BlackRock gana influencia

El grupo financiero que dirige Larry Fink aprovecha la crisis para fortalecer sus relaciones con empresas y gobiernos.
Henry Sender y Dan McCrum / Financial Times

Alguna vez Larry Fink fue un príncipe de Wall Street. En los 80 se convirtió en el director de Gestión más joven en la historia de First Boston, donde fue pionero en el mercado de bonos para hipotecas. Podría haberle significado la corona del banco de inversión, ahora propiedad de Credit Suisse, pero en 1986 su departamento de hipotecas perdió 100 millones de dólares en un solo trimestre. Dos años después estaba fuera de la empresa.

Hoy, como titular de BlackRock -el mayor gestor de activos del mundo con 3.7 billones de dólares en activos-, Fink está en la cumbre del mundo financiero de Estados Unidos. Pero no se les ocurra sugerir que es el jefe de Wall Street. Hace mucho que Fink se define como una figura "anti-Wall Street".

"Siempre dije que no somos Wall Street. Dejamos atrás Wall Street", asegura Fink. "Tenemos un modelo de negocio distinto, que resulta ser mejor para el entorno en el cual vivimos hoy".

A diferencia de los ejecutivos de Wall Street, que en los últimos años pasaron por interrogatorios exhaustivos del Congreso e investigaciones del gobierno, Fink tiene una buena relación con la administración Obama.

En realidad Fink -un demócrata- no mantiene en secreto su deseo de integrarse a la segunda administración de Obama, cuyo gabinete no se anunciaba al cierre de esta edición. Ya sea que obtenga o no el trabajo, su deseo de un cargo en el Tesoro es una señal de que Fink, de 60 años, está analizando sus próximos pasos.

Pero si él se encuentra en un punto de inflexión personal, lo mismo está sucediendo con su empresa. En primer lugar, el tamaño y el poder de BlackRock no han recibido demasiada atención del público y de los entes reguladores, pero esto podría cambiar. Algunos analistas sospechan que BlackRock pasará a ser una "institución financiera de importancia sistémica", designación que conlleva determinados requisitos de capital y un mayor control regulatorio. Y en segundo lugar, después de un periodo de rápida expansión, marcado por una serie de adquisiciones, muchos inversionistas piensan que la tasa de crecimiento de la firma va a desacelerarse.

Ante la primera incertidumbre, BlackRock responde que, como gestor de activos, su modelo de negocio es fundamentalmente diferente del de los bancos -y más seguro-. Sin embargo, en estos momentos los entes reguladores están considerando si las instituciones de gestión de activos, como BlackRock, deberían incluirse o no entre las instituciones de importancia sistémica.

BlackRock trata de despejar la segunda duda intentando ingresar a nuevos negocios y, de manera más controversial, buscando restringir el flujo de transacciones de Wall Street creando un mercado de valores interno).

Habiendo iniciado su vida como "el gorila de los bonos", según Fink, la empresa es ahora una potencia en el manejo de acciones. Y BlackRock también está haciendo importantes desarrollos en estrategias alternativas. "Podemos competir con cualquier empresa de capital privado. Ofrecemos la misma economía y el mejor flujo de información", dice.

Las ventajas de ser grande

Como no adquirió deudas durante los años de la burbuja del crédito, BlackRock pudo comprar activos de vendedores reacios, entre ellos, Merrill Lynch y Barclays. En el proceso adquirió el brazo de gestión de activos de Merrill y Barclays Global Investors.

Aun así, los inversionistas en acciones de BlackRock son cautelosos en cuanto a su capacidad para expandir su inmensa base de activos. "La ley de los grandes números les juega en contra", dice Marc Irizarry, analista de Goldman Sachs.

Fink y Rob Kapito, el segundo en la empresa, han escuchado este argumento anteriormente y no concuerdan con la idea de que BlackRock es una firma demasiado grande para dirigir. "El tamaño es una virtud", dice Fink. "Nuestro desempeño ha cambiado notablemente. Hacía más de cinco años que no me sentía tan confiado del rumbo de nuestro negocio".

Kapito también está dispuesto a rebatir la idea de que BlackRock está enfrentándose a Wall Street. "La oferta a los clientes y la posibilidad de comercializar entre sí sin diferencial de precio de oferta y demanda no es para hacer a un lado a Wall Street", dice. "Es sólo otra alternativa. Estamos ayudando a mantener el mercado a mejores niveles para los clientes".

Además del tamaño de su negocio, hay otras medidas de la influencia creciente de BlackRock. Fink entra y sale de las oficinas de la élite financiera y política mundial con toda facilidad. Hace poco contrató al ex gobernador del Banco Nacional Suizo, Philip Hildebrand, para mantener felices a sus clientes más importantes.

Cuando el gobierno de Estados Unidos necesitó ayuda para reducir su libro de hipotecas tóxicas de AIG, la Reserva Federal otorgó el lucrativo contrato a BlackRock sin buscar otras ofertas.

El equipo de BlackRock reunido para este proyecto -el cual produjo ganancias para los contribuyentes estadounidenses-formó un grupo que ahora asesora a los gobiernos de toda Europa.

