Un largo y complejo

Sólo adoptando medidas creíbles y reformas realmente profundas se podrá salir de la crisis global. De lo contrario, el estancamiento persistirá.
Agustín Carstens

Lo que inició en 2007 como una crisis localizada en el mercado hipotecario de Estados Unidos y adquirió toda su intensidad con la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers en septiembre de 2008 nos mostró no sólo la magnitud global de esta crisis, sino sus complejos y diversos orígenes, así como la evidencia de que estamos ante un fenómeno de larga duración.

El inicio de la crisis financiera estuvo precedido por la acumulación de desbalances macroeconómicos en varias economías avanzadas, lo que se reflejó en un exceso de gasto sobre ingreso y crecientes déficit en cuenta corriente.

Entre los factores que se conjugaron para lo anterior destacan una regulación y supervisión financiera inadecuada. Esta deficiencia innegable se agravó por una conducta generalizada en los mercados que es sumamente nociva: la toma excesiva de riesgos mediante instrumentos de gran complejidad, producto de la innovación financiera, de los cuales en muchos casos no hubo una comprensión y valoración adecuada, lo cual llevó a magnificar sus beneficios y a desdeñar sus riesgos.

Esto condujo a niveles elevados de endeudamiento y a una sobrevaluación en los precios de ciertos activos, principalmente en el sector inmobiliario. A su vez, los mayores precios de la vivienda contribuyeron a un incremento en la riqueza percibida de los hogares y a una expansión sin precedente del consumo. Todo ello se dio en un entorno internacional de abundante liquidez, asociada con el exceso de ahorro sobre inversión en diversas economías emergentes, excedente que se canalizó a los mercados financieros de economías avanzadas, reforzando de esta forma un largo ciclo de tasas de interés bajas y de creciente y desmedida expansión del crédito.

En lo referente a la política fiscal, si bien los programas de estímulo apoyaron la actividad económica, también propiciaron de forma perversa la ampliación de desequilibrios.

El margen de maniobra para implementar medidas adicionales de estímulo fiscal se redujo significativamente. En cuanto a la política monetaria, diversos bancos centrales de economías avanzadas redujeron las tasas de política a niveles cercanos a cero y proporcionaron abundante liquidez. Además, algunas autoridades monetarias adoptaron medidas no convencionales mediante el cambio en la composición y la expansión de sus hojas de balance, que ayudaron a destrabar y estabilizar mercados financieros.

En economías avanzadas como la de Estados Unidos aún persisten un elevado desempleo y niveles altos de endeudamiento. Asimismo, en la zona del euro, ante los desequilibrios fiscales y la exposición del sector bancario a la deuda soberana, surgió el riesgo de la desintegración de la misma unión monetaria y política.

¿Por dónde empezar a romper este círculo vicioso? Un punto crucial es restablecer la confianza de los agentes económicos. Para ello, es indispensable adoptar medidas creíbles para corregir los desbalances que aún persisten, lo cual significa solucionar el problema de flujos, para lo cual es imperativo consolidar las cuentas fiscales. Adicionalmente, se tiene que atender el problema de acervos asociado con niveles elevados de endeudamiento.

Para alcanzar un crecimiento elevado y sostenido de la economía global se requieren reformas estructurales profundas y un rebalanCEO de los patrones de demanda global.

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El autor es gobernador del Banco de México.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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