Amante de los golpes

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libro antifragile  (Foto: Manuel Riestra)
Hernán Iglesias Illa

Algunas organizaciones se benefician con los shocks. Brillan y crecen cuando están expuestas a la volatilidad, la aleatoriedad y el desorden. Aman la aventura, el riesgo y la incertidumbre. Sin embargo, no hay una palabra para describirlas que signifique exactamente lo opuesto de frágil. "Llamémoslo antifrágil", sugiere Nassim Taleb en el prólogo de su nuevo libro, organizado alrededor de este concepto acuñado por él mismo.

Antifrágil es más que resiliencia o robustez. Lo resiliente resiste los shocks pero se mantiene igual, algo antifrágil mejora con cada golpe. Esta propiedad, la antifragilidad, está presente en todo aquello que ha cambiado con el tiempo, dice Taleb: la evolución, la cultura, las ideas, las revoluciones, los sistemas políticos y las innovaciones tecnológicas, entre otros. "Cualquier cosa que tiene más para ganar que para perder ante un evento aleatorio (o ciertos golpes) es antifrágil", define en el libro. "Lo contrario es frágil".

Nassim Taleb, nacido en el Líbano y residente de Estados Unidos, es un personaje bastante peculiar en el mundo de las ideas y las finanzas. Exitoso trader de un fondo de inversión hasta mediados de los años 90, se ha dedicado desde entonces a estudiar el mundo de las probabilidades y a publicar libros sobre cómo el resto del mundo -especialmente el mercado financiero, los economistas y los periodistas- no tiene la menor idea de cómo funcionan los mercados y la sociedad en general. Antes de Antifragile, publicó El cisne negro, en el que advertía sobre lo mal preparadas que están nuestras sociedades para eventos infrecuentes pero catastróficos, como la crisis financiera.

Su nuevo libro es un intento de expandir esta idea a su visión del mundo. Para Taleb, los países de Occidente se han esforzado tanto por suprimir el desorden y la volatilidad que han fragilizado la economía, la salud, la vida política, la educación, "casi todo".

Taleb es poco piadoso: a los esfuerzos centralizadores y las soluciones tomadas desde cúpulas los llama "el complejo Soviet-Harvard" y los acusa de ser como los padres neuróticos y sobreprotectores. Mientras más tratan de ayudar, más daño hacen. Se inventa otra palabra, ‘fragilista': "Alguien que causa fragilidad porque cree que entiende lo que está pasando". El fragilista (un médico, un economista, un planificador urbano) toma decisiones cuyos beneficios son pequeños y visibles, pero sus efectos colaterales son invisibles y potencialmente terribles.

La base es la sencillez

Un sistema complejo, al revés de lo que muchas personas creen, no requiere un sistema complejo de regulaciones. "Cuánto más simple, mejor", dice Taleb. Cada acción provoca una cadena de efectos no anticipados. Por la opacidad en la que vivimos, cada intervención genera consecuencias impredecibles y después otra acción para corregir la anterior, cada una peor que la previa. Y sin embargo, la sencillez es difícil de aplicar en los negocios y en la vida moderna, porque va en contra del espíritu de cierto tipo de personas que buscan ser complicadas para justificar sus empleos. "Lo que propongo -explica el autor- es una hoja de ruta para modificar nuestros sistemas creados por los humanos y dejar que lo simple y lo natural recupere su curso".

Lo frágil odia la volatilidad. Lo antifrágil triunfa gracias a ella. El tiempo es una fuente principal de volatilidad: más tiempo, más "eventos", más desorden. Las instituciones que han logrado resistir el tiempo son antifrágiles y eso normalmente significa que lograrán seguir resistiendo en el futuro. Es más fácil predecir la vigencia futura de un libro publicado hace 200 años que la de uno que salió hace cinco años.

¿Cómo vivir entonces en un mundo impredecible, aleatorio y que casi no entendemos?

