Hoja de ruta

México tiene un nuevo brillo y Barack Obama lo sabe. La próxima visita del presidente de Estados Unidos puede dar un giro a la relación entre ambos países.
Amy Glover

La visita a México del recién reelecto presidente Barack Obama es una clara muestra de la creciente relevancia que tiene el país fuera de sus fronteras. México vive un momento sumamente positivo en la prensa extranjera y en las salas de conferencias de Washington y Nueva York, donde se analizan los detalles de la ambiciosa agenda de reformas que se propone el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. Ni Obama ni su nuevo secretario de Estado, John Kerry, están muy familiarizados con México. Por lo mismo, esta visita ofrece una oportunidad de fijar la agenda bilateral y de allí no quitar el dedo del renglón.

Es difícil creer que en tan poco tiempo se dio un giro de 180 grados en la imagen de México. Ahora el riesgo es más bien cumplir con las altas expectativas. A pesar de que la violencia relacionada con el narcotráfico seguirá siendo un reto, la estabilidad macroeconómica del país y el favorable clima de negocios han ubicado a México en la primera plana por razones positivas. Con una mayor flexibilización de la economía -la reforma laboral ayudará- y una mayor competencia en áreas clave para la competitividad, como son la educación, las telecomunicaciones y el sector energético, México podría empezar a crecer a una tasa anual cercana a 6% en los próximos años. Sin duda, desde el exterior, México ha remplazado a Brasil como la mayor promesa de América Latina.

Para revitalizar la agenda bilateral con Estados Unidos será importante que México tome el liderazgo tanto para proponer los temas prioritarios como para asegurar que no se pierda el impulso hacia adelante. La Casa Blanca reconoce que no ha prestado suficiente atención al creciente poder económico de América Latina, pero, probablemente, los múltiples focos rojos a nivel global -Irán, Corea del Norte, Afganistán- volverán a distraer su atención.

Por lo mismo, México tiene que seguir enfatizando su gran poder estratégico en materia económica y comercial y guiar la agenda. La entrada de México y Canadá a las negociaciones del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) ofrece una clara oportunidad de profundizar la integración económica de América del Norte y, eventualmente, forjar estrategias conjuntas para acceder a los mercados asiáticos.

Además de los temas a tratar con Obama en el ámbito económico, el encuentro será el momento perfecto para comunicar el interés que tiene México en sumarse a la futura negociación comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea. El sector privado estadounidense apoyará a México con esta idea, dada la integración que ya hay en los procesos de producción a nivel regional. Hoy en día, 40% del contenido de las exportaciones mexicanas proviene de Estados Unidos y México es el segundo mercado más importante para las exportaciones de su vecino.

Obama repetirá su intención de pasar una reforma migratoria. A pesar de la amarga relación que tiene el presidente con el Congreso dominado por la oposición en la cámara baja, los astros políticos por fin parecen estar alineados para avanzar en esta materia. El Partido Republicano ya se dio cuenta de que no puede bloquear la reforma migratoria, ya que es la única manera de limar asperezas con la comunidad hispana. Dada la creciente importancia del voto latino, su capacidad de ganar elecciones nacionales en el futuro depende de ello.

Este encuentro entre mandatarios en territorio mexicano será importante porque fijará el mapa a seguir para los próximos años. Por fin el tema prioritario no será seguridad, sino cómo potenciar las oportunidades económicas en beneficio de ambos países.

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La autora es asesora senior de McLarty Associates en Washington, DC.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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