Más allá del arco iris

Los intereses políticos y la pobreza diluyen la esperanza de que Sudáfrica transite hacia el desarrollo económico y la prosperidad.
sudáfrica  (Foto: CNN)
Economist Intelligence Unit

El 26 de junio de 1955, 3,000 sudafricanos se reunieron en una polvorosa plaza de Kliptown, en el distrito de Soweto, un barrio negro en las afueras de Johannesburgo. Los miembros del Congreso Nacional Africano (CNA) se congregaron junto a sus aliados antiapartheid para proclamar una nueva visión del futuro. Al día siguiente, la policía desarticuló el encuentro (Nelson Mandela escapó disfrazado de lechero). Pero el sueño ya se había declarado. "El pueblo gobernará", anunciaba la Carta de la Libertad. Sudáfrica pertenecería a toda su gente, sin importar su color. Habría empleo, educación y seguridad para todos. Igualdad ante la ley.

Hoy, la plaza lleva el nombre de Walter Sisulu, un héroe del CNA y mentor de Mandela. Está rodeada de negocios, oficinas y un salón de conferencias en un hotel de lujo. Como cuna de la nueva Sudáfrica inclusiva, se convirtió en parada obligada de los turistas. Pero del otro lado del ferrocarril, se ven chozas en mal estado sobre calles de tierra. Hay letrinas comunitarias que no se usan con basura apilada dentro de ellas. En la cercanía, sobre un suelo disparejo, se tambalea un baño portátil, con su puerta trabada con un candado para protegerlo de los vándalos.

Desde que comenzó el gobierno de la mayoría negra que transformó Sudáfrica en una democracia plena, su gente ha logrado avances. Son muchos más los que ahora tienen acceso al agua potable y a la electricidad. Entre 1996 y 2010, la cantidad de personas que vivían con menos de 2 dólares pasó de 12 a 5%. Se abolió la legislación racista del apartheid. La nueva Constitución es liberal e inspiradora.

Sin embargo, en otros aspectos, Sudáfrica está en peores condiciones que en cualquier otro momento desde 1994. En agosto, la policía mató a balazos a 34 mineros en una huelga cerca de Marikana, lo cual desató numerosas huelgas ilegales en otras minas. Algunas operaciones se suspendieron. En septiembre, la agencia de crédito Moody's degradó la calificación soberana de Sudáfrica, considerando la calidad del gobierno, el creciente estrés social y el empeoramiento de las condiciones de inversión. El liderazgo del CNA está preparándose para una reelección en diciembre. El presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, se enfrenta a una posible destitución como líder del partido, lo cual le impediría ser el candidato presidencial por el CNA en las elecciones de 2014.

La contienda de la industria minera de los últimos dos meses va más allá de un reclamo por sueldos o por beneficios. Las protestas son un síntoma del profundo malestar que se ha apoderado de Sudáfrica.

Un factor del fracaso de este país es la enorme brecha entre ricos y pobres que era intencional bajo el apartheid. Desde que acabó el sistema, una pequeña minoría negra ha acumulado grandes fortunas. Pero esto sólo amplió la brecha de la riqueza. El coeficiente de Gini de Sudáfrica -un indicador de desigualdad en el cual 0 es la mayor igualdad y 1 la menor- fue de 0.63 en 2009. En 1993 era de 0.59. Después de 18 años de democracia plena, Sudáfrica es uno de los países con mayor desigualdad social del mundo.

La falla del gobierno a la hora de brindar educación a los jóvenes sudafricanos, especialmente a los negros, contribuye a la desigualdad. En el Reporte de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, la educación primaria del país ocupa la posición 132 de 144 naciones y la de la ciencia y matemáticas, la 143.

Nokubonga Ralayo, estudiante universitaria de 20 años del distrito de Khayelitsha, vecino de Ciudad del Cabo, dice que el éxito se limita a tener los medios para pagar una escuela mejor. "Es difícil escapar de sus orígenes cuando usted está creciendo", dice. Tres cuartos de los estudiantes blancos completan el último año de la escuela secundaria, pero sólo un tercio de los estudiantes negros lo logran.

Sólo 20% de las escuelas tiene biblioteca y 7.5% posee libros en sus bibliotecas. Casi la mitad de las escuelas tienen letrinas en vez de baños.

Sudáfrica necesita 25,000 nuevos maestros por año, pero sólo unos 10,000 están capacitados para la tarea docente. Los profesores de matemáticas y de ciencias son especialmente escasos. El gremio se preocupa más por proteger a sus miembros, aun a los incompetentes, que por capacitarlos.

Estas fallas significan una pérdida colosal de dinero y de talento. La educación representa una sexta parte del gasto del gobierno -más que en, por ejemplo, Ruanda, que tiene mucho mejor desempeño en los rankings-. Desde 1995 Sudáfrica ha gastado entre 5 y 7% de su PIB en educación.