 Una de las estrategias que recomienda Taleb es el método de la mancuerna, las viejas pesas de gimnasio con una bola a cada lado de una barra. La haltera es una estrategia dual, una combinación de dos extremos, uno muy seguro y otro muy arriesgado, que se convierte en más robusta que una estrategia de riesgo medio.

En finanzas, por ejemplo, esto significa invertir casi todo el dinero en bonos superconservadores y el resto, en operaciones arriesgadas que puedan tener, eventualmente, una gran recompensa. La idea es, al mismo tiempo, evitar una catástrofe y estar abierto a las oportunidades.

En una organización, alguien puede conseguir antifragilidad a costa de los otros. Un gerente que no es el dueño de la empresa a menudo marca una estrategia que cosméticamente parece sólida pero que esconde beneficios para él y lo hacen antifrágil a expensas (de la fragilidad) de los verdaderos dueños de la compañía. Cuando el gerente acierta, recoge amplios beneficios. Cuando se equivoca, otros pagan el precio. Este problema, dice Taleb, también afecta a políticos y académicos.

"Si estás vivo, algo en lo profundo de tu alma quiere una cierta cantidad de aleatoriedad y desorden", escribe. Los pequeños incendios forestales limpian periódicamente el sistema del material más inflamable e impiden que se acumule.

Prevenir sistemáticamente los incendios forestales para "hacer los bosques más seguros" sólo consigue empeorar las cosas, porque el próximo incendio será devastador. Este ejemplo puede ser trasladado a otras esferas: pequeñas correcciones ayudan a fortalecer un mercado. El problema de suprimir la volatilidad de un sistema no es sólo fragilizarlo, sino también que, hasta un minuto antes del desastre, no muestra riesgos visibles.

¿Cómo innovar?, se pregunta Taleb. Metiéndose uno en problemas, serios pero no terminales. "Estoy convencido de que la innovación y la sofisticación parten de situaciones iniciales de necesidad y después van mucho más allá de la satisfacción de esa necesidad", dice el libro. El secreto del éxito de Estados Unidos no es su educación ni su mercado, sino su sistema que avanza por ensayo y error y donde no se castiga al que fracasa. Taleb es un gran defensor de los emprendedores, personas que, a diferencia de los economistas y los académicos, sí toman riesgos en sus vidas. Aquel que nunca ha pecado es menos confiable que alguien que sí lo ha hecho, de la misma manera que un emprendedor que ha cometido errores -pero siempre errores distintos- es más confiable que alguien que no se ha equivocado nunca.

"Deberíamos tratar a los emprendedores en bancarrota con el mismo honor que a los soldados caídos en batalla", escribe el autor. "Quizás no con el mismo honor, pero sí con la misma lógica". Lo que Taleb quiere decir es que la sabiduría para tomar decisiones es mucho más importante -no sólo en la práctica, sino también filosóficamente- que el conocimiento.

Antifragile no es un libro fácil de resumir, porque Taleb salta de un tema a otro, mezclando anécdotas con ensayos con discusiones filosóficas, a veces dejando algunos temas sin terminar. Para un tipo que ama el caos y quiere que amemos el caos, es un libro ideal: caótico y desordenado pero vibrante y profundo. "Mis textos no son ensayos independientes sobre temas específicos, con principios, fines y fechas de expiración -explica-. En cambio, son capítulos derivados de una idea central, un corpus centrado en la incerteza, la aleatoriedad, la probabilidad, el desorden y qué hacer en un mundo que no comprendemos".

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Dice Taleb que Antifragile es un libro tan particular que "alguien en la industria de resumir libros debería dedicarle cuatro o cinco artículos distintos". Algo de razón tiene. El libro desborda información y detalles jugosos. Pero este cronista cree que lo central de Antifragile sí puede ser resumido en un texto. Como éste.

Antifragile: Things hat Gain from Disorder (‘Antifrágil: Cosas que se benefician del desorden’), Nassim Taleb. 517 páginas, 18 dólares en Amazon.

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