El MBA del futuro

¿Qué rol jugarán las escuelas de negocios que educarán a los primeros mexicanos que nacieron conectados a internet y que nunca sufrieron una crisis económica?
Los editores

Las escuelas de negocios escuchan a sus clientes. Eso explica los cambios que hemos observado en los últimos años. Por ejemplo, después de la crisis financiera algunos programas le dieron más peso al aspecto ético, algo que para muchos había sido la causa del desastre financiero de 2008. Otro ejemplo sucedió cuando las empresas dejaron de pagar tantas matrículas como solían hacerlo, también como consecuencia de la crisis. Las escuelas buscaron nuevas formas para financiar los estudios de sus candidatos.

La flexibilidad que este año vemos en los programas también es consecuencia de lo que están pidiendo los estudiantes de este posgrado. Los factores son múltiples. Por un lado, cada vez más empresas que patrocinan los MBA de sus trabajadores prefieren tenerlos en activo. Otra razón es que quienes deciden estudiar una maestría son emprendedores que no pueden dejar de manejar su negocio. La edad promedio de los estudiantes (30 años) también es un motivo, pues muchos entran a las aulas con una familia y una hipoteca por pagar.

La mayoría de los testimonios que publicamos en esta edición muestran las ventajas de los programas con esas características, los cuales permiten mantenerse activo en una empresa y, por lo tanto, que el estudiante genere un ingreso. Otra ventaja es que los alumnos pueden poner en acción de inmediato las lecciones aprendidas en clase. Y la hiperactividad que genera este tipo de dinámicas le da un ritmo vertiginoso a la vida de quien cursa un MBA, algo que muchos jóvenes también valoran.

A cambio, los estudiantes dejan de tener el tiempo para reflexionar más profundamente sobre aspectos que no necesariamente tienen una implementación inmediata en sus empresas. El menor tiempo que le dedican a su trabajo les puede generar una angustia que afecte su rendimiento como estudiantes y, de paso, deteriore su balance de vida.

La tecnología permite cada vez más que los alumnos no tengan que estar dentro de un salón de clases para aprender casi lo que sea y las escuelas de negocios son las que mejor entienden y aprovechan este fenómeno. Están formando un acervo de experiencias que sería muy interesante documentar y luego analizar en busca de nuevas formas de enseñar, más eficientes y económicas que las que actualmente se utilizan en la educación.

Lo que nos parece importante es que los ‘cómos' no sustituyan en importancia los ‘qués'. Y a nivel de necesidades de las empresas mexicanas que pueden ser cubiertas por las escuelas de negocios, aún hay muchos ‘qués' por definir.

Un cambio fundamental es que se viene una generación de directivos  mexicanos, los que hoy están saliendo de la universidad, que nunca han sufrido una crisis como las que azotaron la economía del país por más de 30 años. Son jóvenes que nacieron cuando internet ya existía y para quienes las comunicaciones móviles son cosa de todos los días. Su visión del mundo y su tolerancia al riesgo seguramente van a transformar a las empresas mexicanas.

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¿Cuál es el papel que debe jugar una escuela de negocios para esta generación? Seguramente será uno muy distinto al que juega educando a directivos que vivieron devaluaciones del peso y un México cerrado comercialmente que, entre otras cosas,  no fomentaba la competencia. Ésa es una discusión que tenemos pendiente.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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