar la integración regional. Los campos del norte, como los de Tamar y Leviatán, por ejemplo, no están lejos de la disputada línea que separa las aguas territoriales israelíes y libaneses. Hezbolá, el grupo chií libanés que es uno de los enemigos declarados de Israel, ya lo ha acusado de robar el gas libanés.

Más al sur, serpenteando a través de la península del Sinaí, está otro ejemplo de las dificultades que crea la diplomacia regional del fluido: el gasoducto que transporta el gas egipcio a Israel.

El gasoducto, en un principio una señal de amistad y cooperación, se ha convertido en un blanco del odio de muchos egipcios, que resienten venderle gas barato a Israel en un momento en que Egipto enfrenta problemas crónicos de suministro de energía. El gasoducto ha sido dinamitado al menos 14 veces en los últimos 18 meses, y el acuerdo de suministro fue cancelado de facto.

"Tendemos a pensar que los países que tienen una gran cantidad de petróleo y gas son muy poderosos. Pero si se observa con más atención, es un arma de doble filo. Los países que poseen grandes capacidades de petróleo y gas tienden a tener muchos más problemas. Tienden a involucrarse en conflictos con mayor frecuencia que otras naciones. Hay una tendencia hacia la guerra", asegura Shaffer, la analista energética de la Universidad de Haifa.

Shaffer señala que Chipre está, una vez más, enfrentado con Turquía por los recientes descubrimientos de gas natural, y que Israel podría verse arrastrado en esa disputa por cuenta de su nueva alianza. "El hallazgo de gas ya ha descongelado el conflicto chipriota. Así que Israel está viéndose envuelto en un conflicto en el que nunca antes había estado involucrado".

Pero ese tipo de enfrentamientos no son las únicas preocupaciones asociadas con el gas natural. A pesar de mostrarse encantados con los recientes descubrimientos, los funcionarios israelíes aseguran estar muy conscientes de la "maldición de los recursos" que afecta a los países con abundantes reservas, según la cual tras el hallazgo de una gran riqueza natural viene un crecimiento económico decepcionante y una erosión de la competitividad.

"Tenemos que ser muy cuidadosos para no pensar que con el gas natural allí, ya no es necesario seguir la misma dirección del pasado: concentrarse en la educación, la investigación y el desarrollo, y hacer todo lo posible para solidificar el tejido social", afirma Landau. Señala que "el liderazgo político de nuestro país es muy sensible a este problema", pero advierte que Israel tendrá que tener cuidado "para no caer en esa trampa".

De momento, los líderes israelíes pueden afirmar que su respuesta a los hallazgos ha sido medida y prudente. Han puesto un notable énfasis en la sostenibilidad y no menos en la forma en que el Estado pretende utilizar los nuevos recursos. A pesar de que pasarán años antes de que el gobierno pueda cosechar ingresos significativos por cuenta del gas, ya creó un fondo soberano de inversión para administrar parte de la nueva riqueza.

Se prevé que el fondo soberano, que sigue el modelo establecido por Noruega, alcance los 80,000 millones de dólares en 2040, y tiene como objetivo proporcionar un colchón financiero para futuras crisis. Pero parte de lo que espera usar el gobierno (unos 60,000 millones de dólares en las próximas tres décadas) fluirá directamente al presupuesto estatal para financiar proyectos de educación y reforzar la seguridad nacional.

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A un Estado como Israel, que ha pasado tantas décadas en un segundo nivel económico y sigue dependiendo del apoyo financiero de Estados Unidos, le tomará algún tiempo acostumbrarse a esta nueva abundancia. El mismo reto que enfrentan Tadmor y el puñado de empresarios que creyeron en el potencial del gas israelí mucho antes de que los primeros taladros se abrieran paso en campos como Leviatán. "Ha superado todas mis expectativas", dice Tadmor. "Así que lo que necesitamos hacer ahora es elevar mis expectativas", añade con una sonrisa.

UNA BONANZA POCO CONVENCIONAL
Nuevas fuentes de gas podrían transformar los mercados energéticos del mundo.
Incoloro, inodoro, y más ligero que el aire, puede que el gas natural no tenga mucho impacto en los sentidos, pero como fuente de calor y energía está transformando los mercados energéticos. Un auge inesperado del gas de esquisto en Estados Unidos podría propagarse a otros lugares y ampliar las reservas mundiales de gas.
El gas de esquisto —una fuente “no convencional” de metano— ha transformado el panorama energético de Estados Unidos. Al mismo tiempo, los descubrimientos de grandes reservas de gas convencional han hecho subir las reservas conocidas en el mundo. El gas es el único combustible fósil que se prevé aumente su participación en la demanda de energía en los próximos años.
El problema con el gas es que transportarlo es difícil y costoso. Debido a esos gastos, no se comporta como un commodity. Sólo un tercio se comercializa a través de las fronteras, frente a dos tercios del petróleo. Otras materias primas tienen más o menos el mismo precio en todo el mundo, pero el gas no tiene un precio global.
Las reservas mundiales han aumentado constantemente durante al menos 30 años. Hace apenas unos años parecía que al mundo sólo le quedarían unos 50 o 60 años de gas. Ahora el esquisto y otros hallazgos convencionales y no convencionales han aumentado ese periodo a 200 años o más, según algunos cálculos.
LA ENVIDIABLE ELECCIÓN DE ISRAEL
Una comisión del gobierno dio luz verde a las exportaciones de gas natural.
A medida que aumentaron las reservas conocidas de gas natural de Israel, también subió la temperatura de las discusiones sobre qué hacer con él. Algunos quieren priorizar el uso doméstico y otros favorecen exportarlo. Para resolver el debate, en octubre de 2011 el gobierno nombró un comité encabezado por un representante del Ministerio de Energía, Shaul Tzemach, que divulgó sus conclusiones en agosto. Para el deleite de las empresas de gas y el desencanto de los ambientalistas, determinó que 53% de las reservas calculadas de Israel se podría vender en el exterior. Eso equivale a unos 500,000 millones de metros cúbicos. Las conclusiones serán revisadas por un comité parlamentario, pero se espera que las apruebe.
El comité de Tzemach basó su juicio en el cálculo de que Israel tiene 950,000 millones de metros cúbicos de reservas de gas. El panel proyectó que, en los próximos 25 años, Israel usará unos 450,000 millones de metros cúbicos de gas, calculando un considerable aumento en el consumo. Concluyeron que los otros 500,000 millones de metros cúbicos se podrán exportar sin riesgos para la economía.

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