Casi la mitad de los 95,000 puestos de enfermería en el sector público están vacantes, según el Instituto Sudafricano de Relaciones Raciales. Mientras tanto, las cifras oficiales de desempleo están en aproximadamente 25% y la cifra real está cerca de 40%. (En 1994, el desempleo era de un 20%). La tasa de desempleo entre la población negra es de 29%, en contraste con un 6% de desempleo para los blancos. El desempleo de los jóvenes es de más de 50%.

La escasez de talento frena el crecimiento y es sólo una de las razones por las cuales parece incoherente incluir al país entre los BRICS, con Brasil, Rusia, India y China. En septiembre, el Banco de la Reserva estimó que la tasa de crecimiento para 2012 sería de apenas 2.6%. Países como Nigeria y Angola crecieron en los últimos años cerca de 10% al año.

La punta del iceberg

Tras el importante aumento salarial conseguido por los trabajadores de Marikana, 75,000 mineros, principalmente de minas de oro y platino, entraron en huelga, ilegal en la mayoría de los casos. Anglo American Platinum, el mayor yacimiento de platino del mundo, despidió a 12,000 trabajadores. Gold One dejó sin trabajo a 1,400.

Además el problema se extendió más allá de la minería. En septiembre, 20,000 camioneros entraron en una huelga de tres semanas, que afectó la distribución de petróleo, carbón y otros productos.

El 12 de octubre se firmó un acuerdo, pero los trabajadores textiles de Newcastle, la tercera ciudad más grande de KwaZulu-Natal, están en huelga, junto con los empleados municipales de la provincia de North West.

En octubre, Gill Marcus, gobernadora del Banco Central, dijo que los últimos dos meses han afectado la reputación de Sudáfrica como un lugar para invertir. Destacó la salida de 643 millones de dólares del país por parte de inversionistas hasta el 8 de octubre. "En este momento, las perspectivas se deterioran rápidamente", dice Marcus. Mark Cutifani, director Ejecutivo de AngloGold Ashanti, el tercer productor de oro del mundo, dice que las huelgas podrían llevar a su empresa a reducir sus operaciones en Sudáfrica.

En los últimos cinco años más de 40 políticos han sido asesinados en KwaZulu-Natal, una provincia con historia de violencia política, y al menos cinco más en Mpumalanga, en el noreste del país. Los asesinatos siempre están asociados con dinero. A veces quienes alertan sobre estos crímenes son asesinados para evitar que revelen la corrupción.

En agosto, Lindiwe Mazibuko, líder parlamentario del partido de oposición Alianza Democrática (AD), acusó al CNA de crear una clase de empresarios cuya función es obtener contratos estatales usando sus conexiones con el gobierno.

La brecha entre los líderes y los ciudadanos se refleja también dentro de los gremios sudafricanos. En la conferencia anual del Congreso de Sindicatos Sudafricanos (en inglés, Cosatu) en septiembre, Zwelinzima Vavi, el jefe del Cosatu, advirtió que "los distintos estilos de vida están creando un liderazgo que no corresponde con la realidad de sus miembros".

Hasta ahora, la oposición es poca amenaza frente a la supremacía del CNA. En la elección general de 2009, un grupo escindido del CNA, el Congreso del Pueblo, ganó sólo 7% de los votos. Desde entonces ha caído, en medio de peleas internas, dificultades financieras y el regreso de algunos de sus miembros prominentes al CNA. El Partido Inkatha de la Libertad, que controlaba KwaZulu-Natal hasta 2004 cuando perdió control de la provincia a manos del CNA, se ha debilitado. En la elección de 2009 consiguió menos de 5% de los votos.

Un llamado a lo nuevo

El sólido apoyo para el CNA, que habitualmente atrae más de 60% de los votos, se debe en parte a su historia y al apoyo de los ciudadanos negros. También ayuda el hecho de que el CNA tiene más dinero que los otros partidos. Puede pagar sus viajes a los municipios en días anteriores a las elecciones y repartir paquetes de comida. Los sudafricanos pobres se han beneficiado con las ayudas sociales, la clase trabajadora, con la postura a favor del sector laboral del partido y con el poder de los sindicatos, y la clase media y más alta, de su política de "empoderamiento económico negro".

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Casi un tercio de los electores sudafricanos son ahora demasiado jóvenes para tener memoria directa de la opresión del apartheid o de las luchas populares en su contra. Su lealtad al CNA no es tan vehemente como la de sus padres o de sus abuelos.

Ralayo, la estudiante, admite estar decepcionada con el partido. "El poder cambia a las personas -dice-. Si vemos dónde estamos ahora, es difícil no sentirse decepcionado". Cree que el cambio llegará cuando los ciudadanos sientan que el gobierno dejó de ser intocable.

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