Las élites extractivas

Los grupos de poder de un país pueden explicar su nivel de desarrollo. Un vistazo a las élites de México nos ayudaría a entender su estancamiento.
Luis Miguel González

¿Por qué fracasan las naciones? La cuestión es tan vieja como los grandes textos. La Ilíada, la Biblia y hasta La vida de los doce Césares, de Suetonio, se ocupan del tema. Es una especie de tradición que recurre lo mismo a argumentos religiosos, geográficos o metafísicos que militares.

Los economistas entraron a la discusión relativamente tarde, hace 400 años, pero se han esmerado por recuperar el tiempo perdido. Lo han conseguido: las explicaciones economicistas ahora dominan el paisaje cuando se trata de entender el auge y caída de los grandes imperios o el estancamiento de los otros.

Daren Acemoglu y James Robinson han forjado uno de los últimos eslabones de esta cadena. Sus nombres eran conocidos en el ámbito académico, pero desconocidos ante los grandes públicos. Esto cambió a raíz de Por qué fracasan las naciones, un libro que se ha convertido en una referencia obligada para todos los interesados en perseguir el fantasma del progreso y/o en descuartizar el cadáver de los fracasos.

Todo gran libro corre el riesgo de ser reducido a la caricatura de una de sus ideas principales. ¿Por qué fracasan las naciones? cumple a cabalidad con esa característica. De su argumentación sofisticada y llena de matices sobre el desarrollo y el subdesarrollo de las naciones hay un concepto que despunta, en parte por su simplicidad relativa: la teoría de las élites extractivas.

El rumbo de una sociedad está determinado por el comportamiento de sus élites, postulan Acemoglu y Robinson. ¿Quién puede argumentar en contra de esto? El fallecido escritor Ricardo Garibay decía: "La diferencia entre México y Francia no está en los cargadores de sus mercados, ésos son iguales en todos lados. La diferencia radica en sus clases altas. Allí es donde Francia es Francia y México deja de ser todo lo que podría ser".

Para Acemoglu y Robinson, el gran tema del desarrollo tiene que ver con las instituciones que las élites producen. Sin hacer una taxonomía detallada, hablan de dos tipos de élites: las que se reproducen a través de instituciones extractivas y las que desarrollan instituciones incluyentes. La desgracia de la Nueva España fue ser inmensamente rica en recursos minerales e incubar una élite que decidió que la explotación de los muchos por unos pocos era el estado ideal de las cosas.

Por la misma época, en otros lados, hubo élites con mayor visión. En el siglo XVII, Holanda se convirtió en una potencia mundial, gracias al desarrollo de una clase mercantil y financiera que fue capaz de desarrollar instituciones inclusivas y multiplicadoras de la riqueza: mercados de capitales, sociedades comerciales, formas de representación política y una ola de artistas y pensadores universales.

La gran aportación de Acemoglu y Robinson es, quizá, su capacidad para llamar la atención sobre la importancia de la política como mecanismo de trasmisión del proyecto de las élites. La economía importa muchísimo, pero no explica todo. Hay países que han producido muchos ricos y mucha riqueza, sin poder producir desarrollo: India, Nigeria y México, entre ellos.

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¿Por qué fracasan las naciones? es como cualquier otro libro de desarrollo, con una diferencia. Es imprescindible. Uno de los grandes trabajos que han sido traducidos al español en 2012.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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