Los latinos ya decidieron

Todo indica que Barack Obama tendrá un impacto tan fuerte entre los latinos como en 2008. Los republicanos deben culparse por ello.
The Economist Intelligence Unit

"Los latinos son republicanos. Sólo que ellos no lo saben todavía", habría dicho, supuestamente, en una ocasión Ronald Reagan. Esta frase se materializó en al menos un caso: el de Susana Martínez, gobernadora latina de Nuevo México. En la convención republicana realizada en agosto, Martínez le contó a una devota multitud en horario estelar la historia de cómo ella y su marido, demócratas de toda la vida, fueron persuadidos de desertar después de una discusión durante la hora del almuerzo con dos republicanos locales.

Martínez llegó al poder en 2010, un año que también trajo al poder a un gobernador republicano latino en Nevada, a siete republicanos latinos en la Cámara de Representantes y a Marco Rubio, lo más cercano a una superestrella latina que tienen los republicanos, al Senado. Dos años después de que 67% de los latinos había votado por Barack Obama, algunos vieron esto como un renacimiento latino-republicano.

No ha durado mucho. La encuesta más reciente de Latino Decisions, una organización latina, refleja que 72% de los votantes hispanos favorecería a Obama en las próximas elecciones, junto a un lamentable 20% que lo haría por Mitt Romney (el trabajo de campo fue conducido antes de los debates). En agosto, un asesor de Romney dijo que la meta era ganar 38% del apoyo latino, pero la campaña ahora parece estar alejándose de ese objetivo.

En realidad, las victorias de 2010 de los republicanos latinos fueron resultado de una oscilación a la derecha y de las circunstancias de cada estado. Cualquier análisis en ese año debe tener en cuenta el fracaso de los republicanos en la toma de escaños del Senado en Colorado y Nevada, después que el partido nominó candidatos extremistas que motivaron a votar a los latinos que se oponen a sus políticas. La "carrera armamentista" antiinmigrante de los precandidatos presidenciales del partido, incluido Romney, parecen ser la mejor explicación de sus dificultades para ganar el apoyo latino.

 "Tonterías", dicen los funcionarios republicanos. Los empleos y la economía son la principal inquietud para los votantes latinos, como para todos los demás. Los latinos han sido duramente golpeados por la crisis económica de Estados Unidos: 9.9% está desempleado, comparado con una cifra nacional de 7.8%, y la crisis de vivienda fue más grave en estados como California, Florida y Nevada, donde vive un gran número de hispanos. La campaña de Romney usó estos  temas en su mensaje a los latinos.

Entonces, ¿por qué no está funcionando?

"La inmigración puede no ser una prioridad política para los votantes latinos", señala Clarissa Martínez, directora de Participación Ciudadana en el Consejo Nacional de La Raza, pero es posible que la forma en que los candidatos hablan del tema sea un indicador de cómo ven a la comunidad. "Puede ser un golpe de movilización muy poderoso".

Sin opción

Obama, en cuyo mandato se alcanzó un récord de deportaciones y quien no ha hecho casi nada por arreglar el sistema de inmigración, decepcionó a muchos latinos. Pero el bandazo de los republicanos hacia la derecha no les ha dejado otro lugar a donde ir. En junio, Obama dijo que su administración no deportaría a los indocumentados que llegaron a Estados Unidos cuando eran niños. Esto pudo haber sido proselitismo electoral, pero hizo que la decisión que enfrentaban los latinos fuera aún más clara.

Hace 30 años, cuando los latinos formaban 7% de la población de Estados Unidos, nada de esto hubiera importado mucho. Pero su número ha crecido tan rápidamente que cualquier candidato presidencial debe cortejar su apoyo.

Los datos duros de la población, es cierto, no se traducen directamente en poder. Hay muchos niños y no ciudadanos en las filas latinas. Una tasa de votantes relativamente baja -aunque creciente- y la sobrerrepresentación de votantes latinos en los estados no disputados -casi la mitad vive sólo en California y Texas- limitan la influencia en las elecciones presidenciales de aquellos que pueden votar.

No obstante, la inclinación demócrata de los latinos hace que los estados oscilen. El más grande es Florida, donde las inclinaciones republicanas tradicionales de los cubanos en Miami que odian a Fidel se ven contrarrestadas por las llegadas de puertorriqueños y otros, así como cubanos más jóvenes que en gran parte prefieren a los demócratas.

En el suroeste se observa un patrón diferente, donde abultadas cifras de México-estadounidenses convirtieron a Colorado y Nevada en campos de batalla. Nuevo México, alguna vez un estado de migrantes, es considerado una apuesta segura para Obama este año, a pesar de su gobernador republicano.

Colorado, Nevada, Nuevo México y Arizona -donde una buena parte de la numerosa población latina reaccionó ante una nueva ley que consideran alienta la discriminación racial- suman unos apetitosos 31 votos en el Colegio Electoral. Sin embargo, causa atracción un premio más grande. La población latina en Texas está creciendo tan rápido que los demócratas han comenzado a echar un codicioso vistazo al estado en espera del día en el que se lanzarán a conquistar sus 38 votos.

Al igual que en otros estados, la población latina en Texas es más joven, más pobre y menos educada que la población general: todas estas características se correlacionan bien con su baja participación.

Más relevante, tal vez, es el hecho de que los republicanos de Texas tienen mejores lazos con los votantes hispanos -o los ofenden menos- que sus colegas en otros estados. El partido presume varias estrellas emergentes, incluidos George P. Bush -sobrino de W., amigo de los hispanos, e hijo de Jeb, casado con una latina- y a Ted Cruz, quien  ya tiene asegurado ganar una banca en el Senado en noviembre.

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El apoyo para algún tipo de reforma migratoria es vital para los republicanos -aunque eso no significa renunciar al compromiso de aplicar seguridad más rígida en la frontera-. Y el partido debe encontrar candidatos que puedan atraer a los votantes latinos. El modelo, según Jerónimo Cortina, de la Universidad de Houston, debe ser George W. Bush, quien ganó 40% del apoyo latino en 2004 porque "sabía cómo comer tamales".

Una cuestión más compleja es que los latinos tienden a creer en un gobierno activista. Esta actitud está tan en conflicto con los principios republicanos, que Gary Segura, cofundador de Latino Decisions, piensa que incluso al mejor candidato presidencial republicano le costaría trabajo ganar el apoyo hispano.

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