Jim Millstein, ex funcionario del Tesoro, que supervisó la reducción de la cartera de AIG, dice que BlackRock fue elegido para esta tarea porque tenía "pocos enredos" -a diferencia de la mayoría de las empresas de Wall Street-. "Era la firma menos conflictiva y mejor preparada", dice. "Tenía un modelo robusto".

BlackRock es también la mayor tenedora de acciones de muchas empresas. Cuando Stuart Gulliver asumió como director ejecutivo de HSBC en enero de 2011, una de las primeras cosas que hizo fue volar a Nueva York a pedir el apoyo de Fink.

El poder de la empresa también está en las relaciones de Fink con algunos de los fondos colectivos de dinero más grandes del mundo, especialmente con los fondos de riqueza soberana de Asia y de Oriente Medio. Cuando fracasó uno de los financiamientos para la adquisición de BGI, consiguió miles de millones de dólares para el acuerdo en 24 horas de los fondos de China, Kuwait y Singapur.

Cuando Fink se fue de First Boston para establecer BlackRock Financial Management en 1988 -creándolo bajo la empresa de fondos de inversión privado y de inversiones alternativas Blackstone- debió haber sido difícil imaginar que algún día su propio negocio superaría con creces a su antiguo empleador.

Hoy, Steve Schwarzman, uno de los fundadores de Blackstone, dice que uno de los errores más grandes que cometió fue dejar ir a Fink (dado que Blackstone tenía originalmente 100% del negocio, probablemente tenga razón).

Fink cortó relaciones con Blackstone en 1995 y luego vendió una participación por 230 mdd a PNC, que ha ganado unos 8,000 mdd a partir de esa inversión inicial. "Ellos nos permitieron evolucionar cuando Blackstone no nos lo permitía", recuerda Fink. La empresa empezó a cotizar en la Bolsa en 1999 y PNC sigue manteniendo una participación de 20%.

Uno de los momentos definitivos en los inicios de BlackRock fue cuando General Electric (GE) le pidió a la empresa que la ayudara a cancelar los activos de Kidder Peabody, después de que la empresa de Wall Street -adquirida por ge en 1986- colapsara en 1994. Ésta fue la primera vez que BlackRock aplicaba su propia tecnología en nombre de un cliente. Hoy, el negocio de soluciones de BlackRock (BlackRock Solutions) que usa tecnología compleja para evaluar los riesgos de las cartera se ha convertido en un elemento central de la empresa y en un inmenso factor diferencial con respecto a otras firmas.

La nueva era

Sólo cuatro miembros de la generación de fundadores siguen en la empresa. Susan Wagner, por muchos años el álter ego de Fink, se retiró este año pero sigue siendo miembro del consejo directivo. Con la salida de la vieja guardia, Fink realizó grandes cambios en los cargos más importantes de la empresa. Richard Kushel fue designado vice director de Operaciones, con lo cual, especulan algunos, tiene ventaja sobre otros candidatos para acceder a los cargos de mayor responsabilidad de la compañía.

Kushel está a cargo de lo que la empresa llama su grupo de gestión de productos estratégicos.

Detrás de él están algunas estrellas en ascenso, como Mark Wiedman, actual responsable de iShares, el negocio de fondos cotizados o ETF, y Mark McCombe, que viene de HSBC y que fue contratado por Fink para dirigir BlackRock en Asia.

Además de Hildebrand, Fink ha incorporado a otros ejecutivos de alto perfil de fuera de la empresa como Kendrick Wilson, ex funcionario del Tesoro de Estados Unidos.

En momentos en los que sueña, Fink podría desear que algún día, luego de dejar el cargo en el Tesoro, Timothy Geithner piense en unirse a Black-Rock. Pero Fink sabe que cualquier plática con respecto a este tema mientras Geithner esté en su cargo actual sería inapropiada.

Mientras tanto, Fink está cada vez más activo intentando estructurar el debate político en Washington, independientemente de si se une o no a la administración Obama. Por ejemplo, instó públicamente al Congreso a resolver su confrontación con respecto al precipicio fiscal.

Tener más influencia en Washington claramente encaja con el discurso de BlackRock de ayudar a los inversionistas a enfrentar la falta de ganancias en el mundo.

Hace unas semanas, Fink viajó a la costa oeste de Estados Unidos para hablar con dos grandes fondos de pensión de California, Calpers y Calstrs, sobre la necesidad de enfocarse en los activos que poseen y los tipos de pasivos que tendrán que pagar más adelante.

Fink está preocupado porque muchos fondos corporativos de pensión están haciendo cosas basadas en razones contables más que en sólidos fundamentos económicos.

Fink se unió a la pelea sobre  los impuestos a los estadounidenses más ricos, afirmando que debería elevarse la baja tasa de interés en las ganancias de las empresas de capital privado, la llamada tasa de "interés devengado".

Si bien Fink y Kapito debatieron la sucesión con el consejo directivo de la empresa a partir de 2005, cuando comenzó a alejarse la primera generación de fundadores y han hablado de posibles candidatos, todavía no existe un heredero claro.

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"Será un gran momento  para mí cuando vea que la empresa funciona mejor sin mí que conmigo", dice Fink. "Ésa es la diferencia entre ser uno de los fundadores o ser el CEO".

BlacKRock tiene participación en empresas importantes a nivel global, como Telefónica, Repsol y Gamesa. Carlos Slim es accionista de la compañía desde 2010.

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